Review New Girl: See Ya!

Es curioso (y a mi entender positivo) que una serie que comenzó otorgando un protagonismo absoluto a Zooey Deschanel, haya finalizado su temporada con un capítulo-homenaje al personaje de Nick. De nada han servido las quejas de sus amigos, este looser desubicado parecía tener muy claro que ya era hora de cambiar de vida… ¿o quizá no tanto? ¡Dentro última review de la temporada!

Pues no, quizá no tanto. Porque aunque en un principio estaba de lo más decidido, en cuanto ha empezado a conducir el camión de mudanza se ha venido abajo, y de alguna manera ha acabado aparcando en un descampado (creo que es un poco aventurado considerarlo un “desierto salvaje”), tirando las llaves a lo lejos y gritando como un loco.

Esto ha sido un aliciente para la pobre Jess, que al inicio del episodio había sido la única de sus amigos en intentar ponerle algo de empeño para convencer a Nick de que se quedara con ellos porque irse con la bruja de Caroline iba a ser un gran error. Ha sido un poco triste ver que Winston y Schmidt han aceptado sin rechistar la decisión de su amigo, intercambiándolo como si fuera un cromo por un tal Neil, cuyo mayor logro en la vida ha sido cumplir tan firmemente su trabajo como director de Recursos Humanos de una empresa, que acabó por despedirse a sí mismo. WTF?

De hecho, Schmidt incluso ha comenzado a vislumbrar las posibles ventajas de decir adiós a Nick, como por ejemplo… ¡llamar a un fontanero! Me ha gustado este guiño interno a los seguidores de la serie, que en seguida nos hemos acordado de aquel episodio ya lejano en el cual se nos mostraba a Nick como un manitas-chapucero de ideas tan efectivas como antiestéticas, ante el lamento de un Schmidt deseoso de llamar a un profesional por muy caro que resultara.

No ha sido esta la única referencia al pasado que nos ha regalado el capítulo, ya que también hemos visto en un pequeño cameo a ese conserje que cierta vez propuso un menage à trois a Jess y Nick.

Como decía hace un momento, Jess ha sido la más afectada de todos, tanto que ha empezado a actuar como una loca para intentar ahuyentar a Neil. Sin suerte, por supuesto. Así que en cuanto ha recibido la llamada de Schmidt explicándole el ataque de nervios de Nick, se ha dirigido rauda y veloz al lugar con la idea de echar el resto.

A partir de entonces hemos sido testigos y partícipes de una velada de lo más agradable por parte de un grupo de amigos que cada vez tiene más vivencias en común. Yo al menos, cuando he visto a todos bailando el “How Bizarre”, he sentido una gran cercanía con todos los personajes, tanto que casi me he visto teletransportada allí mismo, compartiendo risas y cervecitas.

Después hemos tenido una escena supuestamente graciosa en que Nick y Jess se enfrentaban a un coyote. Más bien debiera decir que Jess se enfrentaba con el animal, con la extravagante técnica de imitar al Correcaminos. Ejem… No sé, no me ha hecho mucha gracia esto porque no me imagino a ninguna persona en el mundo haciendo algo así. Y sí, Jess es muy rara (aunque cada vez menos… sólo tenéis que revisar el piloto), pero imitar a un dibujito animado me parece un tanto demencial.

El momento en que Jess vence al Coyote parecía ser el idóneo para cierto acercamiento entre este conato de pareja (ese momento en que Jess le deseaba que fuera muy feliz, o cuando han empezado a dar saltos de alegría), pero los guionistas han decidido, sabiamente en mi opinión, dejarlo pasar. Ya habrá tiempo para plantearse este tipo de cuestiones, tenemos toda una temporada para plantar una semillita entre ellos que sea un poco más robusta que aquella de los pies que apuntaban a la profesora.

Además, ya sabemos lo que ocurre en cuanto dos personajes comienzan una relación amorosa en una serie: que entonces hay que buscarles motivos de conflicto y discusión entre ellos, porque parece que una pareja de novios normal y corriente no es lo suficientemente atractiva para un guionista de televisión.

El ejemplo práctico más cercano es el caso Cece-Schmidt. No me han dado ni tiempo a disfrutarlos cuando ya los han separado. Ha sido todo muy raro, tanto que creo que en la segunda temporada no tardarán en volver (al menos esa es mi esperanza). La discusión ha sido un poco “light”, resultado de los celos de él por el trabajo de modelo de ella, y el enfado de Cece porque Schmidt había ojeado su teléfono móvil violando su privacidad y mostrando poca confianza en ella.

Lo bueno es que todo esto ha sido aderezado con una referencia bastante divertida a Colmillo Blanco (el único libro en el kindle de Schmidt), que me ha hecho sonreír varias veces. Sobre todo porque después de explicarle a Jess (y a nosotros), en qué consiste hacer un Colmillo Blanco, Cece no ha tardado ni medio segundo en hacerle ver que sabía lo que estaba haciendo porque llevaba toda la semana hablándole de ese libro y de esa escena en concreto. Así de previsible (y grande) es el pobre Schmidt.

Hoy no voy a ser mala con Winston. Sólo diré de él que se ha mantenido en un discreto segundo plano, excepto cuando hemos descubierto que le da miedo la oscuridad, tanto como para ponerse a dar gritos por la noche al oír un ruidito… ya sea en medio de la nada, ya sea en su propio dormitorio. Además, ha tenido varias frases divertidas, como cuando ha dicho que era peligroso que un judío estuviera en el desierto, o cuando ha recordado la particular manera que tiene Jess de anunciar a todos que está usando el baño.

Al final, obviamente, Nick ha vuelto al nido, dando lugar a otra nueva escena buenrrollista en la cual todos los personajes se han puesto a bailar otra canción de su vieja cinta de casette.

… y esto es todo lo que ha dado de sí el episodio. Quizá no ha sido el mejor de la temporada, pero no ha estado nada mal.

En general podría afirmar que este primer año de la serie ha sido bastante positivo porque poco a poco han ido encontrando su propio tono y han conseguido que nos encariñemos con todos los personajes, o al menos, con casi todos. A Jess le han rebajado un poco el nivel de frikismo que tenía (¿recordáis que cantaba su propia sintonía?), dejando sólo unos pequeños ramalazos eventuales (el “intento” de asesinato de Paul ahogándolo, por ejemplo) para convertirse en una persona coherente, fiel a sí misma, y muy leal a sus amigos.

Schmidt creo yo que ha acabado adjudicándose ese papel de persona rara, aunque en su caso ha sido debido a un elitismo exagerado que le hace fijarse en cosas que nadie nunca tendría en cuenta (en este episodio no han conseguido darle gato por liebre con un pastel de algarroba, “el cacao de los hippies”). Para mí, este personaje se ha convertido en la revelación de la serie, muy por encima de los demás. Nick y Winston se han pasado buena parte de la temporada perdidos, como tantos otros treinteañeros de hoy en día. Ahora mismo el camarero es el único personaje que aún no se ha encontrado a sí mismo, porque Winston ha acabado consiguiendo trabajo y una novia, por lo que poco más puede pedir a estas alturas.

Esspero que en un futuro más bien cercano consigan darle un poco de vidilla a Nick, que creo que ha sido un poco maltratado y ya se merece un poco de felicidad, ¿o no? En fin, nos vemos muy pronto, chicos, en la segunda temporada, que espero que sea igual, o mejor, que esta primera, y que tenga tanto éxito como ha tenido en este su primer año.

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