Review New Girl: Pepperwood

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Desde que en los inicios de esta nueva temporada de New Girl la pizpireta protagonista se quedó en paro para luego encontrar trabajo como profesora de literatura de adultos, estaba deseando que nos mostraran alguna de sus clases y alumnos. ¿Darían mucho juego? Y aunque me han hecho esperar más de lo que quería, por fin en este Peperwood hemos podido observar cómo es el nuevo y peligroso trabajo de Jess. Menos mal que estaba Nick Miller para ejercer de protector… A todo esto, ¿sabéis lo que es un pogo? Pues si no lo sabéis, echadle un vistazo al capítulo y ya no veréis a vuestros amigos de la misma manera…

Principal punto positivo del episodio: aunque ha habido dos tramas, una de ellas ha implicado a todos los personajes de la serie, incluyendo a Cece. Ya sabéis que normalmente odio cuando los episodios se dividen de forma tan contundente en varias líneas argumentales que ni se cruzan entre sí.

En este sentido, he de decir que la entradilla del episodio no ha podido ser más modélica: en una sola escena se han puesto sobre la mesa todos los temas que iba a tocar en esos veintitantos minutos que han dado para mucho.

Así, hemos sabido que Cece está pasando unos días en el apartamento mientras arreglan la ducha de su piso (genial el comentario de Schimdt sobre la falta de proteínas de las modelos y su consecuente caída de pelo mientras se bañan, comparándolas con un jersey de baratillo). También hemos sabido que Jess está contentísima porque al fin tiene un alumno al que le ve potencial. Y por último, pero ni por ello menos importante, Winston, que iba en plan comando, ha protagonizado la situación incómoda del día cuando se ha chocado con Cece y le ha rozado con su pene (¡perpetuando el mito!).

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Así que cuando han aparecido los brevísimos títulos de crédito ya estaban puestas todas las cartas sobre la mesa.

Empiezo por Edgar, alumno aventajado de Jess: aunque la profe está ultracontenta de que al menos una persona atienda a sus clases y ponga en práctica sus consejos, cuando Nick echa un vistazo al relato de Edgar, comienza a temer por la vida de su amiga. ¡Y todo porque va sobre un psicópata y está escrito en primera persona! Todo el mundo sabe que si escribes algo en primera persona, eso es que estás hablando de ti mismo. Claaaro, claaaro…

Y es entonces cuando entra en juego Julius Pepperwood, el alter ego versión ex marine esquizofrénico con gorra y gafas de sol de Nick. ¡Menudo personaje! Es bonito que el camarero se preocupe tanto por su amiga, pero el show que ha montado ha sido de locos. Al menos ha servido para reafirmar sus sospechas, en cuanto ha visto el cuaderno de Edgar repleto de dibujos sangrientos. Uhhh, si fuera un niño de 9 años quizá me preocuparía, pero… En fin. Que Jess y Nick tenían cada vez más claro que el tío era un asesino, así que lo han seguido hasta su casa y han presenciado convenientemente cómo el fontanero con ínfulas de escritor sacaba de su camioneta una pesada bolsa de lona. ¡Blanco y en botella! Ahí tenía que haber un cadáver.

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Luego la cosa se ha desmadrado por completo: Jess tenía una tutoría con Edgar y estaba muerta de miedo en cuanto él le ha dicho que la protagonista de su historia estaba basada en ella y que quería matarla al final del libro (me he partido con su consejo de que el final del libro fuera que… el libro continuaba eternamente). Y Nick ha acabado encerrado en el cobertizo del supuesto psicópata, rodeado de dibujos amenazantes y para más inri recibiendo un sonoro golpetazo por parte de la ¿madre? del fontanero. Ha molado la conversación telefónica entre los dos protagonistas, una gritando “apricot” y el otro lloriqueando porque pensaba que se iban a cargar a su amiga.

Pero, amigos, esto es una sitcom, así que todo se ha solucionado con un chichón en la cabeza de Nick y una conjuntivitis para Jess, al percatarse de que Edgar no era ningún asesino y simplemente estaba escribiendo una novela GRÁFICA. Eso sí, el trauma ha sido igual o peor en cuanto se han dado cuenta de que la señora mayor era la esposa del Artista antes llamado Psycokiller. Eso ha sido bueno. Y no preguntéis qué hay en la bolsa de lona porque seguramente sería algún body bondage de esos que Schmidt tan bien conoce.

Por cierto, toda esta aventura ha servido de inspiración para una nueva novela de Nick sobre un detective zombie que trabaja junto a una tal Jessica Night. Al menos pinta mejor que su primera novela, ¿o no?

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Y ahora os voy a contar ya la historia del pogo. El pogo es aquello de lo que todos tus amigos hablan a tus espaldas en referente a algún defecto o problema tuyo. Nunca te lo dirán cara a cara, pero cuando no estés presente serás pasto de sus burlas y bromas más crueles. Ya sabéis, ojos que no ven…

El caso es que el desastre se ha desatado cuando Schmidt le ha abierto los ojos a Winston al decirle que siempre está rozando sus partes con los demás… o con la comida de los demás (puaj). Y que sus compis de piso se meten con él por eso.

Pero las tornas se han vuelto cuando Winston le ha dicho a Schmidt que él también tiene un pogo. Y el pobre Schmidt se ha llevado buena parte del episodio intentando descubrir qué era, a la vez que intentaba mejorar todo aquello de su físico que consideraba más desafortunado. Y así es como hemos tenido que sufrir la imagen más extraña y desagradable del episodio: la del Schimdt-audreyhepburniano.

Como era de esperar, al final todo el mundo ha descubierto sus puntos más criticados por los demás: de Schmidt eran sus uñas de los pies en plan aguileñas, de Jess que es una sabelotodo, y de Nick… bueno, Nick siempre ha sido un desgraciado, así que sus compis no se ríen de él, sino que comentan su situación con preocupación e intentan ayudarle sin que él lo sepa (metiéndole dinero en los pantalones o… machacando vitaminas en su comida, Schmidt rules!!!).

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A todo esto, Cece ha intentado por todos los medios saber cuál era su pogo, un poco al estilo de Schmidt aunque no tan destroyer, pero la respuesta que ha recibido en cada ocasión por parte de cada uno, ha sido bastante divertida: esto no es cosa tuya, esto es algo entre los compañeros de piso solamente. ¡Si es que estos cuatro están hechos una piña!

En fin, un episodio más que me sonsaca más de una sonrisa, aunque no ha estado a la altura de los de las últimas semanas. Aunque me ha gusto ese punto autoirónico del principio cuando Jess ha comenzado a hacer sus típicos bailes y canturreos y la han obligado a poner dinero en un bote al estilo del de Schmidt, pero en vez de por decir tonterías, el suyo es por hacer cosas “molestas”. ¿Guiño a aquellas personas que dicen que les parece un poco cargante la protagonista?

¿Qué me decís vosotros? ¿Qué tal el episodio?


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