Review New Girl: Secrets

Pues sí. New Girl sigue estando en racha. El último episodio emitido, Secrets, continúa dibujando esa línea ascendente que emprendió hace varias semanas, y que todo parece indicar que proseguirá hasta el cada vez más cercano final de temporada. Han sido veinte minutos repletos de entretenimiento puro y duro, frases afortunadas y momentos bastante divertidos. Definitivamente, New Girl se ha convertido para mí en la mejor forma de pasar un buen rato sin mayores complicaciones.

Echemos un momento la vista atrás. El penúltimo episodio dejó abierto ciertos interrogantes: ¿guardaría Winston el secreto de Cece y Schmidt? ¿Cuánto tiempo tardaría en decírselo a alguien? ¿Cuánto tiempo tardarían los demás en descubrirlo? ¿Hasta cuándo jugarían los amantes al escondite con Jess y Nick? Los guionistas, en este Secrets, no se han andado mucho por las ramas, y ya en los primeros minutos han puesto a todos los protagonistas sobre aviso. Y lo han hecho de una manera inmejorable.

Se nota que los actores están cada vez más cómodos en sus respectivos papeles, que cada vez disfrutan más. Y, además, se nota que los actores se llevan bastante bien entre sí. La interacción entre Winston, Nick y Jess en esos primeros minutos del episodio ha sido hilarante gracias a todo esto. Winston intentando compartir con alguien su secreto, Nick intentando no oírlo sin resultados satisfactorios, su cara cuando se ha enterado, y la broma con su espalda mojada porque es incapaz de mentir… Y el momento en que Jess entra y en seguida se da cuenta de que ocultan algo porque efectivamente son pésimos a la hora de ocultar la información… “J’acusse!”. Y, por supuesto, la entrada triunfal en escena de Schmidt que en cuanto se percata de la situación, dice orgulloso: “Can we just take a momento to celebrate me?” Genial, un diez para la escena.

Así que, como digo, ya desde el principio todos los personajes estaban, por fin, en igualdad de condiciones. Y Cece y Schmidt han tenido que enfrentarse a todos, o, mejor dicho, a una Jess que ha quedado traumatizada con la noticia.

En este episodio hemos asistido, también, a cierto reajuste en los roles de cada uno de ellos. Por ejemplo, Nick y Winston de repente han comenzado a admirar a Schmidt (Nick llega a decirle que ahora lo respeta) y a pedirle consejos sobre cómo actuar con las chicas. Jess ha empezado a odiar un poquito al judío, y Cece repente se ha empezado a ver como la parte débil de la pareja.

Schmidt ha estado, como suele ser costumbre, genial, de principio a fin. Podría mencionar la escena en que empieza a enseñar a Nick y se mete tanto en el papel de profesor que incluso se cree que está escribiendo en una pizarra (y compara sus líos con universitarias con un “menú de degustación”). O cuando está en la carrera de la mujer llevando esa camiseta de “See Cece Run”, esperando a que aparezca su dama para darle agua, y al final se la lleva otro y él exclama: “Era el agua de Cece”.

También ha habido tiempo para decir alguna de esas frases típicas de niño pijo materialista snob (en este caso, algo sobre una especie de pañuelo de tejido pakistaní, o su cuchillo japonés). ¿Y qué me decís de todas esas metáforas para hacer mención al hecho de estar acostándose con la modelo? (“tengo comida hindú todas las noches”, “al final he llegado al templo hindú”). Otro momentazo ha sido cuando al final está cocinando con Cece y no para de reñirla constantemente, algo que me ha recordado al episodio Thanksgiving. En ese episodio un Schmidt que por entonces ni siquiera en sus sueños más húmedos podía haber imaginado lo que finalmente ocurrió, consiguió atraer la atención de la modelo durante una milésima de segundo en que le echó la bronca a la modelo-amante-de-los-tipos-duros. En seguida Schmidt bajó el tono y la trató “amablemente”, lo que hizo que Cece volviera a perder el interés. Es curioso que en este episodio hayamos visto una escena similar, pero en este caso Schmidt ha continuado comportándose como un chef protestón, y Cece como ya sabemos está metida de lleno en una situación que ni en sus pesadillas más horribles habría imaginado meses atrás.

Jess, como decía antes, se ha pasado todo el episodio enfadada con el mundo. Básicamente su cabreo estaba dirigido hacia Cece, por no haber compartido con ella su gran secreto, pero lo cierto es que la profe ha acabado decepcionada con todos. Sobre todo cuando se ha enterado de que sus tres compañeros de piso han fantaseado con ella en alguna ocasión mientras se masturbaban. Demasiado para la dulce Jess, que durante un rato ha decidido ocultarse tras un disfraz (de luchador mexicano, o de ladrón de dibujos animados, no lo tengo claro) para evitar que los chicos la volvieran a mirar.

Los flashes de las chicas han sido también un puntazo, no sólo por las situaciones que hemos visto (“entonces supongo que no soy virgen”, “tuve un sueño en que te mataba”, “era la mano que estaba dentro de Elmo”), sino por las pintas que llevaban las amigas hace una década. También ha sido destacable cuando Cece confiesa que vio en el cine Mi chica con otra compañera de clase.

Al final del episodio Jess se ha dado cuenta, por fin, de que a Cece le gusta de verdad Schmidt, y le da vergüenza admitirlo. No, no es sólo sexo. Aunque al principio fuera la hindú la que más insistió en dejar las cosas claras ante un Schmidt ilusionado con fardar de novia, dos meses después se ha dado cuenta de que siente algo más. Y, como suele ocurrir siempre en las películas y series, es demasiado tarde, porque Schmidt se ha acomodado (o más bien se ha autoconvencido, porque sabe hasta la hora exacta en que se acostó con Cece por primera vez) en tener esa relación sin complicaciones de amigos con derecho a roce. Así que aquí tenemos el nuevo conflicto de la pareja: ahora no se trata de mantener su relación en secreto, sino de ocultar los verdaderos sentimientos de Cece.

El otro foco de atención del episodio, aunque bastante ensombrecido por la historia entre Cece y Schmidt y la traición hacia Jess, ha tenido como protagonista a Nick. Cuando hablaba en las semanas anteriores de un cambio en la vida de Nick, desde luego no me refería a lo que se ha convertido en los dos últimos episodios. Los rollos de una noche con veinteañeras no es la solución a los problemas del camarero, aunque supongo que eventualmente se dará cuenta de ello. Pero mientras reordena sus prioridades, Nick se ha dedicado todo el episodio a intentar buscarse excusas creíbles para no volver a ver a sus rolletes después de pasar la noche con ellas. Muy maduro, Nick…

Por cierto, me congratula afirmar que Winston ha tenido buenos momentos en el episodio. Poco a poco está consiguiendo hacerse un hueco en la serie con su particular sentido del humor. Su interpretación de Theodore k. Mullins, el amante gay de Nick, ha sido tan surrealista e inexplicable como hilarante. También ha protagonizado el final del episodio, con ese interrogatorio a Cece sobre los motivos por los que se acuesta con Schmidt. “¿La tiene enorme?” Nuestro Mary Poppins (Schmidt dixit) está consiguiendo, por fin, que nos olvidemos de que comenzó siendo el suplente soso y sin chispa de Damon Wayans Jr.

En fin, ha sido un buen episodio, que me ha dejado con la sonrisa en la boca, y donde todos los personajes han estado geniales y frescos. Estoy deseando ver el siguiente episodio, en el que seguramente volveremos a ver al novio ricachón de Jess interpretado por Dermot Mulroney. Eso por no volver a mencionar el dúo Cece-Schmidt, que cada vez se pone más interesante…

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