Review Once Upon A Time: Red-Handed

Que viene el lobo” es la advertencia más usada del mundo desde que los cuentos se abrieron paso. Y es que, en efecto, el lobo viene. El lobo viene en forma de examen preparado a última hora, de un trabajo mal hecho, de una relación de cualquier tipo que estamos alargando con nefastas consecuencias, de un problema de salud abandonado. Cobra mil formas pero siempre acecha en la oscuridad, con sus garras afiladas y sus colmillos sedientos de sangre. Me gustan los lobos, es sólo que les ha tocado la peor de las representaciones. Lejos de esos aullidos desgarradores, se esconden unas criaturas bellísimas de mirada intensa. Todo es culpa del cuento. Y aunque el episodio de esta semana se ha hecho esperar de lo lindo, ha valido la pena por encontrarnos cara a cara con la bestia. ¿Queréis pasar a saludarla? Tiene un poco de hambre…

Este episodio quince, como ya he comentado, era de los más esperados de la serie. El personaje de Caperucita llama muchísimo la atención por ese giro destroyer y de mujer guerrera que los guionistas han sabido darle, aunque no sea más que una extensión de la transgresión que la caperucita clásica comete al no ir directamente a casa de su abuelita. Gusta, y mucho. El episodio no me ha decepcionado en absoluto, y creo que ha ido cogiendo fuerza poco a poco, hasta dejarnos una bomba de relojería y estallar. Quiero más de esa Caperucita a la que parecen tener la intención de dejar caer en olvido otra vez.

Esta vez, el cuento nos deja constancia de una realidad mucho más dura que la propia realidad. No hay espacio para la dulzura, no hay espacio para un respiro porque nadie puede huir de lo que es, y el simple hecho de ser puede convertirse en la mayor de las prisiones. Caperucita tiene un Peter, una razón para dejarlo todo. Un Peter que, para seguir con las tradiciones familiares de siglos, no es bien recibido en la familia. Claro, que esta vez la aversión tiene un trasfondo serio y razonable, porque el joven que se ha prendado de la chica de la caperuza roja no tiene ni idea de que esa chica será su fin.

Siempre me he imaginado a  la abuelita como una anciana moderna, un poquito más tratable. No es que la señora no tenga sus razones, y tampoco es que todas abuelas del mundo se sienten delante de las puertas de sus casas con una ballesta, es simplemente que me gustaría que tratara a su nieta de otra manera. Que fuera algo más cercana. Aunque es de entender que hay circunstancias que requieren de una actitud que a veces puede hacerte parecer más de hierro que de carne y hueso. No son cuestiones puritanas, no son cuestiones tiranas cuando obliga a su nieta a pasar el día con esa caperuza roja y a no quitársela bajo ningún concepto. Una caperuza que mantiene a salvo la parte más humana de este encantador personaje. Grande, grande.

Un lobo enorme acecha a los aldeanos de nuestro encantador y a veces aterrador cuento. Es peor durante las noches de luna llena, mucho peor. Hombres y mujeres son testigos de grandes masacres al amanecer. Nieve ensangrentada, rojo sobre blanco y un dibujo de cuerpos desmembrados. Un lobo de grandes proporciones con un hambre insaciable al que Red, instada por la peor consejera del mundo, llamémosla Snow (no, ahora Margaret, no, ahora Mary) se empeña en buscar y dar caza. Porque al lobo hay que cazarlo. Porque el lobo es lo único que realmente se interpone entre esa caperuza roja y su Peter. Es algo que, simplemente, hay que hacer.

Esa búsqueda supondrá un shock doloroso, un cambio de circunstancias tremendo, un error de cálculo que costará caro. Son pisadas enormes, lo cual nos hace imaginar que la criatura es de proporciones míticas, pero, ¿cuántos lobos en el mundo llevan botas? (además del lobo metalero y violento del famoso cómic homónimo, quiero decir) ¿Cuántos lobos salen sólo las noches de luna llena? ¿Cuántos lobos se asoman a la ventana de Caperucita? Sólo uno, hemos de suponer. El pobre Peter, que no sabe quién es aunque todas las armas lo apunten. O eso nos hacen creer a nosotros, sobra decirlo. Y como uno tiene que hacer lo que tiene que hacer, Red está dispuesta a contar a su amado quién es él realmente, y por supuesto a salvarlo de todas las flechas de los cazadores, a huir, a protegerlo de lo que es. El único problema en el plan es que requerirá una coartada poco conveniente, y con el fin de que la abuelita no se dé cuenta de lo que se cuece, la chica se deshará de su capa. Y la capa escondía al verdadero yo, la identidad de esa niña que en los cuentos lleva leche y miel en una cestita.

Una escena enorme, una sorpresa bien trazada, un Peter que grita “Red! It’s me!” intentando suavizar a la bestia. Porque Caperucita no podía saberlo, pero ella es el mismo lobo que la acecha. Y tengo que lanzar un cargamento de flechas a favor de las dotes interpretativas de la actriz, porque no hay precio que haga justicia al llanto tan necesario que la posee cuando se da cuenta de quién es y de lo que ha hecho. Hay secretos que se pagan caros.

Si increíble resulta el personaje de Caperucita en el cuento, la Ruby de Storybrook tampoco se queda atrás a la hora de librar sus batallas y encontrar su lugar en el mundo. Y es que ese pueblo se le queda pequeño y quiere ver lémures. Sólo eso. No creo que el problema de Ruby sea la rebeldía típica del joven medio. Creo que va mucho más allá de eso. No es que sea una rebelde, es que necesita una liberación urgente, saber quién es. Simplemente quiere encontrarse y no se la puede culpar de ello (y menos con ese pelo tan chulo). Ya lo dice el pequeño Henry “Dale un voto de confianza, es Caperucita”.

Precisamente a cargo de la joven viene una de las cuestiones misteriosas principales del episodio. Algo pasa con David, eso está claro. Y tengo una teoría de la que hablaré más tarde. Para empezar, su mujer está muerta. Un corazón humano en un cofre, de esos que tanto le gusta a Regina coleccionar. La alcaldesa está extendiendo su plan hacia el infinito y más allá, con un poquito de ayuda de sus secuaces, suponemos. Ya lo dije la semana pasada, ninguno de los dos me cae especialmente bien (bueno, que fatal), pero creo en la inocencia de ambos, por mucho que ahora se hable de las huellas de Mary Margaret.

Después de verse envuelta en este trago tan atípico y poco agradable, no es de extrañar que la pobre Ruby prefiera volver al origen, ya con otra perspectiva, y sabiendo que, por supuesto, es capaz de mucho. Incluso de ayudar a resolver crímenes si se lo propone. Me parece este personaje tan lleno de potencial, que es una pena que la aventura le haya durado un solo capítulo. Y no sólo eso. Es que supongo que a partir del siguiente episodio volverá a quedarse en la sombra y quiero mucho más del personaje. ¿Soy la única que piensa que hace un dúo increíble con Emma?

En cuanto a David, como decía, hay algo que no me encaja. Supongo que estaréis de acuerdo conmigo en que las escenitas del bosque han sido más que sospechosas y se explican muy poquito las circunstancias. ¿Lo han drogado?, ¿es cosa de los de siempre? A saber… pero independientemente de este hecho, yo tengo una teoría que ya comenté cuando se emitió el sexto episodio y que voy a repetir. Creo que David no es Charming, sino su hermano gemelo, que en la realidad de Storybrook no murió. Eso explicaría las personalidades diferentes, explicaría por qué no recuerda quién era (lo del coma no me vale, quiero ser más retorcida) y otras cosas.

Eso es todo por esta semana, ¿quién se une a la petición de que Caperucita cobre más protagonismo en la serie? Vosotros id pensándolo, que nos vemos pronto en el cuento…

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