Review New Girl: Fancyman (Part II)

En las últimas semanas New Girl está consiguiendo ofrecernos los mejores episodios de la temporada. Parece que por fin han encontrado ese tono que mejor les va, potenciando los aspectos más positivos y cómicos de cada personaje, y contando además de forma ocasional con actores invitados que elevan la calidad del producto final. La segunda parte de Fancyman prometía, y no ha defraudado en absoluto…

Es increíble cuántas hemos visto y se nos han contado en este episodio, en tan sólo veinte minutos. ¡Menuda manera de aprovechar tan poco tiempo! Y es que hemos tenido tiempo para todo y para todos: hemos asistido a los primeros pasos de Jess y Russell como pareja, a la consolidación de la relación entre Winston y Sherry, Nick ha re-descubierto una parte suya que hacía tiempo que no salía a la luz, y encima han pillado con las manos en la masa a Cece y Schmidt. Ha sido un continuo ir y venir de personajes, de modo que el episodio ha sido de lo más dinámico y entretenido.

Nick sigue su particular camino hacia el autoconocimiento y la autoaceptación que debiera cambiar el rumbo de su vida. En esta ocasión hemos conocido a uno de sus compañeros de Universidad, Dirk, de profesión “tío interesante”. ¿Un nuevo modelo a seguir para el disperso Nick? Después de la impresión que le causó Russell el pasado episodio, el casi-abogado se ha pasado todo el tiempo al lado de este amiguete, dejándose tentar por las mieles del éxito.

Dirk es una de esas personas que te cautiva con su palabra, un hombre sabio que siempre tiene un consejo a punto para cualquier persona que lo necesite. Su pose intelectual y desaliñada parece ser un imán para las veinteañeras universitarias que acuden a sus clases. Es el “profe guay”. De estos conocí yo unos cuantos en mi facultad…

Y así es como llegamos al fiestón que se organiza en el apartamento de los chicos (¿dónde estaría ese landlord con afición a los menage a trois?) con el reparto completo de La red social, adecuada descripción que hace Jess en cuanto ve que la media de edad del lugar no sobrepasa los 25 años. Como apunta Nick, ni siquiera conocían Salvados por la campana (qué recuerdos…).

Nick descubre que, aunque para los treinteañeros no es más que un perdedor, para las chicas de veintitantos se torna en una especie de sex symbol. El poder del cóctel, amigos, o si no que se lo digan al Tom Cruise de Cocktail. O no. La verdad es que yo con esa edad no sentía ninguna atracción especial por los camareros, ni aunque los llamaran “barman”, que queda como más sensual.

Así que, como ya decía antes, Nick ha vuelto a sus orígenes estudiantiles, lo que incluye una noche loca bebiendo sin parar, un rollo de una noche y, cómo no, el típico vómito borrachín. No quiero ni imaginarme la resaca de nuestro amigo.

El final del capítulo ha sido de lo más divertido, con un Nick imaginándose que estaba en medio de un terrorífico bosque abandonado a su suerte por sus amigos. Eso, después de creerse que había saltado del coche en marcha. Como acabo de decir, menuda resaca la espera al chaval.

Jess y Russell tenían pendiente una cita, que no hemos visto en el episodio, excepto el final de la misma. Confiaremos en la palabra de la protagonista, según la cual dicha cita había ido sobre ruedas excepto por un final un tanto desorientador: en lugar de darle un beso, Russell se despidió con una palmadita en la espalda. ¿Puede haber algo peor?

Jess ha actuado en este episodio como Carrie Bradshaw, analizando los motivos y causas del comportamiento de su ligue, y llegando a conclusiones precipitadas basadas en… nada. Nick lo tenía claro: simplemente fue cosa de los nervios. Pero no, Jess empieza a pensar que no está a la altura y que la diferencia de edad es demasiado importante como para no tenerlo en cuenta, así que la segunda cita acaba siendo un desastre cuando empieza a actuar de una forma pretendidamente “madura”. La espantá de Russell es la gota que colma el vaso de la profesora, que acaba la noche acompañando a Nick y los jovencitos en la gran juerga padre.

Al final, cómo no, todo acaba bien: efectivamente, Russell estaba nervioso en la primera cita, y en la segunda tuvo que irse tan rápido por una urgencia referente a su hija. Todo solucionado: los dos recién enamorados acaban besándose en el coche, en una romántica velada amenizada por los gritos del borracho Nick y los ronquidos y manotazos de Dirk en la parte trasera del vehículo.

Supongo que eso significa que seguiremos viendo a Dermot Mulroney en algún que otro episodio más. Me gusta. Como dije la semana pasada, quiero ver cómo se interrelaciona con Schmidt.

Ay, Schmidt, Schmidt. Poco a poco se ha ido atando a Cece, y viceversa. Cuando en una sitcom dos personajes llevan una relación secreta, esto siempre supone una sucesión de escenas hilarantes que dan mucho juego. Recordad sino el caso de Chandler y Monica en Friends. Creo que en New Girl no están aprovechando todo lo que podrían este hecho, pero aún están a tiempo de sacarle partido (de momento Winston es el único que lo sabe). En este episodio ha habido algo de esto, cuando Cece ha dicho a todos que se estaba viendo con alguien pero ella era la “jefa”, algo que ha sentado fatal a un Schmidt que durante buena parte del capítulo la ha mantenido a raya. Ni su generoso escote ni sus intentos de seducción han conseguido vencer el orgullo del chico. Genial el momento en que aparece vestida de secretaria. Pero no os frotéis las manos, porque la imagen resultante ha sido una mezcla entre Señorita Rottenmeyer y María Teresa Campos.

Ha tenido su punto tierno el momento en que Cece le confiesa a Schmidt que es más importante para ella de lo que le hace ver. La parte cómica ha quedado esta vez en manos de un Winston que no daba crédito a sus ojos, y se ha quedado bastante traumatizado al no concebir que un tipo como Schmidt pueda ligarse a una modelo.

Winston también ha tenido su trama, no os penséis que se ha limitado a descubrir a los amantes desnudos y poner una chipmunk face. No. Su novia iba a pasar el fin de semana en México para celebrar una despedida de soltera, y él se ha despedido diciéndole que agradecía tener un poco de espacio en su relación. Malditas palabras. En cuanto el niñero se ha parado a reflexionar sobre sus palabras, se ha dado cuenta de que casi estaba lanzando a Sherry en brazos del primer mexicano que se encontrara… y ni corto ni perezoso ha cogido el volante para cruzar la frontera. Se podría interpretar como algo romántico, pero a mí me ha parecido un poco psicópata. Ha sido en este viaje donde ha acabado descubriendo a sus amigos retozando en el maletero… pero le han chantajeado con contar a todos la clase de canciones que escucha y canta cuando está solo… por no mencionar la vergonzosa conversación telefónica que ha mantenido con su enamorada. Sólo les faltaba el típico “cuelga tú, no tú…”.

En fin, como digo me ha dejado muy buen sabor de boca este episodio, así como el anterior, con lo cual puedo decir con la boca llena que la maldición que sobrevolaba esta serie se ha roto. Me refiero a esa tonta teoría mía de que si había un episodio bueno, el siguiente tenía que ser malo con toda certeza. Espero que sigan en racha, como los equipos de fútbol que se mantienen imbatibles durante varias jornadas seguidas.


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