Review Once Upon A Time: Child of the moon

He defendido en numerosas ocasiones lo difícil que puede resultar para una persona ser quien es. Suena repetitivo, lo sé. Pero cuando damos con un episodio como éste, que es un gran ejemplo para ilustrar estas palabras, no puedo más que reiterarme. Nadie elige ser quien es y uno sólo se construye a sí mismo en ciertos terrenos, pero queda un porcentaje alto de lo que somos del que sólo tiene la culpa lo que nos ha tocado ser. Puede suponer un problema vivir con ello, en ocasiones, pero siempre queda el plantar cara, el coger a lo que somos por las raíces y decir “bien, soy lo que soy y tengo que controlarlo”. Un título precioso anuncia un episodio un tanto especial esta semana, ese Child of the moon  que tan alto apunta. ¿Lo comentamos? Mirad arriba, más arriba, a la luna.

Once Upon a Time nos está regalando una temporada tan genial que no se puede evitar tener cierta postura exigente y dejar que salte la alarma cuando creemos que la cosa decae. Me ha pasado así con este episodio, pero ha sido una falsa alarma y un susto en vano. Si bien no he tenido muy claro el camino que iban a tomar en los primeros minutos, pronto me he dado cuenta de que nos quedaba algo fantástico por ver. Es razonable, desde luego. Un capítulo centrado de nuevo en Caperucita pone bien altas las expectativas cualquiera.

Poco sabíamos de la historia de Red hasta ahora (lo suficiente), más allá de que es un lobo, que no se lleva bien con la luna llena y que su abuela conocía su secreto porque su madre también lo fue. Hay que entenderla en este episodio, creo que queda fuera de todo reproche, y es que  nuestras raíces son parte de nosotros, algo importante que la mayoría ansía conocer. Red ha creído siempre que su madre estaba muerta, otra de esas mentiras tan frecuentes en esta historia, con el afán de proteger a quien se quiere. No es buena idea recurrir a ello, sin embargo, ya que cuando se te niega la posibilidad de saber de dónde vienes, automáticamente se despierta una rebelión. Es por eso que se entiende perfectamente que la chica, más asustada que contrariada, no titubee a la hora de elegir quedarse en un sitio al que no pertenece, pero donde puede ser quien es sin miedo ni negación. Con su madre, por supuesto.

Ha sido una alegría tener a Annabeth Gish en el papel de madre, mi corazón X-phile ha latido con orgullo al ver como Anita a quien un día encarnó a la agente Monica Reyes. Es una pena no volver a tenerla con nosotros, porque además me ha parecido un personaje interesantísimo que hubiera valido la pena explorar, pero las cosas tienen que ser como tienen que ser, y genética y añoranza aparte, la pobre Red considera a Snow como su verdadera familia. Dejarla morir, aunque haya costado la vida de su madre, no era una opción. Al fin y al cabo es la única persona que no la ha obligado a posicionarse, que la acepta como lo que es, mujer y lobo, en una composición fascinante.

Sin embargo, como muchas de las cosas que ocurren en la vida, este encuentro con los suyos no ha sido en vano. Además de hacernos disfrutar con un discurso precioso, Red ha utilizado este pequeño paso por la manada para aprender a recordar quién es, para deshacerse de la capa, para convertirse en lobo y ser el lobo sin dañar a nadie, corriendo libre, aullando a la luna llena a la que ya no hay que temer. “It’ll be like nothing you’ve ever felt before”.

Claro, que no es fácil seguir teniendo el control después de décadas sin necesitarlo por culpa de una maldición. Es por eso que Red siente pánico ante la idea de volver a transformarse, buscando encerrarse por todos los medios, y poniendo en bandeja al falso padre de Charming (que ahí ni es rey, ni nada) una fría venganza. No ha conseguido lo que buscaba, sin embargo, pero ha conseguido minar las esperanzas de un padre, abuelo y marido que ha perdido el único portal que quedaba. El destrozado sombrero de Jefferson. Ya no hay polvo de hada que pueda regalar algo de ilusión porque no hay manera de deshacer el entuerto. Suponemos que todo queda ahora en manos de las desterradas Snow y Emma, que siguen intentando volver desde el bosque encantado. Ha sido reconfortante, al menos, ver correr en libertad a nuestra Red de nuevo.

La semana pasada nos preguntábamos qué había de ese sueño que comparten Henry y Aurora, y hemos obtenido una respuesta (que sigue sin parecerme fiable) por parte de Rumpelstinskin. Un mundo entre la vida y la muerte que quien ha sido víctima de la maldición durmiente es capaz de ver. Parece que el pequeño va aprendiendo a controlarse gracias al amuleto. Se me plantea una cuestión. Rumpel no regala nada, ni siquiera cuando parece querer hacerlo. Así que pueden pasar dos cosas. Que piense cobrarse el favor cuando le convenga, o que en ese amuleto no haya más que agua y el niño piense que de verdad tiene propiedades mágicas. Es un placebo perfecto para el control.

Ahora que ambos se han visto en la pesadilla, se me ocurre que puede surgir una manera de comunicar ambos lados, y no me extrañaría nada que viéramos a Aurora en unas semanas enviando un mensaje al otro lado a través de Henry, por parte de su madre.

¿Qué os ha parecido este Child of the moon? Nos vemos en el cuento en un par de semanas, ya que el domingo tenemos el primer parón de la temporada.


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