Review New Girl: Models

No me queda otra que utilizar este breve espacio introductorio para presentaros mis disculpas debido a lo tardío de la publicación de la review de New Girl, pero tengo una buena excusa: llevo toda la semana pasada de mudanza. Y, como experta en la materia que soy (ya van seis en tres años), me permito el atrevimiento de aconsejaros algo: ¡¡NUNCA OS MUDÉIS!! Es una de las experiencias más cansadas y estresantes que he vivido nunca. El caso es que no fue hasta anoche que pude, por fin, ver el episodio. Y ha sido hoy cuando he podido sentarme un buen rato a escribir unas líneas sobre lo que me ha parecido el mismo. Y, sin más preámbulos, os dejo con mi opinión después del salto.

Lo primero que he de decir es que, titulándose el episodio Models, y viendo cómo había comenzado, esperaba otra cosa totalmente diferente a lo que finalmente ha resultado ser. Me había hecho a la idea de que en estos veinte minutos asistiríamos a un gran fiestón para celebrar el cumpleaños de Cece, donde se le daría protagonismo a sus amigas modelos y a sus tontunas varias, pero al final todo eso ha quedado reducido a un par de escenas, dedicándose el resto del episodio a otro tema que me ha parecido mucho más interesante: la amistad. Y más concretamente, se ha puesto sobre la mesa una duda que es posible que todos hayamos tenido alguna vez en nuestra vida: ¿seríamos amigos de nuestros amigos, valga la redundancia, si los hubiéramos conocido hoy en día? ¿Y si ya no tenemos nada en común con nuestro amigo de toda la vida? ¿Y si hemos cambiado tanto que todo aquello que nos unió en un primer momento, ya no existe?

Por esta razón, yo creo que el título del episodio podría haber sido otro, que evocara más todos esos pensamientos que me han venido a la cabeza cuando lo estaba viendo, y que en pantalla se han visto reflejados tanto en la relación entre Cece y Jess, como en la de Nick y Schmidt (geniales estos dos).

Como decía antes, todo ha empezado con la celebración del cumpleaños de Cece, quien, por primera vez en su vida, ha decidido hacer una fiesta con todos sus amigos y compañeros de profesión, en lugar de encerrarse en casa a hacer frikadas con Jess. Como era de esperar, a Jess esto no le ha sentado nada bien. Ha tenido su gracia ese momento en que se nos muestra cuál es el tipo de conversación que suele mantener con las modelos (señalando muebles y cosas y describiéndolas), así como ese anuncio ruso del mono de las galletas. Hay que reconocer que eso ha sido un puntazo, y ver a la pobre Jess imitando luego al mono a petición de Nadia, no ha tenido precio. Menos gracioso me ha parecido el momento ataque tetil, aunque ha habido una frase justo antes que sí me sonsacó una sonrisa: cuando Cece le reprocha que la haya dejado en vergüenza delante de sus “colegues”, y Jess responde de manera irónica que tampoco es que trabaje para la ONU.

Pero como decía, la fiesta ha acabado pronto y las modelos han pasado a un segundo plano (Nadia ha tenido un par de frases más, pero es que a ese personaje me es imposible pillarle el punto, es demasiado surrealista), pasando entonces a un segundo nivel, el de: la profesión de modelos no requiere ningún esfuerzo (al menos, mental).

Y así es como, en uno de los momentos de product placement más evidente y largo que yo recuerde en la historia de las series de televisión, Jess ha sufrido en sus propias carnes los riesgos y la dureza de ser modelo (ejem, ejem…) cuando ha decidido suplir a su mejor amiga, que estaba viviendo su propio “resacón en Las Vegas”.

No ha sido una escena demasiado afortunada, porque sólo podía pensar durante todo el rato en cuánto les habría pagado Ford por semejante pedazo de anuncio, además de que era bastante previsible que Jess iba a ser muy patosa y que eso le “abriría la mente” y reconocería el valor del trabajo de su amiga. Además de que si yo fuera Cece, no sé si le agradecería el gesto, porque en lugar de salvarle el pellejo a mí me ha dado la impresión de que la ha hundido aún más (imaginaos esos organizadores del evento, queriendo a una modelo profesional y encontrándose con una suerte de Steve Urkel femenina).

Por otra parte, Schmidt y Nick han protagonizado la mejor trama del episodio (lo que tampoco es decir mucho, porque esta vez sólo había dos tramas). Me ha encantado cómo han llevado sus escenas, con ese toque de patetismo por parte de Schmidt, ese Nick que ha pasado de estar enfadado con el mundo a no saber por dónde tirar, y un Winston que para mí ha estado sembrado en esta ocasión, poniéndose de lado del judío, y dándole a Nick un discurso de aúpa, de esos para recordar (y genial la forma que ha tenido de acabarlo: “así que… BUENAS NOCHES”).

Todo ha comenzado de la forma más inocente posible: Schmidt le ha dado a Nick una galleta, diciéndole que la había visto en una tienda y había pensado en él. Por supuesto, eso ha creado un grave conflicto en la mente del cascarrabias de Nick, quien lo primero que ha preguntado ha sido si le había echado algo a la galleta (lo que me ha recordado a este chiste que vi el otro día):

Pronto, Nick ha empezado a ser consciente de que su relación con Schmidt siempre ha sido un tanto desigual: él siempre va a lo suyo, nunca piensa en su amigo, y nunca le agradece nada de lo que hace, aunque sean cosas tan bizarras como como alinearle los zapatos en la puerta, grabarle su programa favorito, limpiarle el cuarto y la ropa sucia, o… prepararle un servicio de habitaciones en su dormitorio.

Como digo, las escenas de Winston dándole la razón a Schmidt han sido bestiales, la verdad. Por fin le han dado al personaje unas líneas más interesantes de lo habitual. Y es que él también tenía sus propias quejas de Nick, como su falta de sensibilidad y su pasotismo.

Esta situación ha provocado que el camarero se empiece a comer el coco hasta tal punto que, cuando Schmidt ha despreciado la galleta que él a su vez le había comprado en el supermercado como agradecimiento, ha acabado llorando, al igual que su amigo había hecho, también, el día anterior. La verdad es que la amistad entre tíos siempre me ha parecido más cómica de representar que la amistad femenina, como que da más juego. Y ver a los tres amiguetes abrazados, llorando y profesándose amor eterno (de amigos), me ha resultado bastante gracioso (¿recordáis Scrubs? Eso sí era amistad).

En definitiva, ha sido un episodio que no ha estado nada mal, aunque sí que me ha dado un poco la sensación en algunos momentos de que los actores se habrán reído más grabando ciertas escenas que nosotros los espectadores al verlas (y me refiero principalmente a la pelea entre Jess y Cece, los momentos del pasado de Nick y Schmidt en la habitación de la residencia universitaria).


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