Review Once Upon A Time: Into the deep

“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción. Y el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Era casi inevitable que Calderón de la Barca empezara hoy la review, y es que a  veces hay que dejar que quienes lo expresan mejor hablen por nosotros. Quien diga que soñar no es una parte vital en nuestra existencia, miente. No hablo de esas ensoñaciones que se dan mientras permanecemos despiertos, que nacen de la necesidad de escapar del mundo real. Hablo de los sueños, en el más estricto sentido de la palabra. Todo el mundo ha despertado desorientado de una pesadilla, incluso en ocasiones podemos soñar algo tan doloroso que nos condicione el resto del día. Se mueve, esa realidad onírica. Y en Once Upon A Time, también. ¿Cómo ha regresado la serie tras este pequeño parón? Hablemos dentro, y que nadie se duerma…

La serie ha vuelto con un Into the deep del que podría comentar muchas cosas, quizá demasiadas. Creo que este octavo episodio ha venido cargado de tantas cosas que me han gustado, como de lo contrario. Han sido varias las veces en las que, lamentablemente, me he llevado las manos a la cabeza. No es que haya sido un mal episodio en términos generales, pero al fin y al cabo la vida está hecha de pequeños detalles que en el terreno audiovisual no dejan de ser importantes. Estos pequeños detalles pueden engrandecer algo tanto como “empequeñecerlo”, por utilizar un término, y hoy me encuentro con sensaciones muy ambiguas.

Que el escenario del sueño iba a hacer las veces de puente entre ambos mundos lo teníamos claro. Que han utilizado el recurso demasiado pronto, quizás, también. Ya comentamos esto la semana pasada como una posibilidad (o una evidencia, mejor dicho) y sabíamos que era una salida. ¿Deberían haber postergado el tema un pelín más? No lo tengo claro. Lo único que importa es que el episodio nos ha ofrecido lo que nos ha ofrecido y que, quizás, dada la rapidez con la que se ha hecho uso de este medio de comunicación, el resultado ha sido un episodio a caballo entre tres mundos que indudablemente ha tenido un encanto propio, al estar completamente centrado en esa realidad onírica que tanto juego puede dar. Muy Twin Peaks, aunque con un estilo muy distante de ésta.

Un mundo al que se accede soñando, pero un mundo real. Un mundo que existe, que es peligroso, un mundo envuelto en llamas, del que nunca se sale bien.  Es por eso que ha sido necesario (contando con la desaparición de Aurora) cambiar a los mensajeros. Bueno, por eso y porque llevábamos siete episodios sin escuchar ese “I’ll find you, I will always find you” en boca de Charming y Snow y los guionistas en su bondad absoluta habrán supuesto que lo echábamos de menos.

De este intercambio de información hablaremos en seguida, pero quiero detenerme antes en una de las cosas que más me han gustado del episodio, y es esa alianza Regina/Gold que ha dado lugar, entre otras cosas, a reunir a los cuatro jinetes del apocalipsis en una habitación. Bueno, igual me he excedido, pero no me negaréis que ha sido agradable verlos cooperar, y sobre todas las cosas, presenciar cómo Henry trata a su madre con un poquito menos de odio del habitual. He disfrutado muchísimo esa conversación sobre el uso de la magia, muchísimo. No es fácil ser Regina y no es fácil crecer como está creciendo Henry.

Muchos comentáis a menudo que echáis de menos ver a Regina como la Evil Queen, como la villana estrella. Yo no tengo esa sensación. La tendría, tal vez, de no estar casi completamente segura de que tarde o temprano ese lado oscuro tendrá que volver a imponerse por causas de fuerza mayor. Lo cierto es que tengo que reconocer que verla comportarse de forma honesta y darse cuenta del alcance de sus acciones (creo que el distanciamiento con su hijo lo está siendo todo) no hace más que confirmar la grandeza de Lana Parrilla en cualquier registro.

Otra de las cosas que tengo que reprochar al episodio, sin embargo, es el motivo de la alianza entre nuestros dos villanos. Cora es una amenaza, no es ningún secreto, pero que su hija, que ha sido para nosotros la reina del mal (dejando causas aparte) hasta el día de hoy, la tema, es algo que me descoloca. Que Regina es vulnerable ante su madre es obvio, no hay más que volver la vista al pasado y recordar todo lo que hizo. En cambio, creo que en ningún momento hay que olvidar que ha llovido un mar desde entonces, y que Regina ya no es quien era. Si bien en los últimos episodios se está llevando a cambo una redención que, casi seguro, será pasajera, la fémina es mucho más poderosa de lo que lo era en el tiempo en que expulsó a su madre a través del portal. Creo que no debería perder esa seguridad tan propia del personaje.

Volvamos ahora al encuentro entre Charming y Snow, del que quiero comentar varias cosas. Nada ha salido como ellos esperaban. Madre e hija saben que tienen que dirigirse a la celda de Rumpelstinskin, es lo único que verdaderamente se ha obtenido del encuentro. Charming, que sigue siendo más David que príncipe, con esas maneras que tanto me sacan de quicio, confiaba en que un beso de amor lo sacara de esa maldición durmiente. No ha sido posible, en cambio, ya que físicamente ninguno de los dos se encuentra allí. Y puede que la mayoría no esté de acuerdo conmigo, pero en la serie contamos con actuaciones muy buenas y otras que no lo son tanto, y la llantera final de Snow ha sido un buen ejemplo. Aprovecho para darle a la serie un pequeño tirón de orejas por algo que, si bien puede parecer poco importante, hay que ir mejorando. La serie es la que es, la historia es la que es, y en ese aspecto está todo muy buen cubierto. Y luego están los cromas. Puede que esos efectos no lo sean todo, pero a estas alturas tenemos que ponernos ya serios. Una serie de fantasía, que recrea cuentos (y que además lleva tan bien los guiones) y por lo tanto, todo tipo de escenarios, tiene que ponerse las pilas en ese aspecto. Si vas a recurrir cada vez con más frecuencia a efectos especiales, tienes que hacerlo bien. Si no, hay que hablar de otros recursos. Pero no todo va a ser negativo, ¿no os ha parecido encantador que David caiga en la maldición pinchándose el dedo con el huso de la rueca?

Movámonos ahora a ese bosque encantado que cada vez está más cubierto de desolación. No sé si detenerme siquiera en el tema de los zombies porque hay cosas que quedan bien en el entorno de Once Upon A Time y hay cosas que no. Si llega un momento en el que vamos a introducirlo todo, también llegará un momento en que queramos cubrir tantos flancos que no lleguemos a dominar ninguno.

Una de las tramas que más terminará dando qué hablar en este mundo es la relación antagónica Cora/ Hook. Que siempre son aliados contra el resto, lo sabemos. Que en realidad sólo piensan en sí mismos  y en esa dulce venganza que creen que les espera, también. Es en ese tira y afloja donde el equipo femenino puede acabar encontrando algo de ayuda. Si bien es cierto que el último acercamiento sólo ha tenido la finalidad de conseguir el corazón de Aurora y controlarla, está claro que Hook no las tiene todas consigo a la hora de confiar en alguien que se las sabe aún mejor que él, y realmente acabará necesitando de esa alianza con ellas mucho más de lo que espera.

No quiero despedirme sin reiterarme en la idea de que en términos generales no me ha parecido éste un mal episodio. He disfrutado el funcionamiento y la idea de ese mundo que nos servirá para mediar entre ambos mundos, amén de otros detalles que han merecido la pena. Sin embargo, Once Upon A Time ya no es la novata. Estamos presenciando ya su segunda temporada y a estas alturas hay pequeños detalles como los que he mencionado que simplemente hay que perfilar. No olvidemos tampoco que innovar y arriesgar son cosas buenas cuando saben llevarse. Me encanta que esta temporada difiera tanto de la anterior, que hayan sabido arriesgar y regalarnos un giro más o menos radical en la trama. Creo que hay que reconocerles que en términos generales están sabiendo hacerlo de maravilla. Sin embargo, esas innovaciones tienen un límite y no podemos sacar los pies del tiesto porque la verosimilitud nos queda en los talones. Como decía mi profesor, “Superman vuela y es verosímil porque lo crearon así. Lo aceptamos. Lo que deja de ser verosímil es el hecho de que no se despeine ni lleve la cara llena de mosquitos”. Con esto ocurre algo parecido. Aceptamos los elementos fantásticos, los mundos, el cruce de personajes. Pero introducir zombies es traspasar el límite.

¿Qué os parece a vosotros? Nos vemos en el cuento la semana que viene.


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