Review Nashville: You Win Again

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Hay capítulos que marcan un antes y un después en una serie. No me refiero a esos capítulos épicos que recordaremos hasta el fin de nuestros días, sino a aquellos en los que tienes la sensación de que la cosa se pone interesante de verdad, en los que te das cuenta de que ya has interiorizado las tramas y personajes. Para mí, ese momento llegó con You Win Again, un episodio de 43 minutos que supieron a poco. ¿Lo comentamos?

Como iba diciendo, You Win Again es el capítulo que ha acabado de engancharme a Nashville. En mi opinión, ha sido un excelente episodio, que ha tenido algunas escenas de esas que se te quedan en la retina. El regreso de Deacon a la ciudad le ha sentado muy bien a la serie. El Claybourne de los Revel Kings nunca acabó de convencerme y en este episodio ha quedado claro que su lugar está junto a Rayna y Juliette.

Otro punto a favor de You Win Again es la ausencia de Lamar Wyatt, quizá porque creo que sus tramas restan credibilidad al conjunto de la serie. No sé si será casualidad pero en You Win Again todo me ha parecido mucho más auténtico: las emociones, las traiciones, los conflictos… Nashville gana cuando se desprende de los artificios conspiranoides y retorcidos para poner los pies en el suelo y mostrarnos tramas, por así decirlo, más corrientes, más familiares.

Empecemos con Juliette que, en este episodio, vuelve a mostrarnos sus dos caras: la de diva pop rabiosa y altiva y la de joven luchadora pero ligeramente superada por las circunstancias. En lo profesional, Barnes, vive en sus propias carnes lo que significa dejar de ser la protagonista y quedar relegada a un segundo plano.

No me refiero solo al gigantesco cartel con Rayna en primerísimo primer plano que da la bienvenida a la fiesta de Wrong Song, sino a que Jaymes se ha convertido en la absoluta protagonista de la gira y está llevándose todo el mérito de haber llevado su canción conjunta al número uno. La rubia no lleva bien eso de ser la segundona y observa con impotencia como a Rayna le llueven las alabanzas y los grandes contratos discográficos.

No obstante, Rayna no es el mayor problema de Juliette. Jolene, su madre, tiene una cita con el juez para intentar que retiren los cargos en su contra a cambio de que finalice con éxito el programa de rehabilitación. Aunque Deacon es el encargado en principio de hablar en su favor, finalmente es su hija la que debe hacerlo y el resultado no es el esperado. De poco le sirve a Juliette el consejo de Claybourne: habla desde el corazón. Lo cierto es que, en ese momento, lo que Barnes siente es rencor. Ella cree ser la única damnificada por la adicción de su madre y así se lo hace saber al juez que, de momento, deja las cosas tal y como están.

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La trama de Juliette y Jolene nos brinda una de esas dosis de autenticidad de las que hablaba al principio. Es auténtica porque normalmente las cosas no son blancas o negras y, aunque Juliette pretenda fingir que lo único que siente por su madre es rencor, la realidad sale a la luz en una deliciosa escena en la que madre e hija se sinceran la una con la otra.

Juliette le dice a su madre que debió contarle al juez lo orgullosa que está de ella por lo lejos que ha llegado y Jolene demuestra que su firme intención de recuperarse al confesar sus errores y admitir que todo lo que Juliette ha conseguido en la vida ha sido a pesar de tener una madre como ella. Una conversación que nos ayuda a entender porqué Barnes odia tanto a Rayna: la cantante le recuerda inevitablemente a su tormentosa infancia, a su madre adicta y, probablemente, a los momentos más difíciles de su vida. Deja entrever, además, que Juliette no cree realmente estar al mismo nivel que Jaymes. No obstante, como bien dice Jolene, Rayna creció en Belle Meade y ella sólo viene de su madre. Intuyo que esto último ya es una victoria personal para la rubia.

Sin embargo, esa pequeña victoria personal no es suficiente y Juliette no se queda sentada viendo como Rayna le arrebata el trono y, tras un par de patéticos intentos por desacreditarla, hace una jugada maestra que puede cambiar por completo el curso de la partida: contratar a Deacon como miembro de su banda.

Como decía al principio, no puedo más que celebrar la vuelta de Claybourne a Nashville. El guitarrista es fundamental para contar la historia de Rayna y se está convirtiendo en alguien imprescindible para Juliette. Es la pieza que une a las divas, aunque ellas no sean del todo conscientes.

Claybourne no pasa por su mejor momento, su abrupta salida de los Revel Kings y los enfermizos celos de Cy se han traducido en un incendiario artículo escrito por Carmen González – ex amante y ¿ex amiga? – en la que el líder de la banda asegura que Deacon ha recaído en su alcoholismo.

No sé si el artículo será premonitorio pero Deacon está a punto de volver a beber en You Win Again. ¿El motivo? El mismo que le hizo dejar el alcohol: Rayna Jaymes.

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Rayna y Deacon, Deacon y Rayna… una historia condenada a quedarse inacabada para los restos. Sabemos que Claybourne es el gran amor de Jaymes y que Teddy no fue más que la salida fácil, rápida y segura a una situación demasiado complicada. Quizá por eso su matrimonio no termina de funcionar y, probablemente, jamás lo hará.

Deacon y Rayna han mantenido la compostura durante años, sin hablar de todo aquello que quedó en el tintero o, al menos, no de forma tan clara como lo hacen en este episodio. La escena que comparten, esa conversación en el jardín de Claybourne, me ha robado el corazón. Historias inacabadas como decía: 12 años después él sigue sin haber superado que su gran amor no esperara a que completara su enésima rehabilitación y ella… Creo que aquella decisión fue mucho más difícil de tomar de lo que el propio Deacon se imagina. Sólo puedo decir ¡bravo! Es la primera vez que Connie Britton consigue emocionarme profundamente con su Rayna Jaymes.

La conversación deja a Deacon en un estado de vulnerabilidad extrema. El guitarrista decide pasar de la fiesta de Edgehill y de Jolene y quedarse en casa destrozando lo que encuentra a su paso. Por suerte, Juliette aparece a tiempo y, aunque su intención era cantarle las cuarenta por dejarla en la estacada, acaba ejerciendo de consejera y, como pago, ella se lleva un par de lecciones a casa. Tercera gran escena de You Win Again. Deacon hablando de Rayna como su principio y su final. Es falso que se rehabilitara por él mismo, lo hizo por ella y ella ya no está a su alcance, de modo que, ¿por qué seguir luchando?

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Juliette y Deacon se hacen un intercambio de favores. Ella le dice lo que necesita oír y, al parecer, le convence para unirse a su gira y él, le hace ver que debe ofrecerle a Jolene un poco de comprensión.

La historia acaba, como ya sabéis, con Deacon subido en el jet privado de Juliette como parte de su equipo de directo. Veremos cómo lo lleva Rayna y, también, cómo lo lleva Teddy.

Debo confesar que Conrad me ha dado una cierta pena en este capítulo. Él es el ejemplo viviente de hombre que espera, el eterno candidato que nunca llegará a cubrir el hueco que su predecesor dejó y que, además, sospecha – diría que con fundamento – que su mujer le ha sido infiel con cierto productor musical.

Liam McGuinnis podría haber sido un tercero – o cuarto – en discordia estos meses, ¿si no a qué viene tanta referencia al fracasado matrimonio de Rayna? Por suerte para Teddy, McGuinnis desaparece de la vida de Jaymes, traición mediante, al final del episodio o, al menos, eso parece. Podía esperarme cosas del rockero pero no pensaba que fuera a moverse meramente por intereses económicos.

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Mientras tanto en el barrio más tedioso de Nashville… Scarlett y Gunnar siguen componiendo sin la Gibson que James, el hermano de Gunnar vendió. Una venta que ha sido rastreada por la policía y que puede meter en problemas al compositor.

Paralelamente, los restos de la Avery Barkley Band deciden aliarse con Gunnar, Scarlett y su risa macabra y montar un nuevo grupo. Sé que me repito pero ¡muerte a esta historia, ya!

Lo mejor de esta trama: Avery, sin duda. Es el patetismo hecho persona. Ego desmedido, superestrella en petit comité pero y persona insignificante para el mundo en general. El tipo de tío que se acerca a la altiva e inaccesible Juliette Barnes intentando ponerse a su mismo nivel, sin pensar, obviamente, que puede obtener un bufido por respuesta.

Me declaro fan de Avery Barkley escuchando su propia canción en la radio porque, evidentemente, no hay nada mejor en toda la FM. Del Avery Barkley al que le corroe la envidia al ver a su ex novia tocando con su ex banda. Del típico ganador-perdedor.

Hasta aquí el repaso a You Win Again. Como decía al principio un episodio que destila autenticidad y que, en mi opinión, sube un peldaño el nivel de los dos anteriores. Espero que podamos seguir explorando el pasado de Deacon y Rayna mientras vemos si son capaces de convivir de nuevo en el presente.

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