Review Nashville: Where He Leads Me

Llegamos al parón navideño. Con el octavo capítulo nos despedimos de Nashville hasta el 9 de enero. La serie despide el 2012 volviendo a su punto de partida, eso sí, con matices diferentes esta vez. Veremos si el año nuevo traerá tramas frescas e interesantes para Rayna, Juliette y compañía. De momento, comentemos lo que ha dado de sí Where He Leads Me.

Como íbamos diciendo, el panorama ante el que nos encontramos después del octavo episodio es, en cierta manera, parecido al que nos encontramos el la premiere. Por un lado, el 1×08 abre la puerta a una idea desechada en los primeros episodios: la de la gira conjunta de Rayna y Juliette. Por otro lado, el cuarteto Gunnar-Hailey-Avery-Scarlett se ha roto definitivamente y hemos vuelto a ver la química entre Gunnar y la rubia. Además, Rayna vuelve a hacer lo que debe en lugar de lo que quiere por el bien de la campaña de Teddy y de su familia.

Vayamos por partes, empecemos por la que, en mi opinión, es la trama más insustancial de Nashville. Scarlett y Gunnar, Gunnar y Scarlett… Cada día me aburren un poquito más. Mientras la carrera de Avery despega rumbo a Atlanta, la de Scarlett parece que va a dar un vuelco de la mano de la celosa novia de Gunnar. La actitud de Hailey es más que comprensible y su movimiento es el adecuado: alejar a la rubia para mantener al compositor a su lado y, además, apartarla hacia un lugar donde pueda desatar todo ese magnetismo que, por lo visto, ignora tener.

Tengo que decirlo, me pone enferma esa actitud de falsa modestia, timidez y baja autoestima que caracteriza a Scarlett. Sobre todo porque es bastante incompatible con subirte a un escenario a cantar y contonearte sin que nadie te haya invitado a hacerlo. Entre Hailey y Scarlett no hay color, pero por alguna razón Gunnar prefiere a la rubia. Así termina esta historia, con la novia del cantautor convertida en ex y con Scarlett empezando a ver las virtudes de Gunnar. Perezón.

Lo único bueno que creo que puede darnos este cuarteto es la ambición desmedida que se apodera poco a poco de Avery. Vaya por delante que el melenas no es santo de mi devoción pero las batallas internas entre el ego y la honradez me atraen más que las historias románticas predecibles y pastelosas.

Hablando de romances, el de Sean y Juliette sigue su curso y, en este episodio, ha dado un paso más, uno importante, el de conocer a los padres. Me ha convencido la historia, quizá porque deja asomar a la niña abandonada y que creció a la fuerza que Barnes lleva dentro.

Juliette da lo mejor de si misma para tratar de impresionar a la religiosa familia de Sean. Desde poner de su lado a la hermana pequeña, con una actuación estelar en la iglesia, hasta ofrecer su versión más recatada, educada y adorable en una cena con sus potenciales suegros. Como era de esperar, las cosas no van a ser sencillas. La madre de Sean no da su aprobación a la cantante, no es la clase de influencia que quiere para su pequeño.

Una referencia cruel a la madre de Barnes después, los fantasmas de Juliette – el rencor hacia Jolene, la sensación de abandono que provoca haberse criado sin una familia y la impotencia de tener que cargar con un pasado conflictivo – entran de nuevo en escena. Barnes quiere liberarse, por un lado, de cualquier cosa que tenga que ver con su madre y, por otro, de lo que ella misma ha sido hasta hace poco. Lo que Juliette necesita es empezar de nuevo, emprender una nueva vida, una vida como mujer casada. Barnes se lanza y le pide matrimonio al quarterback. ¿Habrá boda en 2013?

Vayamos con Rayna. Parece que las fotos de Teddy y Peggy saldrán a la luz inevitablemente y Conrad decide sincerarse con su mujer y explicarle la estafa financiera en la que se vio envuelto y el papel que Peggy jugó en él. Puede que su marido no le sea infiel pero la idea de que sea un ladrón tampoco seduce a la cantante.

Tras ver las fotos, de mano de Coleman, parece que Jaymes tiene más que dudas razonables respecto a la lealtad de Teddy y, el intento de suicidio de Peggy Kenter, no hace más que confirmarlas.

La vida familiar de Rayna se tambalea, por un lado la confianza perdida en Teddy será difícil de recuperar y, por otro, las deslealtades de su padre y hermana vuelven a noquearla una vez más. El deber y el deseo de proteger a sus hijas, llevan a Jaymes a hacer una declaración pública en favor de su marido pero es sólo eso, un gesto de cara a la galería. Dentro las cosas son muy distintas.

Quizá ese es uno de los motivos que llevan a Jaymes a no rechazar la oferta que Marshall Evans recupera: la gira conjunta con Juliette Barnes. Eso sí, las condiciones son ligeramente distintas, esta vez, ambas tendrán la misma importancia en el escenario.

Si la gira sale adelante, es evidente que la persona ideal para mediar entre las divas es Deacon Claybourne pero, por lo que parece, el músico no va a estar disponible durante un largo tiempo. Unos antiguos amigos, los Rebel Kings, le ofrecen salir de gira con él.

No sé si me ha acabado de convencer esta historia, no sé si es por lo de la banda sobria, un concepto que me parece algo forzado y con pretensiones de ser políticamente correcto o porque no me acabo de creer que Deacon vaya a dejar Nashville. Finalmente decide aceptar el puesto y, tanto Juliette como Rayna, le dan su bendición. Veremos qué pasa finalmente con el músico, lo que está claro es que la vida en Nashville no sería igual sin él.

Acabamos el repaso a Where He Leads Me con una reflexión. Una mid-season finale es un buen momento para hacer balance y debo decir que aunque en algunos momentos de la serie me parecía algo imposible, he acabado por cogerle cariño a Nashville. No obstante, creo que algo falla en una serie cuando, tras ocho episodios no sientes una cierta cercanía con los personajes que la conforman. Me da algo de pena admitir que Nashville no es todo lo que esperaba. No sé si es que la sombra de Tami Taylor me hace recelar de Rayna Jaymes o si es que hay tramas en Nashville que jamás deberían haber existido o, quizá, que hay personajes importantes tan impostados y estereotipados – sí, Lamar, me refiero a ti – que me resultan extremadamente difíciles de creer.

Sea por lo que sea, en mi opinión, algo no se está haciendo bien en Nashville. ¿Cuenta con el respaldo de la audiencia? Sí. ¿Tiene a la crítica de su lado? A la vista de los últimos acontecimientos, sí. Pero, ¿quedará grabada en nuestra memoria como una gran serie? De momento, no.

Lo peor – o lo mejor – de todo es que sigo pensando que es una serie con posibilidades: un buen planteamiento, algunos actores solventes y guiones que, aunque mejorables, se sostienen eficientemente. Sinceramente, no creo que veamos ningún giro en este sentido ya que, como decíamos, el público y la crítica están de su lado, por tanto ¿para qué modificar nada? Quizá haya que darle más tiempo o quizá esto es todo lo que hay. Lo veremos en 2013.

Es vuestro turno, ¿qué os pareció el 1×08?

Nota del autor
3
Vuestra nota
Review Nashville: Where He Leads Me
3.7 (74.29%) 7 votes

Categorías: Nashville Reviews Etiquetas: , , ,
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »