Review New Girl: Cece Crashes

feeling

Cece crashes… Uummm. Confieso que a priori no me parecía demasiado prometedor un episodio cuyo título hacía presagiar que la amiga modelo de Jess iba a tener más peso en la trama. Tenía la sensación de que iba a ver un capítulo tan soso e insípido como la propia Cece. Pero no ha sido así, al contrario. Me he estado riendo sin parar durante los veinte minutos, y además Cece ha servido de catalizador para algo que ya todos nos olíamos desde el principio… Pero no adelantemos acontecimientos, que esta es sólo la entradilla.

Nick y Jess, Jess y Nick. Todos sabemos que estos dos están predestinados a tener una relación más allá de la amistad desde que vimos el episodio piloto. Ya sabéis, eso de tener que superar a la vez una ruptura amorosa une mucho. Y verse desnudos el uno al otro, une mucho más. Lo que todos teníamos bastante claro (aunque yo cierta vez me pregunté sobre los otros dos posibles emparejamientos), Cece lo ha puesto sobre la mesa dejando a su amiga de piedra.

Si Jess ya es bastante rara habitualmente, en este episodio se ha portado de forma aún más extravagante si cabe, desde el momento en que su amiga ha dejado caer que Nick se siente atraído por ella. Desde entonces hemos asistido a todo un recital zooeyesco de lo más perturbador. Como cuando se ha puesto a dar vueltas en el supermercado para ver si los pies de Nick apuntaban a ella todo el rato (y ojo, lo hacían). Nunca había oído esa teoría de los pies, pero a partir de ahora voy a estar todo el rato mirando hacia abajo para ver si mi novio cumple con ella (¡pobre infeliz como sus pies apunten a otro lado!). O cuando ha salido corriendo del coche después de que él le regalara una rosa para que la vendedora ambulante los dejara tranquilos. O, lo peor, cuando le ha dicho que ella no usa papel higiénico (WTF?).

posturita … o su postura repelente de hombres

El caso es que Jess no quiere arruinar su amistad con los chicos, y realmente no parece que hasta ese momento haya pensado en Nick de ninguna manera especial (y viceversa), pero basta que alguien te dé un empujoncito para que empieces a plantearte cosas que hasta el momento no veías factibles. Aunque parece ser que nuestra protagonista no se percata nunca de las maniobras de seducción del sexo opuesto, a juzgar por el descacharrante flashback en que hemos visto a un pequeño llamado Eduardo siendo traumatizado de por vida después de declararse a una Jess preadolescente.

En fin, ha sido este un primer y pequeño paso para un posible inicio de tensión sexual no resuelta, que supongo que seguirán desarrollándolo de forma más bien lenta, sin ningún tipo de prisa. Más que nada porque aunque a Jess se le acabe de encender el pilotito, Nick sigue en su mundo y hasta el momento no he visto ninguna señal por su parte de que sienta algo por ella, aparte de buen rollo, o cariño. Lo único que es seguro es que esta nueva situación tiene pinta de poder darnos momentos muy divertidos junto con otros bastante dulces y tiernos, tal y como son ellos mismos (qué moña me ha quedado esto, ¿no?).

Los otros dos chicos, Winston y Schmidt, que cada vez tienen más tramas en plan dúo cómico, esta vez han competido para conseguir la atención de Cee, que ha pasado un par de días conviviendo con todos después de romper con su novio de tres semanas.

Mi personaje predilecto, Schmidt, ha vuelto a tener varios momentos a destacar, y ha vuelto a conseguir, de nuevo, arrancarme varias risas y sonrisas. Su primera aparición ha sido mítica. Ataviado con un mini-kimono (y presumiblemente sin ropa interior), se ha sentado en el sillón con sus piernecitas cruzadas ante la atónita mirada de sus amigos (“Tú antes no eras así”, “Estás mucho peor”). Pero de nada han servido las protestas, Schmidt estaba muy contento con su milenario kimono hecho a mano en China (ejem…).

kimono Momento Kimono

La llegada de Cee ha servido para que mi ojito derecho recuperara un poco su masculinidad intentando conquistarla, incluso siendo capaz de vencer sus fobias (impagable el momento “gato-pájaro”) para estar cerca de ella.

Otro momentazo ha sido cuando ha empezado a hacer parkour por toda la casa, o cuando ha hecho de perro pastor para dirigir a la chica a su cama. Y, sobre todo, cuando ha intentado adivinar cuál es la procedencia racial de la modelo y ha empezado a inventarse palabras, y luego, al enterarse de que es de la India, se ha puesto a enumerar todas las cosas que conocía de ese país (le ha faltado alguna referencia a El templo maldito de Indiana Jones).

Por cierto, qué grande la definición que ha hecho Jess sobre por qué Schmidt mola tanto. O, En resumen, ha venido a decirle que si ignoramos todas las cosas que hace a propósito y nos concentramos en todo aquello que hace por accidente, estaríamos ante un buen tío. Él se lo ha tomado como un piropo, yo no estaría tan segura de ello si alguien me dijera algo así.

tejado Schmidt poniendo su vida en peligro por amor

Aunque lo habitual en esta serie es que los mejores momentos estén protagonizados por Schmidt, o por la dupla Nick-Jess, no quiero dejar de mencionar que Winston también ha tenido alguna frasecilla graciosa, y hasta Cee ha tenido sus momentos (“Mi cara es mi trabajo”, o cuando le ha dicho a Schmidt que si le decía a alguien que se han cogido de la mano, tenía en su agenda los teléfonos de dos matones).

Un episodio muy divertido, como ya viene siendo habitual. Cada vez me caen mejor todos los personajes, cada vez voy descubriendo cosas nuevas de ellos que provocan que me vaya encariñando poco a poco con cada uno. Incluso empiezo a ver con mejores ojos a la modelo, a la que en este episodio han dado más cancha, y espero que sigan por ese camino y dejen de sacarla para soltar una sola frase en todo un episodio.

Como podéis comprobar, yo he pasado un buen rato. ¿Y vosotros? ¿Os ha gustado, no os ha gustado tanto…? ¿Qué opináis?


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