Review Nashville: I Can’t Help It (If I’m Still in Love With You)

El segundo episodio es una prueba de fuego para cualquier serie con un piloto decente. Es el capítulo que, para unos, marcará el inicio de una nueva cita semanal en su agenda y, para otros, la enésima decepción seriéfila. En el caso de Nashville, el segundo episodio baja ligeramente el listón de la premiere pero continúa por el buen camino. Hay motivos más que suficientes para mantenerla en nuestro calendario pero estoy segura de que habrá alguno que quiera abandonar, ¿lo comentamos?

Tengo sentimientos encontrados con respecto a I Can’t Help It (If I’m Still in Love With You). Por un lado, ha acrecentado el interés despertado en el piloto por la vida pasada de los personajes principales: ¿en qué consistió la estafa en la que se vio envuelto Teddy? ¿Qué pasó realmente entre Rayna y Deacon? ¿Cómo ha llegado Julliette a estar dónde está y en qué condiciones? Por otro lado, hay alguna trama que no me acaba de convencer. Es el caso de la historia de Scarlett, Gunnar y Avery. Una historia demasiado predecible que, al menos a mí, me da bastante pereza.

Entremos en materia. Nos habíamos quedado con aquella enigmática llamada de Watty White a Rayna. Aquella idea de la que Watty hablaba no es otra que la de reproducir la gira que Rayna Jaymes y Deacon Claybourne hicieron en su juventud. Salas pequeñas, canciones sencillas y muchas dosis de nostalgia para contraatacar a la discográfica y frenar el embiste de la joven Juliette Barnes. Con lo que Rayna no cuenta es con que Deacon tiene otra oferta sobre la mesa pero a eso, iremos más adelante.

En este 1×02, Rayna tiene otros asuntos con los que lidiar. La campaña de Teddy para ser alcalde de Nashville no ha hecho más que empezar y Lamar quiere asegurarse de que ningún trapo sucio entorpece su nombramiento. Dicho y hecho, los asesores de Teddy se ponen manos a la obra sometiéndolo a él y a su mujer a un tercer grado en toda regla, para tomar las medidas necesarias. Un interrogatorio que nos deja algunas informaciones jugosas con las que entretenernos. Por un lado, profundizamos un poco más en la estafa inmobiliaria en la que se vio envuelto Teddy Conrad. De momento sabemos que tuvo que ver con una compra de terrenos a la orilla del río para construir una especie de ciudad de la música. El proyecto se vino abajo dejando a mucha gente en bancarrota pero Teddy, como las ratas, ya había abandonado el barco.

Conrad se cierra en banda a la hora de hablar de este tema pero algo me dice que Lamar no va a dejarlo correr así como así. Sobre todo porque, como vemos en la escena que comparte con el otro candidato – Coleman Carlisle – en Nashville quien manda es él y nadie más. Me inquieta y me atrae a partes iguales el personaje de Lamar Wyatt. Creo que en él estarán las claves para conocer realmente de Rayna Jaymes, para sacar su peor parte y hacerle confesar aquello que nadie más conoce.

Hablando de Rayna, a ella no le hace ninguna gracia que unos desconocidos vengan a interrogarla a su casa y se muestra más que reticente a contestar preguntas sobre su vida privada: primeros años de matrimonio, posibles infidelidades, otras relaciones… Precisamente en esas otras relaciones el quid de la cuestión. Ya intuimos en el piloto que entre Deacon y Rayna había habido más que palabras en el pasado y, gracias a los inquisidores de Lamar, sabemos que la relación fue bastante más que un rollete de gira y, lo que es más importante, sabemos por qué motivo terminó. Deacon tuvo un problema de adicción a sustancias grave. Un problema que terminó con Claybourne en una clínica de desintoxicación costeada por Rayna mientras ella rehacía su vida con Teddy.

Es evidente que algo de este calibre une a dos personas de por vida y, tal y como Rayna lo explica, da la sensación de que su relación con Deacon terminó por las circunstancias de ambos y no por una falta de sentimientos. Una sensación que acabamos de corroborar en la segunda gran trama de este episodio. Antes de ir con ella, detengámonos un instante con el triángulo Scarlett-Gunnar-Avery.

Como decía al principio, esta historia no me acaba de convencer. Es evidente que Gunnar y Scarlett tienen mucha química dentro y fuera del escenario. Es evidente que a Avery, que lucha por alcanzar el éxito, no le haga mucha gracia ver a su novia triunfar de la mano de otro. Es evidente que aceptar la propuesta de Watty White va a traerle más de un problema a Scarlett. Ese es el problema, que todo es demasiado evidente. Veremos cómo evoluciona.

Ahora sí, vamos con la gran trama del episodio. Con ella el 1×02 pone, en cierta manera, el acento en esa parte culebronera de la que hablábamos en la anterior review. ¿Es esto algo negativo per se? No, en absoluto, pero estoy segura de que a alguno esto le hará bajarse del carro. La primera batalla entre Rayna y Juliette abandona el terreno estrictamente profesional para entrar en el personal de la mano de Deacon Claybourne, el objeto de deseo de ambas divas del country.

A la derecha del cuadrilátero tenemos a Juliette Barnes convertida en la tentación andante a los ojos de Deacon. La rubia quiere que Claybourne se una a su banda y a su vida. Para convencerlo cuenta con una cara bonita, un cuerpo joven, esbelto y lleno de energía, un carácter aún por descubrir y el don de la ubicuidad. ¡Ah! Y con una guitarra de 50.000 dólares que perteneció a Tammy Wynette. La estrella adolescente sabe bien cuáles son sus puntos fuertes pero nos deja entrever que hay algo bajo esa fachada de lujo, éxito y belleza y eso le hace ganar puntos. Las constantes críticas a su música, a su estética o a lo superficial de su propuesta, están acabando con la paciencia de Juliette y está dispuesta a luchar contra ello, aunque será difícil vencer sin renunciar a los privilegios de ser un ídolo de masas.

Situamos a Rayna a la izquierda del ring. Sus armas para convencer a Deacon de que se una a esa gira conjunta con ella son menos atractivas pero bastante más poderosas que las de Juliette. El peso de un pasado juntos, la fuerza de unos sentimientos que no han desaparecido del todo y, lo que es más importante, la enorme gratitud que Decon debe sentir hacia Rayna por haberle salvado la vida.

Unos argumentos que se ponen de manifiesto en el Bluebird, el local donde Deacon canta sus canciones el tercer jueves de cada mes desde hace 10 años y en el que Rayna se digna a aparecer por primera vez. Unos argumentos que hacen que sea ella y no Juliette la que suba al escenario a cantar junto a Deacon. Una actuación que reaviva los sentimientos que tienen el uno por el otro y sacan a relucir, por tanto, un problema que permanecía dormido. ¿Qué hacemos ahora? Dice Deacon. Pues Rayna correr a los brazos de Teddy para evitar, de momento, el problema y Juliette, abandonar el local cargando su primera derrota a la espalda y decidiendo cuál va a ser su siguiente paso.

Un final redondo para un capítulo que, si bien no alcanza el nivel de la premiere, es una continuación más que satisfactoria. Como mínimo nos deja con ganas de saber qué pasará entre Deacon y Rayna y como actuará Juliette. De saber, también, qué hay de la estafa que hundió a Teddy y que as se esconde Lamar bajo la manga. Es vuestro turno, ¿qué os ha parecido el 1×02?

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