Review Nashville: You’re Gonna Change (or I’m Gonna Leave)

El título del episodio, You’re Gonna Change, nos anunciaba lo que veríamos en el 1×06. Cambio es la palabra clave. Lo vemos en la actitud de Teddy frente a la campaña electoral, en los ojos con los que Scarlett ve a Avery y, sobre todo, en el comportamiento de Rayna y Juliette. El 1×06 nos deja varias cosas para comentar, aunque sea con mucho retraso. ¿Le echamos un vistazo a You’re Gonna Change?

Como decía en la entradilla, los cambios son la tónica general en este episodio. Empezando por las protagonistas: parece que Rayna y Juliette juegan a intercambiarse los roles. Mientras una – Jaymes – parece lanzada a un nuevo sonido y al estilo de vida desordenado que conlleva,  la otra – Barnes – ha encontrado a alguien que puede conducirla al sendero de la moderación y la serenidad.

Por otro lado, Scarlett se quita la venda de los ojos y es testigo de cómo la ambición se apodera de su amado. Mientras, la carrera a la alcaldía de Nashville continúa y Conrad hace aquello que dijo que jamás haría: jugar sucio. Empecemos por él.

Estaba claro que, tarde o temprano, Teddy acabaría contagiándose de las malas artes de Lamar. En este caso, el objetivo es retrasar a Coleman en su comparecencia conjunta ante los medios para firmar una especie de tratado de fair play y, de ese modo, poner en cuestión su compromiso con la causa. Lo que iba a ser un rutinario – y planeado – control de tráfico, acaba desatando un escándalo que ni siquiera Lamar podría haber soñado.

En el registro al coche de Carlisle, la policía encuentra las pastillas de oxiticina que Deacon le dio en el capítulo anterior. ¿El próximo alcalde de Nashville sospechoso de consumir estupefacientes? Lamar debía estar frotándose las manos. El pasado de Coleman no juega a su favor y sus problemas de alcoholismo – que parecen ser de dominio público – hacen que la sombra de la duda planee sobre él.

La cosa termina con una declaración pública de inocencia, con análisis de orina incluido. Será interesante comprobar si Conrad y Wyatt se guardan este as en la manga para futuras maniobras y cuál será la reacción de Rayna si llega a enterarse de que su marido ha entrado en el juego de su padre.

No obstante, Coleman tampoco es precisamente una hermanita de la caridad y tiene también trapos sucios que airear. El detective que seguía a Teddy y Peggy en el capítulo anterior no era un esbirro de Lamar sino de Coleman, que ahora tiene unas fotografías con las que desacreditar a su contrincante. Veremos cómo continúa y si Coleman está dispuesto a perjudicar a su amiga Rayna con tal de recabar unos cuantos votos.

Vayamos ahora con Scarlett y Avery, cuya trama me ha convencido más en este episodio que en los anteriores. La rubia finalmente se ha decidido a dar el paso de abandonar a su egocéntrico y caprichoso novio. ¿El motivo? Una infidelidad que no llega a cometerse pero, como suele decirse, la intención es lo que cuenta.

El grupo de Avery quiere llamar la atención de Reid Olson, un promotor que puede conseguirles una actuación como teloneros de un reconocido grupo. La cosa no va demasiado bien cuando, por el camino, aparece una mujer dispuesta a ayudarles, aparentemente, sin ninguna contraprestación. Aparentemente…

Marilyn Rhodes es una manager famosa por haber lanzado a diversos grupos de chicos jóvenes y una vieja conocida de Deacon Claybourne. La tal Rhodes tiene fama de trabajar únicamente con muchachos menores de 30 años que, además, estén de buen ver. Tiene fama, también, de acceder a representarlos sólo después de haberse acostado con ellos.

Avery, que no es tonto, sabe qué pretende Marilyn cuando le invita a su casa al anochecer para hablar sobre su carrera y Scarlett, que pensaba que su tío trataba de boicotear la carrera de su amado, palidece al enterarse – por boca de Deacon – de las intenciones de la manager.

A partir de aquí, el drama está servido. Es cierto que Avery no llega a acostarse con Rhodes pero el simple hecho de haberse planteado dar prioridad a su ambición por encima de su relación, es motivo de ruptura para Scarlett. La rubia va a refugiarse en casa de Deacon y Avery, que ya no tiene nada que perder, vuelve a casa de Marilyn a terminar lo que empezó.

Me gusta este cambio, sobre todo porque abre la posibilidad de ver a una Scarlett no dependiente, que puede sacar todo su potencial. Será interesante, también, ver cómo reacciona Gunnar cuando se entere de la noticia.

Vamos ahora con las dos reinas del Country. Como decía al principio, Juliette y Rayna se intercambian los papeles en este episodio. Rayna anda en busca de un nuevo sonido, su etapa como compositora en solitario ha empezado y piensa vivirla a su manera, por mucha oposición que oponga Marshall Evans.

Ese cambio de sonido pasa por contratar a un productor distinto a los de su sello, un productor de rock: Liam McGuinnis. Liam es todo lo que se le presupone a una estrella del rock: un poco prepotente, con una vida un tanto desordenada y, por supuesto, noctámbulo. La clase de persona que no trabaja con “madres que van en todoterreno”. Touché. La frase cae como una losa sobre la cabeza de Rayna que se niega a identificarse con el estereotipo, ella es algo más que una madre con un todoterreno y piensa demostrarlo.

Dicho y hecho, la primera sesión de trabajo con McGuinnis está regada en bourbon y se prolonga durante toda la noche. El resultado es espectacular, lo vemos en ese video que Liam le ha grabado: Rayna, con una copa en la mano y desplegando todo su talento y sensualidad. A Jaymes le gusta lo que ve pero intuyo que es consciente de que – como Liam predijo – ella ya no está para esos trotes. No obstante, tiene toda la intención de seguir con McGuinnis. Estoy deseando saber cómo afectará el cambio a su matrimonio y a la percepción que tiene de ella misma.

Por otro lado, la díscola Juliette Barnes ha descubierto que su opción de vida no es la única posible. Tras haber ingresado a su madre en una clínica, Barnes se centra en restaurar su imagen. Un acto para recaudar fondos para el zoo es su primer paso. Allí conoce al quarterback Sean Butler, el yerno perfecto. Butler no sale, no bebe, no se desmadra, no es impertinente ni incorrecto… Vamos, lo mismito que Juliette.

Makena, la publicista de Juliette, amaña una cita entre el jugador y la cantante, por aquello de que Barnes se deje ver en buenas compañías. Las cosas, no obstante, no salen según lo esperado y Juliette y su jet privado tratan de llevar a Butler por el mal camino. Una foto desafortunada después, la carrera de Butler podría verse seriamente perjudicada.

Me ha gustado la manera en la que Juliette trata de evitar la catástrofe para Sean. Barnes deja de lado su faceta de estrella descocada y egoísta para salvar a alguien que, en principio, ni le va ni le viene. La cosa termina con una invitación de Sean a pasar un viernes diferente: cena y película en casa. Una velada tranquila para variar, que Juliette acepta sin reparos. ¿Será Sean el que devuelva al redil a la oveja descarriada? Pues eso parece.

Debo decir, que no sé si me acaba de convencer la idea de encontró su camino cuando apareció alguien que la quería sinceramente pero quizá esta trama nos permitirá conocer un poco más a la verdadera Juliette. Acabamos aquí el repaso a You’re Gonna Change (or I’m Gonna Leave), un capítulo con el que continúa la buena racha de Nashville, esperemos que por mucho tiempo.

Es vuestro turno, ¿qué opináis del 1×06?

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