Review Once Upon A Time: A land without magic

Hace unos siete meses, cuando Once Upon A Time llamó a nuestras puertas por primera vez, hablé de la importancia de la fantasía en la vida de cada individuo. Son tiempos difíciles, que diría Dickens. La sociedad se desencanta, el futuro se oscurece y la realidad se impone ante las ilusiones que nos acompañan. Necesitamos un escape, necesitamos que alguien o algo introduzca un poco de magia en nuestras vidas y nos recuerde que, de vez en cuando, está bien soñar y olvidar que el mundo nos ha hecho daño.  Cualquiera lo diría, pero aunque el título de esta finale rezaba un “A land without magic” contundente, la ilusión ha crecido en el interior de ese niño que sin remedio llevamos escondido. Y ha sido increíble, ha sido más de lo que esperaba, ha sido, al fin y al cabo, magia. ¿Nos despedimos de Once Upon A Time como se merece que lo hagamos? Por última vez en un tiempo, bienvenidos al cuento.

La semana pasada dejé claro que tenía miedo de lo que harían con éste último episodio de la primera temporada, miedo de que lo que nos ofrecieran no hiciera justicia a los veintiún trocitos de fantasía regalados hasta hoy. Han cumplido y con creces. “A land without magic” ha sido un episodio intenso, increíble, revelador. Un episodio para el que van a faltarme estrellas. Un episodio que ha sabido cerrar de forma absolutamente redonda la trama de esta temporada y abrirnos el camino a la siguiente, dejándonos con la miel en los labios en medio de la niebla púrpura.

La maldición se extiende, el destino se impone y la oscuridad comienza a caer sobre esos personajes desesperados que ni siquiera recuerdan quiénes son y de dónde vienen en realidad. Henry ha mordido de la manzana de la malvada bruja, su propia madre adoptiva. Víctima de un encantamiento venenoso. August ha agotado hasta el último de sus minutos y… ahora es madera. David cuenta con una gran determinación para empezar una vida nueva lejos de Storybrook y damos por perdida su relación con Mary Margaret. Aquí no queda títere con cabeza. Con un panorama así… está firmado que la maldición de Regina ha podido finalmente con todo, aunque, claro está, el plan no ha salido como ella pretendía. Henry no, la cuestión es que Henry no.

Es en los momentos desesperados cuando una persona empieza a creer en cosas que jamás creería y a ver lo que no veía antes. Es por eso que Emma, ante el inmenso dolor que le produce la idea de haber perdido a su hijo, es capaz de ver su verdadera historia al sostener ese libro tan mágico de “cuentos” del pequeño. La biblia de Storybrook. Y ya no puede hacer otra cosa salvo creer. Cuando todo está perdido, creer, aceptar que, en realidad, la salvación de ese mundo depende enteramente de ella. La salvadora. Y como salvadora su tarea primordial es derrotar a la bestia (la transformación de Maléfica en dragón) para conseguir la poción de amor verdadero que un día Charming guardó en su interior por encargo de Rumpelstinskin. Y lo consigue, claro que lo consigue. Es sólo que Mr. Gold las mata callando. Un villano reflexivo y silencioso, como comenté en la review anterior. Y hay una trampa.

Antes de continuar me gustaría detenerme un segundo a comentar la escena de la lucha y el dragón. Se nos está mostrando la batalla de Emma (en Storybrook) y de Charming (en el cuento) al mismo tiempo. Emma lucha con la misma espada que en su día portó su padre en el enfrentamiento con la bestia. He de decir que los guionistas hacen un trabajo absolutamente brillante, ya que para narrar las historias se cuenta con la versión original como base, se realizan a su vez guiños a las versiones de Disney (la escena de Charming es extremadamente parecida a la versión cinematográfica de La bella durmiente) y finalmente resulta un giro con respecto al cuento auténtico, para que todo encaje. Una versión libre que sigue resultando verosímil y necesaria para el desarrollo de la serie. Tenemos, por ejemplo, el hecho de que Caperucita sea el propio lobo, el hecho de que la bestia que ama a Bella sea otro personaje como Rumpel (y esto quedó de maravilla) y otros cuantos hechos que no voy a seguir enumerando, pero la idea se capta.

Volvamos al episodio, porque una vez derrotada la bestia y obtenida la poción, no es Regina la que se nos sale del marco, es, en efecto, el astuto Mr. Gold, que quiere este tesoro para fines muy distintos. No sé por qué me ha sorprendido que uno de los villanos actúe de tal manera, pero jamás pensé que precisamente él jugaría con la vida de Henry, ya que lleva el lastre del dolor por la pérdida de Bae. Está claro que el villano, villano es.

Todo esto nos sitúa en uno de los momentos más intensos del episodio, porque hemos de suponer que sin poción no hay cura, y sin cura, Henry muere. El punto de mayor tensión llega aquí porque, de hecho, el pequeño llega a morir y a todos se nos cierra el corazón en un puño y a mí se me escapan las lágrimas en la escena aunque no deberían. Hace unos mil años, creo que vivía en otra vida, que algo tan… “sensiblero” no me hacía llorar. Toda esa escena, muerte y salvación, es para enmarcarla. No es que no sepamos con certeza que el pequeño no puede morir, pero por un momento pensé que iban a darnos el susto y a guardarse la solución para la siguiente temporada. Y al fin y al cabo, en los cuentos, ¿qué es lo que siempre conquista? El amor verdadero. Amor de madre a hijo, en este caso. Emma llora y por primera vez en todo este tiempo le dice a Henry que lo quiere, y es entonces, en ese beso que pretende ser de despedida, cuando el niño despierta y la maldición se rompe. Todos los personajes, todos los habitantes de Storybrook, despiertan de su encantamiento y recuerdan quiénes son (sí, la pareja que más guerra ha dado, también). Qué gran escena y qué emoción. Por cosas como ésta merece la pena ver Once Upon a Time y patear a los demonios al menos durante un rato.

Antes de continuar con la sustancia, vamos a dar un pequeño paseo por el cuento. En primer lugar, ha sido una sorpresa ver a nuestro pobre cazador de nuevo, ayudando a construir el destino. Si bien es cierto que en esta realidad está muerto, en un tiempo anterior, permaneció vivo y sin corazón. Un gran sacrificio. Otra de las cosas a destacar aquí es lo increíblemente bien que han ido rellenando los espacios en blanco. Terminando de contarnos los detalles de la historia que quedaban para comprender cómo llegamos a todo esto y volviendo al comienzo, moviéndonos en un círculo bien cerrado.

¿Y por qué no hablar de nuevo de villanos? El atormentado Jefferson siente que si no puede recuperar a su hija, ya no tiene nada que perder, así que la única solución para actuar en contra de Regina es… acudir al otro villano de la historia. Y el otro villano de la historia necesita saber que el amor que vivió fue real, así que liberemos a Bella, hagámosle saber que nuestra contrincante está detrás de todo, porque así llegará la venganza. Mr. Gold quería la poción para arrojarla al pozo de agua mágica, y así… devolver la magia al lugar, “porque la magia es poder”. Y una densa niebla de color violeta se extiende por todo el pueblecito. Las cosas vuelven a complicarse.

Vuelvo a enaltecer la interpretación de la gran Lana Parrilla, que borda el papel de malvada y lo amolda a su manera. Que será la “evil queen” de la historia, pero tiene sus razones y es un personaje tan roto que a mí me rompe verla llorar de esa manera. “Será mejor que corra a esconderse”, le avisan, porque por un momento ha vuelto a saborear la derrota y ha perdido a su hijo. Y tengo que reiterarme, Regina quiere a Henry más que a ninguna otra cosa en el mundo, y me da una pena terrible que el niño tenga tan claro quién es, porque al fin y al cabo, y aunque tengan que ganar los buenos, la alcaldesa ha sufrido y ha criado a ese niño.

Es una de las cosas que hacen grande a esta serie, que no es solamente una historia sobre el bien y el mal. Es una historia donde dos villanos se baten en duelo por causas diferentes. Un hijo, un amante, la venganza. Dos villanos contra el mundo y contra sí mismos. Ese rostro de Regina tras el cristal cuando se da cuenta de que la magia está volviendo… Es esperanza mientras el resto desespera.

Por más que intente alargarlo, el final de esta review también tiene que llegar y a mí se me queda un pellizquito en el estómago. Voy a echar muchísimo de menos Once Upon a Time, voy a echar de menos a esos excelentes villanos y la fantasía que nos inyectan. Esto es todo por ahora, una primera temporada excelente acaba de cerrarse y hasta dentro de unos cuatro o cinco meses no sabremos que nos deparará la vuelta. ¿Habrá surtido efecto el romper el hechizo para August? ¿Con quién va a permanecer Henry ahora? Y algo que me inquieta, una vez que todos los personajes saben quiénes son, ¿volveremos a tener flashbacks del cuento?, ¿dejaremos de llamarlos por sus falsos nombres? Habrá que esperar para saberlo…

Por mi parte, he de confesar que antes de su comienzo tuve mis dudas acerca de esta serie porque rompí con el género que había llevado anteriormente. No esperaba llegar a sentirme tan cómoda con ella y tener tan buena respuesta, en general. Muchas gracias a todos los que habéis hecho este primer viaje en el tren de la fantasía conmigo, y habéis seguido la serie y las reviews semana a semana, porque sin esa interacción, no es lo mismo. Os mantendré informados de las novedades que nos vayan dejando ver hasta que Once Upon a Time vuelva con su segunda temporada y ya sabéis que arriba tenéis mi cuenta de Twitter, para dudas, teorías, o cualquier cosa que queráis comentar. Nos vemos pronto en el cuento.

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