Review New Girl: The Landlord

Es la eterna discusión del ser humano desde tiempos remotos: ¿somos buenos o malos por naturaleza? ¿Por qué se juzga a las personas antes de conocerlas? ¿No se merece cada uno de nosotros una oportunidad antes de ser tachados de… (inserte aquí su insulto favorito)? El episodio de New Girl que aquí comentamos ha girado en torno a estas preguntas, llegando a una conclusión inesperada de una forma un tanto brusca, por cierto…

Todo comienza con un nuevo conflicto surgido entre los dos protagonistas de la serie. Nick parece tener claro que todo el mundo es, a priori, digno de ser odiado, mientras que la pizpireta Jess, haciendo honor a lo que podemos esperar de ella, cree que cada persona guarda algo bueno en su interior y sólo hay que rascar un poquito para sacarlo a relucir. Ella puede pecar de ser demasiado fantasiosa, pero no me podréis negar que Nick se pasa un poquito con ese modo de ver la vida tan amargo. ¡Un poquito de energía positiva, señor Cosby!

Evidentemente, es imposible que dos maneras tan diferentes de ver la vida, lleguen a un punto en común. Y mucho menos si están tan arraigadas en cada uno de ellos, sin ir más lejos, desde su infancia. El flashback de Nick no ha estado mal, encontrando un billete y siendo empujado con violencia por un niñatillo más listo que él; pero el de Jess ha sido genial. La pequeña (esta vez no han escogido a la chiquita regordeta para interpretarla, sino a una actriz más joven) se encuentra con un camionero que le ofrece caramelos… y en cuanto la niña acepta, aparece una abuela en la parte trasera del camión repartiendo dulces. De todos modos, me veo en la obligación de enunciar: “Niños, no intentéis eso en casa”.

El episodio se llama The Landlord porque el propietario del edificio donde viven los cuatro colegas, ha tenido un papel importantísimo, más bien definitivo, en esta trama. Cuando las cosas empiezan a fallar en el apartamento (y pese a que Nick sigue siendo el perfecto chapuzas que no puede faltar en ninguna casa), Jess decide acudir a este señor temible para pedir que les arregle los desperfectos. Todo el mundo cree que es un tío amargado y cruel, pero nuestra heroína está segura de que detrás de ese fiero aspecto, ha de haber una persona buena como Antonio Machado.

Y en un primer momento hemos tenido que otorgarle un punto victorioso a Jess, porque el casero no sólo les ha perdonado que fueran cuatro personas viviendo en un lugar para tres, sino que incluso ha aceptado arreglar todos los fallos que Jess le ha ido señalando. Sin embargo, el sabor del triunfo ha sido casi imperceptible, puesto que Nick se ha percatado rápidamente de que todo lo que este buen señor pretendía era echar un buen polvo con la profesora.

La cosa se ha salido de madre cuando el hombre que se disputa conmigo el dudoso honor de ser el peor dibujante de la historia ha querido hacer un trío con Jess y Nick… y estos, por orgullo, han decidido seguirle el juego, intentando cada uno que el otro se disculpara y aceptara su error. He de reconocer, en este punto, que todo esto me recuerda un poco a varias tramas de Friends. No sé si tendrá que ver que últimamente estoy revisando la serie oooootra vez, pero dos imágenes han venido a mi mente con toda esta historia: la primera, el casero de Monica y Rachel diciendo que iba a echarlas porque estaban en cierta situación ilegal; y la segunda, Phoebe y Chandler besándose a disgusto porque ninguno quería dar su brazo a torcer (“no saben que sabemos que lo saben”).

Volviendo a la serie que nos atañe, ha sido gracioso ver a Jess y Nick en una situación tan incómoda, intentando quitarle hierro al asunto bailando de forma un tanto patética, y lanzándose miradas de pánico cuando el cincuentón explicaba sus planes para hacer un trío exitoso. Al final, justo cuando han empezado a besarse, Jess se ha bajado del burro reconociendo que ese tío no era bueno y sólo la había ayudado con la esperanza de recibir algo a cambio.

Yo sólo puedo añadir una cosa a todo esto: ¡existe el término medio! Venga, chicos, no me seáis cuadriculados. Ni todo el mundo es un horror, ni todo el mundo es amable y pirulístico (me acabo de inventar esa palabra). Hay de todo en la viña del Señor, y bla bla bla…

Dejando de lado el asunto del trío que podría haberse convertido en cuarteto y que nos ha dejado para el recuerdo colectivo de la serie el primer “besus interruptus” de la previsible pareja, pasemos ahora al resto de personajes. También conocidos por el nombre de Schmidt. Porque sí, señores, de nuevo hemos tenido dos tramas protagonizadas por Jess, Nick y Schmidt, mientras Winston y Cece han vuelto a ejercer de personas que pasaban por ahí.

Schimdt cree que su jefa se le está insinuando. He de confesar que, conociendo a este chico, y después de ver lo lamentables flashes con mujeres que supuestamente le habían lanzado la caña con anterioridad, yo también pensaba como Winston (todo está en su cabeza… en esa retorcida y compleja cabeza capaz de dividir el tiempo libre entre tener un blog de croissants y varias masturbaciones diarias pensando en su jefa). Pero por una vez, no ha sido tan patético como podría haber resultado: de hecho, era bastante obvio que la tipa le tiraba los trastos cada vez que le hablaba. Y ahora entiendo por qué Schmidt leía el mensaje creyendo que había algo sexual oculto en él aunque sólo decía que quería que revisara el presupuesto. Era la forma de decirlo lo que cambiaba la perspectiva. Esa manera de quitarse la chaqueta, esa impostación de la voz, esa mirada… No cabe duda de que la mujer estaba coqueteando de forma descarada, y aunque a Schmidt le ha costado un poco, al final ha decidido dar un paso más y abalanzarse sobre ella en el parking de las oficinas… Lo que ha sucedido a continuación nos ha devuelto a la dura realidad que rodea a este personaje: Schmidt ha sido detenido por intento de violación. Sí, es cierto que la jefa lo deseaba, pero los guardias no tienen micrófonos junto a las cámaras de seguridad…

Pero aquí no acaba el patetismo ilustrado, porque Winston, en su no-camino hacia la nada más absoluta, ha encontrado en el armario de su habitación (y recordemos, antigua habitación de Schmidt) un folio con sus propósitos del 2007. Mejor que no os preguntéis cómo ha pasado tantos años ese folio en el suelo del armario ni os imaginéis a una familia de bichitos viviendo ahí desde tiempos remotos en compañía del poster más bizarro de la historia.

La lectura en voz alta de esta lista de propósitos ha sido sin lugar un punto a destacar del episodio. Cada nuevo propósito era más surrealista que el anterior, incluyendo cosas como “tener el mismo brillo que Winston” o “no fantasear más con la novia de Nick”. Y todos esos propósitos los han leído delante de Cece. Lo siento Schmidt, pero la chica se te va de las manos definitivamente…

¿Y qué hay del final? No ha sido nada del otro mundo, simplemente hemos visto a Schmidt haciendo el ridículo por enésima vez, desnudo en medio de una videoconferencia. Predecible y un poco tópico, ¿no?

En definitiva, un episodio que no ha destacado especialmente por el ingenio de sus tramas o por ser demasiado gracioso, pero como siempre repito, siempre consigue hacerme pasar un buen rato aunque no me lleve los veinte minutos riéndome a pierna suelta. Y eso, para mí, es suficiente a día de hoy.

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