Review New Girl: Halloween

Es muy tentador utilizar la oportunidad que me brinda esta entradilla para poner a parir la fiesta de Halloween, quejándome de que en los últimos años se haya arraigado de tal forma en nuestro país cuando nunca ha sido una tradición nuestra, recordando que cuando era pequeña nunca se hacía nada especial el 31 de octubre, o criticando que todas las páginas que suelo visitar se hayan llenado en las últimas semanas de posts referentes a recetas “terroríficas”, manualidades para hacer monstruitos o imágenes de películas de miedo. ¡No! No lo haré. Es cierto que es una fiesta que ni me va ni me viene, pero cada cual es libre de hacer lo que le parezca (y seguramente cuando dentro de unos años tenga algún churumbel, acabaré disfrazándolo de esqueleto o brujilla). A todo esto, el episodio de esta semana de New Girl me ha e-n-c-a-n-t-a-d-o. ¡Ha sido perfecto! ¿Lo comentamos?

Ha sido un gran capítulo, porque ha habido de todo: momentos muy divertidos, frases ingeniosas, humor físico, una buena dosis de adorabilidad, y además, cada personaje ha disfrutado de su tiempo para desarrollar sus historias y su personalidad.

De hecho, uno de los aspectos que más me ha gustado ha sido que hemos podido conocer con mayor profundidad a dos personajes que han aparecido en esta segunda temporada, y que hasta ahora estaban un tanto desdibujados: Sam y Robby. Y lo que hemos descubierto de cada uno de ellos ha sido de lo más sorprendente.

Empezando por el noviete de Cece, he de decir que me ha resultado de lo más grato saber un poco más de él, y descubrir, a la vez que Schmidt, que es un gran tío, nada que ver con la imagen que podríamos tener de él como una persona un tanto atontada que ha tenido un golpe inesperado de suerte al poder salir con una chica como Cece.

Me ha parecido graciosísimo el momento en que un Schmidt que sigue colado por la modelo y cuyos celos iban en aumento, ha intentado por todos los medios propinarle un cabezazo a su rival disfrazado de Tortuga Ninja, topándose en todas y cada una de las ocasiones con un gran obstáculo en forma de la manaza de Robby. Ha sido genial porque pese a todo, no dejaba de intentarlo, aunque fuera consciente de que no tenía nada que hacer. Ha sido entonces cuando, como suele ser habitual en las pelis, los dos rivales han pasado de intentar pegarse a hacer buenas migas, percatándose de que… ¡oh,se caen bien!

No sé en qué derivará ahora la relación entre Schmidt y Cece, ya que en este episodio parece que han dejado de lado cualquier rencor que pudieran tener el uno con el otro, y encima Schmidt incluso ha dado su bendición a la parejita, en otra escena genial en la cual se ha quitado su disfraz de Abraham Lincoln para cedérselo a Robby, y ha acabado disfrazado de Matthew McConaughey en Magic Mike. Un disfraz que creo que le viene al pelo. Pero, como suele ocurrir en este tipo de historias… ¿es posible que ahora que el judío parece haber puesto punto y aparte, la mirada de Cece al final indique que aún siente algo por él?

De momento, ambos han protagonizado su propio momento cute cuando han reconocido que se echan de menos y que quieren seguir saliendo juntos, aunque sea como amigos, y con Robby de la mano de Cece.

Y de la espléndida trama de Schmidt, pasemos ahora a un Winston que de nuevo ha tenido sus buenos momentos, lo cual es de agradecer. ¡El pobre no tiene la culpa de que siempre lo hayan dejado en un segundo plano! En este episodio ha ocurrido algo que era bastante previsible: ha cortado con su novia, la sosa de Shelby. Como bien le ha dicho Schmidt, se había convertido en una simple amiga a quien le pagaba la comida, ya que lo que se dice mojar, no mojaban mucho.

La gota que ha colmado el vaso ha sido cuando, la noche de Halloween, Winston esperaba que ambos aparecieran disfrazados de algo sexy, y la chica se ha presentado con un pomposo traje en plan princesa Disney, repleta de peluches de gatitos y perros, en jocosa referencia a un dicho inglés (it’s raining cats and dogs).

Me alegro por el pobre de Winston, y espero que ahora le den un poco de más cancha junto a Schmidt, buscando ligues en las discotecas y tal…

El episodio ha dado mucho más de sí: ha tenido para todos. Y Nick no iba a ser menos, y ha vivido su propia historia de amor-terror condensada en veinte minutos. Se trata de Amelia, una chica de la que siempre estuvo enamorado en la Universidad, pero a la que nunca se declaró, pese a sus intentos infructuosos de pagafantas en plan “te llevo en coche a tu casa aunque vivas en otra ciudad”, “ay, ven que te quite una pestañita de la mejilla” o “¿quieres que te dé un masajito en la espalda?”.

Todo ha sido muy rápido: en cuanto se han vuelto a ver, los dos han acabado en la cama… y ha sido entonces cuando el bonito sueño de Nick se ha transformado en pesadilla, porque la chica era demasiado… todo. Demasiado fogosa, demasiado besucona (y con besos de esos llenos de babas, puaj), demasiado cariñosa… Y demasiado rápida: no ha tardado ni un día en enseñarle al camarero una calabaza hecha por ella con la imagen de ambos dos y… un perrito. Obviamente, la “relación” estaba destinada al fracaso, y así ha sido como Nick se ha sincerado con la chica hasta llegar a un punto un tanto cruel, la verdad. Y la chica ha dicho una frase muy acertada refiriéndose a que ella es una persona real, no el ideal que tenía Nick en su cabeza todos esos años.

Por último, a nuestra pobre Jess, que estaba súper graciosa disfrazada de zombie (como le han dicho al principio, parecía Woody Allen de zombie), le han roto el corazón. La chica seguía con su relación abierta y sin compromisos con el buenorro de Sam, pero en este episodio hemos conocido un poco más sobre el chico, y… ¡parecía (¡es!) un tío ideal! Con un buen trabajo (pediatra), encantador con los niños (algo que siempre toca el corazoncito de una mujer), y encima con un toque salvaje en la cama… Ains… No me extraña que Jess haya acabado rendida a los pies de semejante maromo, y haya empezado a plentarse el tener una relación seria con él.

Y todo parecía ir sobre ruedas. El adorable Sam incluso ha aparecido en la fiesta de Halloween con nariz de payaso, sólo para contentar a Jess, ya que le había dicho que no le gustaban los disfraces. Para ella esa era la prueba que necesitaba para convencerse de que el sentimiento era mutuo, y ha sido entonces cuando se ha tirado de cabeza a una piscina que sabíamos de antemano que no tenía agua.

Y es que el bueno de Sam se encontraba totalmente a gusto con la relación que tenía con Jess. Es más, tenía varios rolletes a la vez. Lo cual no es malo, porque desde un principio ambos habían dejado claro el tipo de relación que tenían, pero… Ha sido muy triste ver cómo la profe en paro ha recibido calabazas, y de nada ha servido el intento fallido de Nick de avisarla justo antes (aunque para eso haya tenido que superar su propio miedo a meterse en una casa del terror). De hecho, el plan de Nick ha salido justo a la inversa, porque del susto ha acabado pegando sin querer un puñetazo a su amiga en la cara, y ahí estaba el dulce y protector de Sam para reconfortarla, creando el ambiente ideal para que la chica se declarara.

El final ha sido la guinda del pastel, por cierto, con una nueva escena de Nick y Jess compartiendo confidencias, rematada por ese surrealista momento en que el chico se levanta decidido a aceptar un puñetazo bien dado por parte de ella, para que estuvieran en paz.

¡Un gran capítulo, señores!


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