Review New Girl: Neighbours

El otro día, navegando de un tumblr a otro, dejando pasar las horas de reblogueo en reblogueo, vi una imagen que me provocó una sonrisa un poco amarga. Se trataba de una frase que decía: “Aún pienso que 1990 fue hace diez años”. ¡Y es que no pueden tener más razón! Al menos a mí me ha pasado más de una vez que echo la vista atrás y me sorprendo al darme cuenta de que hace varios años que dejé de ser una recién licenciada, o que tal película la vi en el cine hace ya 10 o 15 años. ¿Qué por qué os cuento todo esto? Pues porque en el episodio de esta semana de New Girl se nos han puesto profundos tratando temas como el paso del tiempo, las nuevas generaciones, lo que sentimos cuando nos vamos haciendo mayores… Y ahora viene cuando os dejo con la review.
El capítulo ha comenzado de forma prometedora, haciendo un pequeño repaso (¿homenaje?) de series míticas de los años 80 y 90 a través de las imitaciones un tanto penosas de Jess: Frasier, Alf, Cosas de casa… Y he de reconocer que mi reacción cuando he visto a Jess diciendo “¿He sido yo?” ha sido idéntica a la de los chicos: ¡El Horror!

Lo malo es que el momento nostálgico se ha quedado ahí y en una mención a una colonia pasada de moda. ¡Con lo que hubiera molado un episodio entero lleno de referencias, a lo grupo de Facebook de: “Yo fui a la EGB”! Aunque, pensándolo bien, seguramente la mitad de las mismas no significarían gran cosa para nosotros por desconocerla. Mmmm…

Pero vamos al lío. En este episodio hemos conocido a unos nuevos vecinos, veinteañeros, que son los que han causado todos los conflictos entre los personajes, aún sin pretenderlo. Su simple aparición ha supuesto que Nick y Schmidt acabaran discutiendo sobre quién de los dos era más viejo, y de hecho, todo el tiempo Nick se ha dedicado a realizar bromas pesadas a Schmidt para que éste pensara que estaba envejeciendo.

Y jo sé para qué, cuando todos sabemos, sin necesidad de pasarse a pensarlo mucho, que Nick es un cascarrabias viejuno, y de hecho lo hemos visto en un pequeño flash comportándose de esa manera cuando no era más que un crío. Ha estado bien verlo de pequeño, al igual que ese otro momento donde éste y Winston se planteaban hacerle una broma al profesor. La verdad es que esas pequeñas escenas-flashback siempre quedan de fábula en la serie (en cualquier serie, diría yo).

En fin, Schmidt y Jess han intentado intimar con sus nuevos vecinos, y para sorpresa de todos, resulta que Jess ha caído en gracia entre los veinteañeros, mientras que a Schmidt no lo podían soportar (sobre todo cuando le ha dado por hacer el parkour, algo que en la primera temporada hizo más de una vez y que, no lo puedo evitar, a mí siempre me hace gracia).

Así, la protagonista ha encontrado un grupo de gente que le ha aportado todo aquello que quizá eche de menos ahora que no es profesora (estar rodeada de gente más joven) y también todo aquello que sus compañeros de piso no han sabido ser capaces de darle en estos momentos de inseguridad que está viviendo. Me refiero a cosas como que los chicos parecían sorprenderse con cualquier cosa que Jess dijera o hiciera, se han partido de risa cuando ha imitado a Steve Urkel (aunque creían que había sido invención suya porque no conocían la serie… ay, bendita su suerte) y alababan su peinado, su manera de ser “iconoclasta y moderna” (esa chica seguro que era seguidora del instagram de Zooey Deschanel)… ¡Incluso han mostrado admiración al saber que estaba trabajando en la cocina de alguna franquicia de comida basura!

Ah, por cierto, ha habido un momento, cuando estaban sentados en el sofá, que con tanto toqueteo pensaba que al final invitarían a Jess a formar parte de esa orgía amoroso-festiva que se traían entre manos los jóvenes. ¿Lo habéis pensado vosotros también o ha sido todo fruto de mi mente calenturienta?

En cuanto a las bromitas pesadas de Nick, ha habido de todo. Desde mancharle la cama con orina para que pensara que tenía incontinencia nocturna, hasta cambiarle las lentillas por otras de distinta graduación, pasando por hacerle creer que la TV estaba altísima cuando no era así. Eso por no mencionar el retorcido plan para que pensar que había encogido al medirse de nuevo en la pared (ha sido bastante gracioso ver a Nick explicando todo el proceso, casi tanto como esa mirada maligna al final del episodio diciéndole a Jess que tenga cuidado porque quizá la próxima víctima de sus bromas sea ella).

El mejor momento del episodio, de todos modos, ha sido cuando los chavales han puesto a parir a Schmidt y éste se ha convertido en el hombre más feliz del planeta al percatarse de que lo odiaban por ser un gilipollas, y no por ser viejo. La frase que ha soltado de que la personalidad sí la puede cambiar, ha sido desternillante.

Winston, por su parte, ha sentido un impulso irrefrenable de cambiar de trabajo al darse cuenta de que iba a pasarse toda la vida en un puesto donde no podía aspirar a nada más (la culpa la ha tenido alguna página web de esas que te informan muy amablemente de cuándo te vas a morir). Y finalmente ha conseguido un programa de madrugada para él solo. Me resulta curioso que el año pasado se llevara veintitantos episodios sin saber qué hacer con su vida, y ahora en un solo capítulo ve las cosas tan claras y decide ir a por ello con toda la seguridad del mundo.

Poco más puedo añadir de este episodio, porque me ha parecido un tanto flojo, aunque supongo que es normal que en una temporada tan larga haya mejores y peores capítulos. Desde luego, lo que tengo claro es que este en concreto no creo que aguante demasiado en mi retina, es más, ahora mismo me pongo a repasar mentalmente sus escenas y no hay ninguna que pueda destacar.

Esperemos que el de la próxima semana suba un poco el nivel, ¿no?

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