Review Once Upon A Time: Skin Deep

Un porcentaje bastante alarmante de la población vive obsesionado por la apariencia externa propia y ajena. No es esto un problema de la sociedad actual solamente, pues ciertos cuentos son la mejor prueba de que la superficialidad siempre ha estado presente aunque ahora se haya llevado al extremo. Hay una realidad, y es que,  lejos del pensamiento común y lo que dictan los malditos y absurdos cánones, todo el mundo es susceptible de ser amado… o de no serlo. Diga lo que diga el color de nuestros ojos y la talla de nuestra ropa. Once Upon A Time ha vuelto pisando fuerte con un episodio redondo, Skin Deep, donde se nos cuenta una de las más famosas historias sobre amores que no pueden ocurrir a ojos de los demás, pero existen. Pasen y vean, pues ahí, en el interior, es donde se halla la verdadera esencia.

Sé que muchos no estaréis de acuerdo, pero para mí, este ha sido el mejor episodio de la serie hasta el día de hoy, y con diferencia. Un episodio magnífico, brillante, con una historia bien contada que ya, de paso, bucea en el alma del que es mi personaje favorito, ayudándonos a despejar la incógnita y llamando a gritos a la piedad. Sólo tengo dos cosas en contra de Skin Deep. La primera, es el número de veces que se habla de San Valentín y todo el rollo neorromántico. Bueno, en realidad tampoco se menciona tanto, pero yo nací exagerada y para el caso me parecen muchas. El segundo “pero”, viene a cargo de la escena de pedida de matrimonio a la Cenicienta particular de Storybrook. Una pedida poco creíble, forzada y más inverosímil que todos los cuentos del libro de Henry. Pero aparquemos esto. De hecho, olvidémonos de esto. Ni es importante, ni ha conseguido quitarme el buenísimo sabor de boca que me ha dejado el capítulo. Por cosas como ésta me enamoré de la serie y sigo con ella a pesar de los sempiternos azucarillos.

Esta semana el tren de los cuentos nos ha regalado un pasaje a La bella y la bestia. Con una bella muy bella, un Gastón muy superficial, un padre regordete, y una bestia conocida y amada por los seguidores de la serie. Un acierto la elección de la actriz, ahora que lo menciono. Lo cierto es que nunca he sentido predilección alguna por Emilie de Ravin, ya que la joven Claire era uno de los personajes de Lost a los que nunca llegué a querer. Sé que tenía muchos amigos en esta web, pero a mí me sacaba de mis casillas continuamente. Sin embargo, creo que en esta ocasión lo ha bordado. No imagino mejor Bella, la verdad sea dicha. Creo que el papel le va que ni pintado y además estaba preciosa en ese atuendo tan fiel a la conocidísima versión de Disney. ¿Y qué decir de la bestia? Pues que me ha sorprendido que, lejos de tener que cepillarse todo el cuerpo y trenzarse la barba por las mañanas, sea el mismísimo Rumpelstinskin quien ha robado el corazón de joven. Me repito. No imagino mejor “bestia” y el personaje pedía hace tiempo una historia de desencanto sentimental.

Un trato es un trato, y este extraño personajillo vive de ellos. Alguien que se encargue de servirlo, un eufemismo a la hora de pedir una prisionera, nada más y nada menos. Y Bella decide ir, como una heroína de cuento, porque en realidad no quiere casarse con el hombre que le han asignado por conveniencia y tampoco tiene tanto que perder. Gastón es alguien demasiado superficial para ella y Rumpelstinskin es un corazón durmiendo en las profundidades por culpa de los daños causados en el pasado. Difícil de mirar por su condición de Señor Oscuro, de aspecto sobrenatural, pero susceptible de ser amado aunque intente convencerse de lo contrario. Y es esto precisamente lo que lo lleva a perder a Bella, esa inseguridad y esa cobardía que lo han acompañado siempre, la misma inseguridad y la misma cobardía que lo llevaron a convertirse en lo que ahora es. Porque Bella lo ama, porque Bella no se siente tan prisionera como esperaba sentirse, porque quiere conocerlo y cree que no debe huir de la luz y cubrir los espejos.

Parece una oportunidad que nadie desaprovecharía. Ningún cautivo volvería si su amo lo invitara a escapar. Más una prueba que otra cosa. Lana para su rueca, que es lo único que Rumpelstinskin sabe hacer como bestia y hombre. Y Bella no lo sabe, pero acaba de encandilarla con su mismísimo prometido, convertido en rosa. Porque alguien como Gastón sólo podía desaparecer como algo bello y efímero.

Lo que más me gusta de un viaje es que suele representar un cambio. Nunca se vuelve a casa siendo el mismo que se marchó. Siempre hay un cambio, en mayor o menor medida. A Bella este pequeño viaje a la ciudad le ha supuesto mucho más que un cambio. Le ha supuesto estar en medio de una lucha por el poder que no terminará nunca mientras la reina siga teniendo sus manzanas envenenadas y Rumpel siga comprando el alma de los que codician una vida mejor. Bella sigue conservando cierta inocencia, por eso no reconoce la maldad al mirar a los ojos a la mujer que la convencerá para que retroceda y bese a su amo. Porque “todo hechizo se puede romper”.

Como dije anteriormente, es precisamente la inseguridad y la cobardía del personaje lo que hacen que esta historia de amor no sea posible. Bella no se entretiene mucho a la hora de comprobar si lo que dice la reina es cierto. Hay un beso, real, verdadero. Y por un momento Rumpelstinskin empieza a parecer más humano. Sin embargo, a sus ojos, esto no es más que una debilidad, y enseguida se da cuenta de que Bella ha visto a su malvada majestad y, convencido de que “nadie puede amarme” decide que todo es una trampa y la mujer a la que ama se marcha para siempre. No sin antes recordarle que es un cobarde y que, acabará arrepintiéndose durante el resto de sus días. No sabe cuán cierta es sentencia… no lo sabe. Porque la bestia sufrirá y guardará la tacita a la que Bella hizo una muesca para siempre. Como el más preciado de los tesoros. Y hablando de la tacita, creo que es un detalle más que encantador porque… bueno, pensé que en cualquier momento iba a hablar con voz de niño y su dueño la llamaría Chip.

¿Está muerta la Bella del cuento? Pues me inclino a pensar que no. Ya sabemos lo que Regina ha hecho con ella en la otra realidad, así que lo más probable es que la tenga encerrada en la torre de algún castillo en tierras que no aparecen en los mapas.

Esta semana hemos vivido en Storybrook momentos de todo tipo. Rupturas, propuestas de matrimonio, reencuentros, detenciones, palizas, y lo más importante de todo, revelaciones del tamaño de una catedral. Me guardaré esto último para el final porque, madre mía, qué escena. Qué actores, y qué personajes. Lo mejor de Once Upon A Time se mire como se mire.

San Valentín también llega a ese pueblecito encantador donde nada es lo que parece. Mr. Gold guarda un secreto, de esos que oscurecen el corazón y cambian la vida. De esos que impiden que las cosas vuelvan a poseer un halo mágico. Mr. Gold, el solitario poseedor de de Storybrook, amó a alguien y lo perdió. Culpa a su padre por dejarla morir y la herida no se cerrará nunca. Lo que no sospecha es que, en realidad, el hospital es una fortaleza escondida donde, sin piedad, se encuentra encerrado el amor de su vida. Regina, Regina, Regina… El trabajo de Lana Parrilla es espectacular. Es una mala de bandera. Nada de una maldad vulgar y simple.

Y llegados  este punto voy a tener que hablar de ellos porque, estar ahí, están. Y porque esta semana sí me han convencido. Nada de falsos idilios en la situación en la que están. No es el tiempo de Mary Margaret y David. Lo será algún día, pero ahora no puede ser y todos conocemos los motivos. Es el día de los corazones rojos y las tarjetas baratas, y el aspirante a príncipe azul tiene nada menos que dos Valentinas. He de decir que verlo comprar dos tarjetitas ha sido ya el colmo. Cada paso que da hace que la poca predilección que siento por él siga disminuyendo hasta el infinito (y más allá). El discursito de Mr. Gold sólo simplifica la opinión del espectador, y así no se hacen las cosas. La situación es complicada y hasta cierto punto es de entender que esté viviendo mil sensaciones laberínticas, pero esa no es la manera y, mientras no se aclare y averigüe quién es realmente, lo mejor es que no se lleve ningún corazón roto por el camino. Y no podía ser de otra manera, si cuando le entrega a M. Margaret la tarjeta llegan a irse juntos, juro que lanzo un zapato al monitor. Pero no, se equivoca de tarjeta y todo se vuelve transparente como el agua. “Feliz San Valentín”, con amargura, con ironía, porque de eso se trata. Y éste no es el momento… habrá que encontrar un camino pero antes hay que saber dónde se encuentran los puntos cardinales.

Llegamos por fin al escenón que cierra este gran episodio. Regina consigue quedarse a solas con Mr. Gold, utilizando a su hijo (esto me ha sorprendido más de lo que debiera) como señuelo para librarse de Emma (quien ya maneja el arma y todo). La alcaldesa tiene algunos asuntos pendientes que tratar, necesita una confirmación, una señal que le indique que, en efecto, no es la única conocedora del mayor secreto de todos, y es que viven atrapados en una realidad que no es la suya donde ella lo gobierna todo y no piensa dejar que nada se le vaya de las manos sin pelear. Tiene algo que Mr. Gold quiere, un tesoro sentimental que puede no valer nada para las manos ajenas, pero que para él significa un mundo, significa que alguien fue capaz de amarlo una vez. Enorme. Y más enorme aún cuando Regina lo incita a pronunciar su nombre, y no creo que vaya a ser capaz de pronunciarlo, su nombre real, su identidad verdadera. “Dime tu nombre”, si quieres recuperar lo que es tuyo. “Rumpelstinskin”, dice, dejando bien claro que es muy consciente de que no está en su lugar, y de quién es. Así que Regina le entrega su tesoro, su tacita. “Gracias, majestad”. En serio, enorme. Duelo de dioses. Luchando por el poder. Aliados para conseguirlo.

La interpretación de Robert Carlyle sigue siendo evidentemente soberbia. Rumpelstinskin y Mr. Gold, especialmente el primero, son grandes personajes de mucha más profundidad de la que pudo esperarse el primer episodio. Crece con la serie, crece su historia, crecen sus motivos. Como crece Regina y su majestad la reina del mal.

Once Upon A Time se reafirma como serie cada semana. Si bien es cierto que debido al contraste de tramas algunos episodios agradan más a un tipo de espectador que a otro, podría decirse que se está realizando un buen trabajo con el guión, que las historias están más que bien entramadas, y que cuenta con algunas interpretaciones magníficas, además de saber mantener el misterio.

Espero que el episodio os haya gustado tanto como a mí y que lo hayáis disfrutado. Nos vemos en el cuento la semana que viene.

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