Review Nashville: Lovesick Blues

Dos semanas más tarde volvió Nashville y nos dejó esa imagen que llevábamos esperando desde la premiere. Es la que encabeza esta review, la de Rayna James y Juliette Barnes juntas en un escenario. Esta semana sí, las dos comparten la trama principal del episodio. Una historia que abre las puertas a una nueva etapa profesional para ambas… o quizá no. ¿Comentamos Lovesick Blues?

Tras varias semanas de tramas separadas para Rayna y Juliette y con Deacon Claybourne alejado de la vida de ambas, la lucha de poder de las divas parecía prácticamente olvidada. Por suerte, Marshall Evans ha llegado en este episodio para reavivar las viejas rencillas. Eso sí, el panorama es radicalmente diferente al que teníamos tan sólo seis capítulos atrás.

Ahora es Rayna quien tiene la sartén por el mango y es la estrella de Juliette la que parece estar apagándose. Si en la premiere veíamos a Evans presionar a Jaymes para unirse a la gira de Barnes, en el 1×07 es Juliette la que no tiene más opción que acompañar a Barnes en el escenario en el concierto del 25 aniversario de Edegehill-Republic y mejorar así su maltrecha imagen pública. Hay que reconocer que Marshall Evans juega bien sus cartas y sabe con qué chantajear a las cantantes para que acaben cediendo más o menos rápido.

Una vez cerrada la actuación empieza la batalla: un cruce de acusaciones y reproches de desata entre Juliette y Rayna: que si me necesitas porque ya nadie se acuerda de ti, que si yo soy una leyenda viva del country y además no robo pintauñas en los supermercados, que si mis canciones son más frescas, que si las mías son clásicos…

Una trama acertada, sí señor, ya tenía yo ganas de presenciar el siguiente asalto de este combate. Por ponerle un pero, quizá sería el del papel que Deacon Claybourne juega en esta historia. Un Deacon inexplicablemente manso en su reencuentro con Rayna y que mantiene una actitud serena e, incluso, fría durante el episodio.

Es cierto que se pone del lado de Barnes y se enfrenta a Rayna durante la negociación pero no me negaréis que es todo bastante light. No he visto ni un ápice de la intensidad con la que han vivido su relación y su separación. Sea como sea, es el guitarrista quien propicia el momentazo con mayúculas del capítulo: Rayna Jaymes y Juliette Barnes escribiendo juntas una canción para el cierre del concierto.

Como dice Arguiñano: ¡esto sí que no me lo esperaba! Si hasta parece que hacen buenas migas y que, en algún momento, tienen que esforzarse por mantener su pose de odio eterno hacia la otra.

Me quedo con el momento en el que hablan sobre la letra de la canción. Parece que ambas recuerdan a Deacon al escribirla. Después de todo sí tienen algo en común: él. Alguien que estuvo en sus vidas y al que recuerdan con una mezcla de rencor y melancolía. Bueno, una más que la otra.

La historia termina, como sabéis, con el público del Ryman postrado a los pies de Juliette y Rayna. Una unión efímera, o eso dicen ellas. Las palabras de Evans – y el signo del dólar en sus ojos – presenciando la actuación, revelan que el magnate piensa sacarle el máximo partido a la magia que desprenden juntas. Además, algo me dice que la idea de trabajar conjuntamente no les disgusta tanto como quieren hacer ver. Para nosotros será una buena noticia que decidan darles más tramas conjuntas.

Nos alejamos del escenario del Ryman pero no dejamos a las protagonistas, ya que también están implicadas en otras tramas.

Empecemos por Juliette. La relación de Barnes con el quarterback Sean Butler sigue viento en popa, eso vista desde dentro, de puertas para afuera las cosas no van tan bien. La prensa empieza a culpar a Juliette de los tropiezos deportivos de su ligue… ¿Se habrán inspirado los guionistas en la polémica con Sara Carbonero e Iker Casillas en el mundial de Sudáfrica? La historia es bastante parecida y, dicho sea de paso, bastante aburrida.

Porque sí, Sean Butler es un tío aburrido, todo en él produce sopor. Ya andaba en este pensamiento cuando Sean – el hombre con el tatuaje más horrible del planeta Tierra – confiesa que es un hombre que respeta demasiado a las mujeres y que, por ello, no concibe la idea de practicar el sexo fuera de los límites del matrimonio. Quizá por eso, por coherencia con sus ideales morales, se ha ido a buscar a una chica como Barnes, conocida mundialmente por su actitud recatada, nada excéntrica y, desde luego, poco sensual. ¿O es que quizá nos encontramos ante una trama en la que el deportista beato convertirá a la díscola cantante en una mujer decente? Hagan sus apuestas.

Volviendo a Rayna, parece que va camino de convertirse en la enésima damnificada de la campaña electoral de Teddy. Como intuíamos en el anterior capítulo, Coleman está más que dispuesto a sacar a la luz las comprometidas imágenes de Conrad y Peggy si éste no acepta retirarse de la pugna por la alcaldía de Nashville.

Teddy debe plantearse si vale la pena exponer a su familia al escarnio público a cambio de obtener el poder. Creo que Conrad tenía bastante claro qué opción escoger hasta que llegó Lamar que, como siempre, tiene un as en la manga. Los cargos contra Coleman por tenencia de estupefacientes no han sido retirados, sólo paralizados. No hace falta decir que, con una llamada de Lamar, el proceso se reactivaría. Todo apunta a que Teddy Conrad se pasará definitivamente al lado oscuro, será interesante ver cómo lo afronta Rayna.

El punto negativo de Lovesick Blues se lo llevan Scarlett, Hayley, Gunnar y Avery. Veamos: Avery no ha perdido el tiempo, su grupo está empezando a despuntar y, aunque parece echar de menos a Scarlett, parece dispuesto a olvidarla en brazos de Marilyn.

Por otro lado, Hayley, la chica de Gunnar, se esfuerza por hacer que la rubia olvide a su melenudo exnovio cuanto antes y, a ser posible, en brazos de otro. Como era de esperar, a Gunnar aborrece la idea de ver a Scar tonteando con alguien. Una escenita de celos después, Scartett corre a recuperar a Avery pero – ¡oh sorpresa! – no está solo en casa. Otra escenita de celos después… Y ya tenemos al triángulo amoroso más aburrido de la historia de nuevo en nuestras pantallas.

Esta trama me da tanta pereza que estoy haciendo verdaderos esfuerzos por no dormirme al hablar de ella. Nada de esta historia resulta interesante, si cómo mínimo introdujera algún elemento novedoso o mínimamente imaginativo… Lamentablemente, no es el caso.

Acabamos. El balance de Lovesick Blues es positivo y eso es, en gran parte, porque el protagonismo lo tienen ellas: Rayna y Juliette, juntas. Me ha encantado verlas de nuevo en acción. Por otro lado, la trama política se pone cada vez más interesante. Los secretos que Teddy va acumulando capítulo a capítulo acabarán por estallar de alguna manera y estoy deseando saber a quién salpicarán.

Es vuestro turno, ¿qué os ha parecido Lovesick Blues?

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