Review Nashville: Pilot

Nashville llega a nuestras pantallas en el marco de una temporada más bien flojita en cuanto a estrenos. Parece que las cadenas no han acertado con sus grandes apuestas y el drama de la ABC es una de las pocas esperanzas que nos quedan. ¿Quiere esto decir que Nashville va a salvarnos la temporada otoñal? En parte, sí. El piloto de Nashville es más que correcto sin llegar a ser brillante. Presenta una serie con posibilidades e interés y eso, visto lo visto, tiene mucho mérito. ¿Lo comentamos?

Como iba diciendo, Nashville es una serie con posibilidades y, además, tiene un público potencial muy amplio. Es difícil que en medio de toda la maraña de tramas, subtramas e historias no encontremos algo que nos atraiga y con lo que nos sintamos identificados.  Nashville es – o pretende ser – una serie compleja, con tramas interrelacionadas y personajes principales y secundarios con un mínimo de interés y profundidad. Todo esto, aderezado con un tempo acertado y unas interpretaciones solventes hacen que, aunque no seamos especialmente fans de la música country, debamos darle una oportunidad.

Porque no sólo de country vive esta serie, de hecho, no me parece del todo adecuado etiquetarla como serie musical. De acuerdo, la trama principal gira en torno a dos estrellas de música pero la historia funcionaría igual si fueran dos actrices o dos domadoras de caballos. Lo interesante aquí no es la música, lo interesante son ellas, las dos grandes protagonistas: Rayna Jaymes (Connie Britton) y Juliette Barnes (Hayden Panettiere).

Pongámonos en situación. Rayna Jaymes es una estrella de la música country venida a menos, agobiada por las deudas, con un marido frustrado y una joven y arrolladora competidora – Juliette Barnes – que llega dispuesta a expulsarla de su trono.  La serie comienza cuando la discográfica comunica a Rayna que las entradas de su gira no se están vendiendo y que telonear a la odiosa superestrella adolescente Juliette Barnes su única opción si quiere seguir teniendo el apoyo de la compañía y no perder cantidades ingentes de dinero. Una opción que, por supuesto, rechaza y ¡de una forma muy contundente! A partir de aquí, se desencadena una lucha de egos y orgullo entre las dos cantantes y quienes las rodean.

Lo cierto es que, sobre el papel, este podría ser el punto de partida de cualquier culebrón venezolano y, aunque cierto punto culebronero sí que tiene, en la práctica la serie funciona razonablemente bien. Sobre todo porque, ya en el piloto, se percibe que ni la buena es tan buena, ni la mala es tan mala y eso siempre es de agradecer.

Rayna es la protagonista indiscutible y, para alegría de todos, resulta ser un personaje con una entidad más que suficiente para soportar el peso de la serie. Una mujer con claroscuros y más de un secreto. Una heroína que no lo es del todo. Un personaje que, con mucha probabilidad, odiaremos y amaremos a partes iguales.

Desde ella parten las líneas maestras que trazan la estructura de Nashville y en torno a ella giran la mayoría de personajes secundarios y sus tramas. Es el caso de Deacon Claybourne (Charles Esten), el líder de su banda y el hombre que escribe canciones sobre ella. Deacon y Rayna viven una historia de amor platónica y, por tanto, incompleta. Ambos protagonizan un paseo que es, en mi opinión, una de las escenas con más fuerza del piloto. Una secuencia en la que intuimos las debilidades e inseguridades de Rayna y en la que el amor frustrado de Deacon hacia la cantante puede palparse. De esta escena destaca un instante de conversación:

Deacon: What would you change?
Rayna: Nothing… Everything

Es en ese nada y en ese todo donde radica uno de los mayores atractivos de la serie. En la vida pasada de Jaymes, en lo qué la ha llevado donde está. En los conflictos con Lamar Wyatt (Powers Boothe), su multimillonario padre y otro de los personajes a tener en cuenta. En la relación con Tommy (Eric Close), su marido. Un hombre que ha vivido eternamente a la sombra de su esposa y que ahora vive su particular momento de protagonismo al ser impulsado por su suegro como candidato a la alcaldía de Nashville.

No me cabe la menor duda de que el Lamar tiene algún interés – más allá del urbanístico – en ver a su yerno en la alcaldía. Estoy deseando ver qué papel jugará Tommy en la guerra abierta que, sin duda, se desatará entre Rayna y su padre.

Dejamos a Rayna y nos vamos al otro lado del ring donde tenemos a Juliette Barnes. Obviando el hecho de que Connie Britton se comería a Hayden Panettiere con patatas en casi cualquier circunstancia, el personaje de Juliette resulta atractivo.

Cierto es que su historia es bastante predecible. En próximos capítulos, probablemente veremos el pasado de una niña que dejó de serlo muy pronto gracias a su madre toxicómana. A una adolescente con talento que triunfó por mera supervivencia y, probablemente, pagando más de un peaje por el camino.

Por algún motivo, Juliette odia a Rayna y está dispuesta a arrebatárselo todo. Empezando por Randy, el compositor “oficial” de Jaymes y acabando por Deacon. Será interesante ver cómo afronta Rayna la traición de su amigo del alma.

Los matices en Juliette no son tan visibles como en Rayna. En su caso, el rol de mala malísima está mucho más definido y, en mi humilde opinión, eso es un punto negativo para la rubia. Espero que en próximos episodios vayamos conociéndola mejor y veamos que esconde tras la fachada.

Vamos con dos personajes que probablemente jugarán un papel importante en las tramas: Scarlett O’Connor (Clare Bowen) sobrina de Deacon y poeta en sus ratos libres y Gunnar Scott (Sam Palladio) un joven compositor que se muere por los huesos de Scarlett.

Gunnar pone música a los versos de Scarlett y ambos son la banda sonora al cierre del piloto. Un final que nos deja a Juliette en brazos de Deacon y a Rayna al lado de su marido en su proclamación como candidato a la alcaldía. Eso sí, la diva del country ha encontrado un inesperado as bajo su manga, precisamente el que le ofrece la sugerente canción de Scarlett y Gunnar. Un enigmático tengo una idea en boca de su amigo Wyatt, devuelve a Rayna a la partida y, desde luego, no ha hecho más que comenzar.

Acabamos. Quizá Nashville no sea lo mejor que nos ha pasado en la vida pero es de lo mejorcito que nos deja este inicio de temporada. Según cómo evolucionen las tramas, podemos encaminarnos hacia un drama serio y con una cierta carga de profundidad o, por el contrario, quedarnos ante una serie ligerita y superficial. La sensación que tengo es que será a la vez una cosa y la otra. En todo caso, será un placer descubrirlo.

Antes de despedirme, por si os lo estabais preguntando: Sí, Hayden y Connie cantan las canciones de Juliette y Rayna. Podéis escucharlas – y comprarlas, claro – aquí. Ahora sí. Sé que muchas cosas de este piloto se quedan en el tintero: tramas, personajes, detalles… Tendremos ocasión de hablar de ellas en próximos episodios y reviews pero ahora es vuestro turno, ¿os quedáis con Nashville?

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