Review New Girl: The 23rd

atrapado

Ya está aquí la Navidad. Es tiempo de amor, de amistad, de disfrutar con la familia, de luces y villancicos… Era obvio que época tan tierna como esta debía ser una de las favoritas de Jess, y la verdad es que me producía bastante curiosidad saber cómo iban a retratarla en la serie. ¿Sería todo demasiado “adorable”? Pues menuda sorpresa me he llevado, ya que no sólo se evitado en lo posible el exceso de azúcar, sino que incluso ha ocurrido cierta situación poco agradable en el episodio que no me esperaba para nada. Tranquilos, no voy a revelarlo, al menos, no en esta entradilla, aunque sí lo haré tras el salto…

No sé vosotros, pero yo me he quedado a cuadros ante el hecho de que Jess y Paul hayan cortado tan pronto. No sé si más adelante retomarán la relación, pero teniendo en cuenta los datos de los que disponemos a día de hoy, todo parece indicar que la relación se ha roto para siempre. Y… he de reconocer que me ha dado un poco de rabia. Me apetecía haberlos visto más tiempo juntos y haber sido testigo de su evolución como pareja, aunque soy consciente de que lo suyo estaba destinado al fracaso a favor de la futura, y ansiada por todos, relación entre Jess y Nick.

Siendo dos personajes tan parecidos entre ellos, tan especiales, creo que podrían habernos aportado muchas escenas divertidísimas, y a la vez mucha dulzura (él es de lo más achuchable… sólo hay que ver su reacción tras recibir el cutre-regalo de Jess). No me ha dado tiempo a disfrutarlos, y mucho menos a odiar sus rarezas o a que me empalagaran tanto que deseara que acabaran su relación. ¿Cómo iban a hacerlo, si en tres episodios mal contados lo único que hemos visto ha sido a) deciden salir juntos, b) tienen sexo por primera vez, y c) cortan?

Y encima… ¡cortan en Navidad! La pobre Jess quería esperar a que terminaran las fiestas para decirle al chico que no sentía tanto amor por él (¿hay algo peor que hacerse el tonto después de que alguien te diga que te quiere?), pero un malentedido ha hecho que Paul finalmente haya dado el paso de dejarlo porque no se veía capaz de bajar el ritmo. Y es que tiene delito que él le comprara unos billetes de avión a Viena, y ella a él un peluche en forma de corazón (pero de corazón de los de verdad, no la representación gráfica que siempre hacemos de él).

regalo

Después de este berrinche, he de confesar que me he reído muchísimo con este episodio. Con el paso de las semanas, New Girl ha ido creando una fórmula que le funciona cada vez mejor: aunque Jess sea la protagonista absoluta y sus extravagancias suelan ser los catalizadores de la mayoría de situaciones, a la chica se le ha reservado un papel más emocional, frente a los tres amigos, que poco a poco se han ido convirtiendo en los verdaderos provocadores de las risas del espectador, tanto por separado (especialmente en el caso de Schmidt), como, sobre todo, en conjunto (tanto como dúos como en trío). Si a eso se le añade lo bien que funcionan las parejas Nick-Jess y Schmidt-Cece, sólo puedo dar mi enhorabuena a los guionistas de la serie, ya que van por un camino de lo más satisfactorio… al menos para mí.

De todos modos, quisiera exponer un reproche, y es la obviedad y previsibilidad de que en cada episodio todos acaben actuando del modo en que Jess lo haría. En un principio me parecía algo necesario para exponer al espectador cómo todos habían aceptado tan pronto y tan bien a su nueva compañera de piso. A estas alturas, me resulta un poco forzado, como en esta ocasión, en que desde un principio era evidente que iban a acabar todos yendo Candy Candy Lane aunque el espíritu navideño de los chicos brille por su ausencia. Creo que a estas alturas no hace falta que estén reafirmando al personaje principal en cada ocasión que se les presenta. En este sentido, me ha parecido más natural y fluido el comienzo del capítulo, cuando todos se han puesto los patines y Jess los ha visto y se ha empeñado en hacerles una foto mientras no paraba de repetir que le parecía súper “cute” que los tres estuvieran utilizando el regalo que les había hecho por Navidad.

sexysanta

El episodio también ha servido para confirmarme, una vez más, que Schmidt sigue siendo mi personaje predilecto. Es tan genial que presuma de vestirse de Papá Noel en su trabajo repleto de mujeres como método para ligar con ellas, para acto seguido confesar que durante casi toda su infancia estuvo haciendo patinaje artístico hasta que su madre se percató de que no era una niña… De todos modos, me ha dado un poco de pena en este episodio. El pobre chico, ataviado solamente con unos shorts de Jess, una barba postiza y un gorrito, no ha dejado de sufrir la humillación pública de una jefa de lo más caprichosa y de unas compañeras que se ríen a su costa. Y encima hemos sabido que lleva años ejerciendo no sólo de “Sexy Santa”, sino también de “Sexy Conejito de Pascua”… ¡o de “Sexy Martin Luther King”! (aunque nunca consiguió imitar a la perfección su tono de voz).

A esto hay que añadir que el hombre sigue coladito por una Cece que a su vez sigue empeñada en salir con los tíos más gilipollas que conoce (“lot of tongue”). Aún así, en este episodio hemos visto a la modelo muy cercana al chaval. De hecho, ha sido ella quien le ha abierto los ojos diciéndole que no es sólo una “cara bonita y un buen cuerpo” (sic), y que no debería dejarse tratar así por la gente. Me gusta ver a estos dos personajes juntos, de hecho creo que a Cece le sienta fenomenal compartir escenas con Schmidt. Incluso me atrevo a afirmar rotundamente que es en esos momentos cuando mejor está y mejor cae. Cuesta creer que al principio de la serie la chica no era más que un mueble superficial, arisco y sin gracia. En este The 23rd ha tenido unas intervenciones bastante agradecidas, por ejemplo colocándose el bigote postizo que le regala Jess, o echándose el apestoso perfume personalizado que le entrega Schmidt (Cecilia Nº 5) tras darle una hilarante explicación detallada de los ingredientes que llevaba.

antesydespues

En cuanto a Winston, de nuevo los guionistas le han regalado un mayor tiempo en pantalla, y aunque no ha sido especialmente gracioso, al menos ha servido para mostrarnos una cara más amable de un personaje demasiado serio y al que suelen marginar bastante. Además, después de la horrible experiencia traumática que le provocó a cierto niño en el episodio Wedding, hemos descubierto que al afroamericano realmente no se le dan nada mal los críos, o por lo menos, el hijo de la jefa de Schmidt. ¿Habrá descubierto Winston una nueva vocación, tras el deporte y las campanillas? ¿Le hará la competencia a Jess y se convertirá en profesor de música, o preferirá seguir el camino de Supernanny? Sea lo que sea, espero que sigan explorando este recién descubierto aspecto de la personalidad de Winston.

Dejo para el final el plato gordo del día: la ruptura entre Paul y Jess, provocada en cierto modo por un desafortunado comentario por parte de un Nick que en este episodio ha estado sembrado. Primero porque después de meter la pata, ha intentado salir del paso haciéndose el borracho, aunque daba poco el pego porque, reconozcámoslo, lo ha hecho fatal. Tras insistir, cada vez con menos entusiasmo y credibilidad, en que sólo estaba bromeando, ha acabado siendo el paño de lágrimas de un Paul que no daba crédito a lo que oía. El remate ha sido cuando se ha quedado encerrado en la terraza junto a la pareja y ha tenido que ser testigo de primera mano de cómo cortaban, mientras no paraba de repetir que estaba viviendo una pesadilla. Cuando por fin ha aceptado la situación tan incómoda en la que se encontraba, se ha permitido incluso hacer comentarios a la jugada que estaba presenciando, para disgusto y enfado de Jess, pero para regocijo nuestro.

Por cierto, no quiero ser mal pensada, pero teniendo en cuenta las pretensiones que hay para estos dos personajes… ¿no creéis que Nick en lo más fondo de su ser estaba deseando contarle a Paul que su chica no lo quería del mismo modo? Y, por otra parte, ¿no os resulta curioso que Jess haya optado por contarle a Nick sus dudas sentimentales antes que a su propia amiga del alma Cecilia? Mmmm, lo dejo ahí, de momento.

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En fin, como podéis observar, el episodio me ha gustado bastante, y aún más con ese final mega-navideño, con todas las luces de Candy Candy Lane encendidas y la música de She&Him de fondo. De vez en cuando se agradece un poco de ternura y buen rollo, aunque en este caso ha sido un poco agridulce teniendo en cuenta que Jess estaba de capa caída.

Concluyendo, el dúo Cece-Schmidt, como ya he comentado, es de lo más prometedor, están consiguiendo por fin encarrilar al personaje de Winston, y Nick y Jess siguen demostrando tener muy buena química, aunque los guionistas hayan decidido muy acertadamente posponer la involucración sentimental entre ambos. Espero, de todos modos, que esta no haya sido la última aparición del personaje de Paul, que creo que aún tenía mucho que aportar a una serie que, por cierto, está de enhorabuena tras haber sido nominada al Globo de Oro a la mejor serie cómica del año. Si a eso añadimos que la propia Zooey Deschanel también ha sido nominada como mejor actriz de series, servidora no puede estar más contenta, y estará pegada al ordenador el próximo 15 de enero para averiguar de primera mano si alguna de esas dos nominaciones se traduce en el ansiado premio. Toda mi suerte para ellos.


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