Review Once Upon A Time: 7:15 A.M.

Corazones rotos. Todo está lleno de corazones rotos. Caminan por las calles, escondiéndose entre los corazones que aún funcionan. Es la historia más vieja del mundo. La gran maldición de la humanidad. Algo con lo que todo el mundo tiene que enfrentarse tarde o temprano. Y en Once Upon A Time, los corazones rotos se encuentran a las 7:15. ¿Es posible el olvido? ¿Se impone el destino ante tales desdichas? ¿Dejará quién escribe de ponerse tan dramática? Que pasen los corazones rotos. Y los que no lo están, también.

Le ha dado muchas más vueltas de lo normal a escribir esta review, quizá esperando que al escribirla en frío nazca algo más objetivo. No sé si va a ser posible. Este episodio me ha despertado sentimientos muy encontrados. Por una parte, ya sabéis que Snow y Charming no son santo de mi devoción, así que, para ser un capítulo centrado en ellos dos, ha sido tal vez mejor de lo que esperaba. Creo que el mejor centrado en esta trama principal hasta ahora. Por otra parte, y esta se impone a todo, el episodio me ha provocado unas ganas incontenibles de saltar a un pozo y vomitar arcoíris. En serio, me ha supuesto una saturación extrema de romanticismo y destino, amantes que no pueden evitar volver a encontrarse una vez y otra vez y otra vez entrando en un bucle infinito. También me ha saturado esa dosis tan enorme de corazones rotos, olvido imposible, dolor insoportable y las interminables desdichas que el amor provoca. Vaya novedad. En fin, fieles lectores, os debo la review de esta semana y hay que entrar en materia.

Como siempre, vamos a hacer un repaso de lo que ha pasado en el cuento en el episodio. Snow sigue viviendo a escondidas del resto, huyendo de la maldad de su madrastra, sobreviviendo. Personalmente, prefiero a la Snow guerrera de esta época a la Snow posterior y a Mary Margartet. Hemos visto por fin a Caperucita en acción (hasta ahora se ha visto sólo en el piloto, y muy brevemente), que trae provisiones y malas noticias. Esta visita lleva a la princesa desterrada al gran Rumpelstinskin, que le entrega una poción con la que olvidará al hombre que tanto dolor le está causando, y por olvidar… hasta el nombre.

Cuando está a punto de tomar la poción y dejar atrás ese infierno interno, el ave a la que tendrán que salvar en el Storybrook presente, llega con un mensaje del príncipe, que quiere encontrarse con ella. Pero no todo iba a ser tan fácil. Blancanieves acaba entre rejas con… nada más y nada menos que Grumpy, el enanito eternamente enfurruñado al que también le rompieron el corazón una vez. Por salvar a Grumpy acabará entregándose y tendrá que hacer algo que le pesará más de lo que pueda imaginar. Se ve obligada a mentir al príncipe para que éste se case con la prometida a la que no ama. “Miéntele para salvarle”. Muy Moulin Rouge todo. Sólo que no.

Y como en la versión del cuento que todos conocemos, Snow acabará viviendo con los siete enanitos, que la acogen encantados. Es tarde ya cuando el príncipe decide dejarlo todo e ir a buscarla… Inundada de dolor, decide tomar la poción y olvidar por completo. Así que, cuando Grumpy corre a darle la noticia de que su príncipe la busca, lo único que puede responder es un “who?” que, hemos de suponer, alargará el proceso.

En Storybrook la historia avanza y retrocede como quiere. Mary Margaret y David fuerzan todas las mañanas un encuentro a las 7:15. Así es como él se lo reconoce a la profesora en medio de una tormenta. Ambos quieren lo que quieren pero hay algunos obstáculos. La mujer de David podría estar embarazada y las cosas se complican. Mary Margaret no quiere medio hombre, lo cual es bastante lógico, y David decide que prometer a su mujer intentar que la relación funcione contra viento y marea y hasta el infinito y más allá, es buena idea. Sin embargo, hay cosas que no se pueden evitar y en todas las historias hay un destino que se impone a la voluntad humana. Intentando evitarse, acaban volviéndose a encontrar aunque no quieran, y vemos uno de esos besos en los que me imagino al director diciendo “¡vamos, no veo nada de pasión!, ¡bésala como si fuera el amor de tu vida!”. Sí, de verdad, hacen eso.

Hay algo que no termino de entender y hace que me hierva la sangre hasta límites poco sanos. David quiere estar con ella pero siente que lo correcto es quedarse con su mujer. Vale, sí. Eso no significa que tenga que prometerle el mundo sujeto por hilos de estrellas a la segunda y lanzarse a por la primera diez minutos después. Elige el juego que quieras y acaba la partida. Además, como no está embarazada (cosa que él ya sabía cuando prometió toda esa sarta de tonterías) está genial eso de irse con la otra porque total, qué más da. Mary Margaret está muy lejos de caerme bien, pero lo de él… Lo de él es mejor que lo deje, porque David en mi país tiene un nombre y es de esas cosas que a la gente no le gusta escuchar en reuniones familiares.

Por otra parte, la semana pasada llegó un desconocido a Storybrook y Emma se ha encargado de mostrarnos un poquito más de él. Lo que lleva en la caja es una máquina de escribir. Dice que le gusta ir al pueblo de vez en cuando porque es inspirador. Si fuera el lobo (un lobo muy poeta) no podría salir del pueblo. Así que se me ocurre que el desconocido es… el escritor de la historia. Por eso puede entrar y salir a su antojo. Si no nos está mintiendo, claro… Porque aún es pronto para afirmar.

Quiero vuestras hipótesis, comentarios sobre el algodón de azúcar, opiniones, y tomates lanzados al viento contra la enfadadísima redactora de esta review.

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