Review Once Upon A Time: Hat-Trick

Todos aquí estamos locos, dijo el gato. Y lo dijo antes de morir de curiosidad. Tal vez, más allá, haya un mundo que explorar donde todas nuestras fantasías, todas las cosas que imaginamos a lo largo de nuestras vidas, tengan cabida. Un mundo donde existamos de otra manera, donde las palabras no signifiquen lo mismo, donde todo tenga sentido sin tenerlo. Puede que Wonderland sea un comienzo. Puede que el miedo a crecer se aloje allí, gritándonos lo absurdas que son las cosas lógicas. No es de extrañar que este lugar tan mágico tenga su propio hueco en Once Upon A Time, que por cierto, contará con una segunda temporada. No es que no esperáramos la renovación, es que simplemente resulta grato contar con ella. ¿Os atrevéis a pasar? Yo aviso de que aquí no queda nadie cuerdo…

He de decir que en el momento en que supe que el episodio de esta semana se centraría en la obra de Carroll, me puse a dar saltitos de liebre por todas partes y el ilusiómetro estalló. Es un autor muy especial para mí, no sé las veces que me he identificado con Alicia desde mi niñez, y digamos, para resumir, que la obra juega un papel muy importante en mi vida. Quizá es por eso que Hat Trick no me ha llenado tanto como esperaba. No es culpa del episodio, en serio, creo que es magnífico, que la elección del sombrero es todo un acierto. También me ha gustado muchísimo el hecho de que le den una historia propia y los giros que se han introducido con respecto al original.

Jefferson es un sombrerero muy especial, aunque retirado del negocio, y padre de una niña preciosa llamada Grace a la que le gustan los conejos blancos de peluche y tomar el té imaginario con ellos. ¿Y qué tiene de especial este humilde habitante del cuento? Un arma secreta muy peligrosa. Un sombrero, pero no uno cualquiera. Porque si hacemos girar este sombrero tan peculiar, abriremos un portal a un lugar tan mágico como aterrador, y puede que jamás encuentres la manera de salir de él… Este lugar se llama Wonderland y se convertirá en la prisión de un hombre que sólo pretendía cuidar de su hija.

El “pero” de todas las historias siempre es el mismo. Una bruja malvada llamada Regina en cuya lista de tareas se encuentra subrayada la de joder al prójimo. Regina tiende una trampa a Jefferson, lo cual no supone ninguna sorpresa. Lo que sí se escapa a mi entendimiento es su verdadero objetivo. Siempre he defendido a la reina como la mala de bandera que es. Siempre. Pero lo que ha hecho esta semana me ha despertado mayor piedad que todo lo anterior, esta vez voy a pedir que le corten la cabeza al más puro estilo Reina de corazones. Porque el sombrerero no tiene muchas cosas, pero su hija es un tesoro y le prometió que volvería a por ella. Una promesa rota en un lugar donde las setas juegan con las leyes de la lógica.

Ahí les tenemos cruzando a través del espejo para entrar a un lugar maldito donde una oruga azul fuma opio y los verdes laberintos son trampas mortales tras los que se esconden, literalmente, los corazones. ¿Qué hacen los corazones de Regina en este mundo de locos? “¿Quién eres?”, pregunta la oruga. “Odio Wonderland”, responde el pobre Jefferson. Y es para odiarla. Si nos ponemos en su lugar, hay que odiarla. Aunque yo pagaría por ir, claro está. He de detenerme un breve instante aquí, porque la recreación del País de las maravillas… deja un tanto que desear. Comprendo que esto no es Disney, que es un episodio más de una serie en emisión y que probablemente no se cuente con presupuesto para hacer grandes cosas. Pero, por todos los dioses, ¿era necesario que la oruga se pareciera tanto a un turista gordo trasnochado en Las Vegas? Quiero hablar con el escritor. Ahora mismo.

Una de las particularidades de este Wonderland es que, si dos personas han cruzado el espejo, dos personas tienen que salir de él. Ni una más, ni una menos. Y Regina tiene claro que saldrá del brazo de un hombre, pero no del de Jefferson, sino del padre al que ella misma mató para hacerse dueña de la peor de las maldiciones. Es un tanto cruel, muy típico del villano más cotizado, matar y resucitar a su padre según le convenga. El propio sombrerero avisa de los efectos de la comida en ese lugar tan peculiar, y ella lo sabe, claro que lo sabe. Sabe que un solo trocito de esa seta en el cofre donde se esconde el corazón del anciano bastará para que vuelva a caminar por el cuento. Y ahí nos dejamos a Jefferson. Atrapado en un lugar de locos donde no volverá a ver a su hija y jamás conseguirá diseñar el sombrero mágico con el que salir de allí. Sombreros y sombreros y sombreros. ¿Por qué si Regina quemó el corazón de su padre en aquel hechizo el corazón está ahora en un cofre? A veces es mejor no hacerse preguntas, digamos que en Wonderland todo es posible y que esa es la única respuesta que se puede esperar.

Los acontecimientos en Storybrook se han apoderado de un matiz completamente surrealista y oscuro, propio de una realidad paralela, de un paréntesis en la rutina de la trama que conocemos. Jefferson sigue siendo un sombrerero en Storybrook. Un joven misterioso y atractivo, oscuro y excéntrico de manera encantadora. Un discípulo de Dorian Gray. Un joven que, por supuesto, se encarga de forzar un encontronazo con Emma para llevarla a su, por supuesto, excéntrica mansión donde ya se encuentra retenida la fugitiva Mary Margaret. Tardaremos segundos en darnos cuenta de que, en realidad, es un secuestro, y de que el té que Jefferson a dado a la Sheriff lleva alguna droga de esas que tanto gustan a los habitantes de Wonderland.

La particularidad de este joven es que, además de conservar su antiguo nombre y profesión, se sabe maldito. Sabe perfectamente que se encuentra dentro de una maldición, que es el personaje de un cuento, y sabe que Emma es la única salida que le queda… que ella es la única que puede salvarlo, sacarlo de esa prisión y ayudarlo a recuperar a su pequeña Grace, que no está donde le corresponde. Emma tiene que fabricar el sombrero que lo llevará a su lugar. Es así como, después de mucho dudar, protestar e intentar razonar con alguien que, evidentemente, le parece un loco, manipula de modo imperceptible el sombrero. “El té, los sombreros… Crees que eres el sombrerero loco”. Es aquí donde tiene lugar una de las conversaciones más increíbles del episodio, sobre creer, sobre la naturaleza de las historias que nos contaron, sobre los orígenes de nuestras fantasías. Porque Emma es dura de pelar, pero está clarísimo que empieza a darse cuenta de que hay cosas que no puede explicar, de que el libro de cuentos de su hijo esconde grandes verdades. Y algo de verdad tendrían los razonamientos de este pobre loco, porque tras ser empujado por la ventana con el fin de escapar, lo único que queda de Jefferson es el sombrero. Hemos de suponer que en realidad la magia se encuentra dentro de nuestra protagonista y que, en efecto, al caer el sobrero, se abre un portal por el que el sombrerero se ha ido.

Regina y Mr. Gold siguen en perpetuo conflicto, pero a veces es necesario aliarte con tu peor enemigo para poder conseguir la victoria. No sorprende a nadie el hecho de que ambos colocaran la llave en la celda de Mary Margaret para poder acusarla de huir.

Nuestra Emma está abriendo los ojos. Empieza a considerar parte de sí misma a los suyos, empieza a darse cuenta de que, en efecto, Storybrook es mágico, pero no del modo en el que ella cree… y ha dejado a su hijo con una gran sonrisa. Al fin y al cabo, el tiempo que se había congelado volvió a moverse cuando ella llegó… El pobre sombrerero no tuvo tanta suerte. Se peleó con el tiempo, y el reloj se le paró a las seis de la tarde, condenándolo así a beber el té eternamente.

En realidad, terminando de escribir esta review, me doy cuenta de que el episodio me ha gustado más de lo que dije al principio. Es cierto que esperaba más de una historia que significa tanto para mí, pero, ¿qué más podría hacerse? Han hecho un gran trabajo, y yo me quedo un poquito enamorada de Hat Trick, porque Wonderland está en todas partes. Miréis a donde miréis, en literatura, en música, en cine, en series… todo está lleno de referencias a la magia que Lewis Carroll tejió con su pluma. Espero que hayáis disfrutado de Once Upon A Time esta semana, ya que la semana que viene no tendremos nuestra dosis de cuento, y que un trocito de vosotros siempre habite Wonderland, porque es necesario recordar que el orden y la lógica no son siempre el mejor camino.

Nos vemos en el cuento.


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