Review Nashville: Someday You’ll Call my Name

Tarde, muy tarde, llega este repaso a Someday You’ll Call my Name. Vayan por delante mis disculpas y mi más sincero propósito de enmienda para esta semana. Dicho esto, toca comentar el tercer capítulo de la serie. Un episodio que sigue el rumbo marcado en el 1×02. Un rumbo que, al menos a mí, no me acaba de convencer del todo, ¿lo comentamos?

Como iba diciendo, Someday You’ll Call my Name me ha dejado más bien fría. Si me paro a analizarlo no hay nada en él que me desagrade especialmente pero le falta algo. Quizá hubiera sido necesario ver un poco más de evolución en las tramas, a ser posible, hacia algún punto inesperado. Quizá el problema es que al final del episodio nos quedamos prácticamente igual que al principio y eso, teniendo en cuenta que sólo estamos en el tercer capítulo, no es buena señal.

Empecemos el matrimonio Jaymes-Conrad. Los problemas económicos derivados del fracaso del último trabajo de Rayna y la fallida operación inmobiliaria de Teddy se ven agravados por los gastos derivados de la campaña electoral de Teddy. La situación de la familia es crítica, tanto que si no encuentran una nueva frente de ingresos, no podrán financiar su nivel de vida actual.

La historia toma un rumbo interesante cuando Rayna recibe un cheque por valor de medio millón de dólares de papá Lamar. Claro que el préstamo tiene sus contraprestaciones: si lo aceptan la carrera musical de Rayna debe pasar a un segundo o tercer plano. ¿Qué interés puede tener Lamar en apartar a su hijita de los escenarios? La respuesta nos llega de mano de la misteriosa hermana de Rayna, Tandy, quien le explica que su madre tuvo una aventura extramatrimonial. Una información que ablanda el corazón de la cantante que decide intentar un acercamiento con su padre. Un encuentro que, como era de esperar, no acaba del todo bien.

Parece que Lamar no quiere que su hija repita los errores de su madre y, como veremos más adelante, las posibilidades de que Deacon sea “el otro hombre” de Rayna son reales. Llegados a este punto, la pregunta es: ¿será realmente tan sencillo? ¿La demanda de Lamar responde únicamente a que no quiere que Teddy y las niñas pasen lo mismo que él? Sinceramente, espero que no. No me cuadra esta explicación y, además, no me convence como trama. Por mucho que veamos la carita triste de Lamar mirando las fotos de su difunta esposa, quiero pensar que Wyatt es algo más retorcido y que lo que realmente busca es hacer que el matrimonio contraiga una deuda con él y así poder cobrársela cuando sea conveniente.

Por supuesto, Rayna y Teddy rechazan la ayuda de papá así que, desechada la idea de aceptar la gira con Juliette Barnes, sólo queda una opción: pedir una línea de crédito en el banco poniendo su casa como aval. Llega así el segundo momento interesante de esta historia. Teddy pide ayuda a su banco de confianza pero palidece cuando el director de la oficina le comunica que el banco está sometido a una auditoría financiera de todas sus operaciones desde el 2008. La sombra de la sospecha vuelve a cernirse sobre Conrad. Es evidente que la implicación de Teddy en el fiasco inmobiliario que lo llevó casi a la quiebra es mucho más profunda de lo que él reconoce. Estoy deseando saber más de esta historia.

Vayamos ya con la trama de Rayna, Deacon y Juliette. La lucha de Barnes por atraer a Deacon a su lado del ring continúa. Por otro lado, Rayna empieza a notar los efectos de las emociones que se destaparon durante su actuación con Deacon en el Bluebird. Rayna se está planteando si cantar juntos las canciones que escribieron estando enamorados es una buena idea. Una gira extensa, demasiados días fuera de casa, durmiendo en el mismo autobús tras haber volcado sus emociones en el escenario… Quizá Lamar no vaya tan desencaminado. Rayna, consciente de lo que se juega, decide zanjar las cosas con Deacon. Una conversación en la que, los sentimientos de ambos vuelven a ponerse sobre la mesa y, aunque dan el tema por cerrado, creo que no hace más que ahondar en él.

En el otro lado, Juliette intenta por enésima vez que Deacon la escoja a ella, en todos los sentidos: en el musical, poco más puede hacer y en el personal… algo me dice que, para Deacon, Juliette es poco más que un divertimento ocasional. Al final del episodio, Barnes es la derrotada otra vez: Deacon vuelve a decirle que no, aunque sea “una mujer difícil de rechazar”.

Otro palo más para Juliette que, en este episodio, protagoniza otra trama más importante. Era cuestión de tiempo que viéramos aparecer a la madre drogadicta de la superestrella y sabíamos que, cuando apareciera, iba a trastocar la vida de su hija y así ha sido.

La entereza y la fuerza con la que Juliette afronta la situación me parecen admirables. Con esta trama, profundizamos en un lado de la cantante que ya empezamos a ver el capítulo anterior: la parte de ella que está devastada. Al final del episodio vemos como Juliette accede a acoger a su madre en casa para evitar males mayores. Sin duda, este será uno de los ejes principales en los próximos capítulos y nos permitirá ahondar más en la verdadera Juliette Barnes. Una Juliette que, por lo visto, es aficionada a la cleptomanía. ¿Llamada de atención? ¿Excentricidad de superestrella? Lo sabremos en próximos episodios.

Vamos ahora con la tercera línea de este episodio. La trama de Scarlett, Gunnar y Avery. En la pasada review, ya comenté que esta historia me da un pelín de pereza pero debo reconocer que en este episodio se ha puesto algo más interesante. La historia en sí no es especialmente atractiva, pero resulta entretenida.Veamos, Scarlett y Gunnar van a grabar su maqueta con Watty White cuando ella se queda bloqueada y decide abandonar, en parte por el miedo escénico y, en parte, por los remordimientos que tiene por estar viviendo el sueño de su novio.

Con este panorama, Watty y Gunnar urden una estrategia: hacer creer a Scarlett que otra chica cantará sus canciones y, por otro lado, implicar a Avery en la maqueta de su novia. En mi opinión es esta última parte la más interesante. No tanto porque el novio pueda ser testigo de la evidente química que hay entre Gunnar y Scarlett – que también – si no porque, por la actitud que tiene hacia el final del capítulo, Avery parece más que dispuesto a sacar la tajada correspondiente del talento de su amada. Veremos cómo se las arregla la pareja cuando el éxito y el dinero se crucen en su camino.

Hasta aquí el repaso a Someday You’ll Call my Name, un episodio correcto, con tramas entretenidas pero que me deja la sensación de que algo le falta a Nashville en conjunto. Quizá sea que, hasta ahora, las tramas han evolucionado más o menos como se esperaba, no ha habido aún grandes sorpresas, ni giros de guión, todo es todavía muy convencional. Al menos para lo que, personalmente, esperaba de la serie.

La review del 1×04 llegará a sus pantallas en breve. Mientras tanto, es vuestro turno: ¿qué os pareció Someday You’ll Call my Name?


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