Review Once Upon A Time: Fruit Of The Poisonous Tree

“Ten cuidado con lo que deseas” es una de las frases más recurrentes que existen, y con razón. Todo deseo acarrea un precio, una trampa. Nada es nunca lo que parece. Mulder deseó la paz en el mundo y el mundo desapareció por completo. Y es que, en ocasiones, las cosas no pueden ser como no son. Es algo muy difícil de asumir, pero está presente en todo lo que el ser humano hace. Fruit Of The Poisonous Tree nos ha enseñado el precio de un deseo. Porque incluso el deseo mejor intencionado traerá consigo una bomba de relojería. Podéis pasar. Os concedo tres deseos…

El episodio de esta semana me ha gustado más que el anterior. Es una de las facultades más destacables (para mí) de esta serie. Cuando la moral empieza a caer como la semana pasada, vuelven a atraparme. Y me encanta. No ha sido un capítulo notablemente importante, pero creo que nos han contado cositas que sí son necesarias para ir conociendo la historia. Particularmente, me gusta imaginarme el cuento como una maraña de hilos que hay que ir desenredando, y Once Upon A Time lo consigue con cada episodio. Dándonos una pista más.

Otra de las cosas a destacar es que esta semana hemos vuelto a tener a la reina malvada, que llena la pantalla quiera o no quiera. Siempre he tenido predilección por los personajes malvados y ambiguos. Es odioso decirlo, pero creo que es mucho más difícil interpretar el papel de malo, y la madrastra es un ejemplo excelente.

Antes de entrar en materia me gustaría “disculparme” por el retraso en esta review. Sabéis que normalmente me doy un margen de, como mucho, unos tres días desde la emisión del episodio para subirla. Sin embargo esto no es siempre posible por diversas causas y, como de todas maneras no tendremos más cuento hasta el día 12 (espacio patrocinado por el parón), no creo que haya especial problema. Y ahora sí, entremos de lleno en el terreno de Once Upon A Time.

Hoy voy a comenzar hablando de Storybrook, al contrario de lo que hago normalmente. Porque esta vez las cosas han ido más lejos. Porque la malvada antagonista de la historia ha dejado a un niño sin el lugar de sus sueños, sin su santuario, y ahora tiene que jugar en un parque vulgar donde ya no tiene su castillo especial ni su cuento. Y vaya trampa, señores. Vaya coartada más mala se ha buscado la alcaldesa para tapar los fondos que está robando al pueblo. Como si construir un simple columpio en medio del bosque (que es lo que ha hecho) costara ese dineral. Con lo que ha robado podría haber construido un parque temático. Bueno, no tanto, pero creo que es una mentira con las patas muy, muy cortitas. Y lo que no consigo explicarme realmente es como Emma, alguien con unas facultades especiales para investigar, alguien que desconfía hasta de su sombra, puede creerse esa sarta de bobadas. Es humana, supongo, y aún puede sorprendernos. Tal vez no es lo que parece.

Quien también ha contribuido al engaño esta vez ha sido Mr. Glass. La verdad es que he desconfiado de él todo el tiempo, y supongo que a vosotros os habrá pasado igual. No hay nada como enseñarle a alguien sus propias fotos y decir “mira lo malvada que es la alcaldesa, mira lo que me obligaba a hacer, te llevo espiando mucho tiempo”. En ese momento en que supuestamente te has destapado a ti mismo el otro pasa a creerte. Creo que esa es la razón por la que Emma ha tragado, quizás. Porque ver a alguien expuesto y vulnerable enciende cierto chip en nuestro cerebro.

El periodista “desterrado” y Emma han formado un dúo algo particular esta semana. Interpretando su papel de despechado, consigue aliarse con la protagonista para descubrir a Regina, para mostrar su verdadera cara. Muchos juegos detectivescos. Micrófonos, encerronas, amenazas, incluso allanamiento de morada. Y Mr. Glass con su sombrero y su gabardina. Un Sherlock del siglo XXI en versión apocada pero que tiene su encanto. No es un hombre muy inteligente, sin embargo. Porque habrá conseguido engañar a Emma, pero estoy segura de que, como también hemos podido ver al otro lado, Regina lo va a manipular hasta que deje de serle útil. Y fin de la historia. No importa si tiene que ponerle la mano en la pierna o a saber hasta dónde está dispuesta a llegar para que la verdadera madre de su hijo huya del pueblecito como si la persiguiera el mismísimo diablo.

El pobre Henry no ha salido muy bien parado en ese episodio, tampoco. No hay nada peor para un niño con tal imaginación que coartar sus sueños. El más preciado tesoro del pequeño es su libro de cuentos, y se lo han arrancado de los brazos. He de reconocer que durante todo el capítulo he pensado que la ladrona había sido su propia madre adoptiva, queriendo despojarlo de la que, sin duda es un arma muy peligrosa. Me encantan estas cosas. Me encanta cuando las páginas de un libro se convierten en un arma mucho más letal que la hoja de un cuchillo, pues estas páginas encierran una verdad que cada vez es más difícil esconder.

Por si quedaba alguna duda, ya es evidente que el extraño es, en efecto, el escritor del cuento (o alguien que quiere reescribirlo y cambiar el final, que también es posible). Y es el mismísimo escritor quien ha robado los sueños de papel de Henry, quien ya está reescribiendo su cuento para no olvidar.

Precisamente en el cuento hemos conocido hoy la verdadera historia de Mr. Glass, a quien siempre hemos considerado el rostro del espejo de la bruja malvada. Ahí le tenemos, nada más y nada menos que viviendo dentro de la lámpara maravillosa, concediendo deseos a todo aquel que se la encuentra. Y la lámpara cae en las manos del padre de Snow White, el rey, quien, lejos de pedir un deseo egoísta, decide liberar al genio y darle trabajo. Pero todo deseo esconde una trampa, y en su lecho de muerte, el pobre rey se lamentará de lo que ha hecho. “Tenías razón, nunca debí pedir un deseo”.

La reina ha conseguido engañarme durante los primeros minutos del episodio. La inocentada de la semana. Y es que ha habido un momento en que he pensado: “Jo, pobrecilla, mírala ahí encerrada con su manzanito, eternamente ignorada, ¿cómo no iba a volverse mala?”. Y no, la reina no se vuelve mala en ningún momento porque ya lo es. Manipuladora, maquiavélica, exquisitamente inteligente y sin escrúpulos. Consigue que el liberado genio se apiade de ella y se enamore hasta las trancas, haciéndole ver desde el mismísimo instante que le regala el espejo que ese amor es correspondido. Y ahora les sobra el rey, porque él quiere su amor sin tapujos y ella quiere el trono sin estorbo alguno. Veneno de serpiente. Letal. Y ya no hay rey que valga.

Son precisamente esas extrañas serpientes las que desenmascaran al genio y a la futura reina. A él, porque lo inculpan. A ella, porque es tan evidente que le ha tendido una trampa que no sé cómo no se vuelve a meter en la lámpara o entierra la cabeza en el suelo. Y no hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que se niega a escuchar. Así que por más que le repitan “que no, que no te quiero, que te he engañado”, decide olvidarse de todas sus normas y sus trucos. Decide olvidarse de que él mismo dice a las personas que los deseos son una trampa, y pide poder ver el rostro de la reina todos los días, ir con ella siempre. En forma de espejo, ¿por qué no?

Creo que ha sido un giro bastante curioso e inteligente. Que el rostro que vemos en el espejo de la malvada reina de Blancanieves sea el genio de la lámpara. Engañado y enamorado. Condenado.

Esto es todo por mi parte. Toca quedarse sin Once Upon A Time dos semanitas, pero los días vuelan y ya mismo estamos dentro del cuento otra vez. ¿Qué os ha parecido a vosotros?

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