Review Nashville: Be Careful of the Stones You Throw / I’m Sorry for You My Friend

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Doble review… ¡Y encima tarde! Sí amigos, se han juntado dos – prácticamente tres – capítulos de Nashville para comentar, shame on me. Vayan por delante mis disculpas más sinceras. La buena noticia es que Rayna, Juliette y compañía han empezado el año en buena forma y las cosas por Nashville se han puesto aún más interesantes. Una boda frustrada, un contrato discográfico que traerá cola, una gira conjunta, un guitarrista que no encuentra su lugar y un nuevo alcalde os esperan tras el salto. ¿Lo comentamos?

Suele decirse que la entrada en un nuevo año es una buena oportunidad para hacer borrón y cuenta nueva y plantearse la cotidianidad desde una nueva perspectiva. En 2012 dejamos a Rayna y Juliette más que dispuestas a escapar – cada una a su modo – de sus respectivos demonios. El 2013 ha traído consigo una dosis de realidad para nuestras dos divas en particular y para casi todos los personajes de Nashville en general. Podríamos decir que los personajes principales asumen sus circunstancias a lo largo de estos dos capítulos.

Empecemos por Rayna. Antes de Navidad dejamos a Jaymes haciendo las maletas para embarcarse en una gira con Juliette Barnes, una excusa, al fin y al cabo, para huir de una ciudad que la atosiga y de un matrimonio en el que hay más mentiras de las que ella misma se imaginaba. No obstante, hay algo que no quiere dejar atrás: a sus dos pequeñas. Rayna quiere llevarse a sus hijas con ella de gira. Su confianza en Teddy es prácticamente nula y quiere alejarlas de la influencia negativa que Conrad pueda ejercer sobre ellas.

Como era de esperar, Teddy está en contra de esa decisión. Por un lado, parece negarse a que sus errores del pasado le pongan en cuestión como padre y por otro, un abandono de toda su familia sería un gran revés para el candidato ante la inminencia de las elecciones.

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Por suerte para las pequeñas, Lamar entra en escena poniendo de manifiesto algo que ya había insinuado en anteriores episodios: Maddie no es hija biológica de Teddy. Wyatt suelta el bombazo y lo utiliza para chantajear a Rayna: o te quedas o se lo cuento a tu marido y, si me apuras, al mundo entero.

Con lo que Lamar no cuenta es con que su hija es infinitamente más honesta que él y con que Conrad sabe perfectamente quién es el padre biológico de su hija. Ha sido toda una alegría comprobar que a Teddy Conrad le fluye sangre por las venas y que no le tiembla el pulso a la hora de defender a su familia ante, al parecer, el omnipotente Lamar Wyatt. El gesto le vale a Conrad una tregua y Rayna decide finalmente irse sola y dejar a sus hijas bajo la tutela de su padre.

La cuestión ahora es saber quién es el padre de Maddie. Lo más probable es que sea Deacon Claybourne pero, si es así, ¿lo sabrá él? Si tengo que apostar diría que no y, si no lo sabe, a Lamar todavía le quedaría un arma para presionar a su yerno e hija.

El día de las elecciones llega en I’m Sorry for You My Friend, con Rayna ya inmersa en la gira Red Lips, White Lies junto a Juliette y con Teddy Conrad prácticamente empatado con su adversario político. El final ya lo conocéis: Teddy, con Rayna a su lado, se proclama alcalde de Nashville pero la limpieza de su victoria es más que cuestionable. ¿Habrá sido capaz Lamar de comprar los votos que le han dado la victoria a Conrad, tal y como sugería al principio del episodio? Tandy sospecha que sí y yo también. El único que parece ajeno a esta posibilidad es Teddy.

La noche electoral termina, con Rayna y Teddy viendo por televisión lo que ellos no tienen: el amor que Coleman y su esposa se profesan y con la reaparición de Peggy Kenter. Un acercamiento poco decoroso después, la duda está servida: ¿seguro que estos dos no han tenido más que palabras?

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Volviendo a la gira. Rayna no está del todo contenta con su show, ¿el problema? Pues que su guitarrista principal no es Deacon Claybourne y Rayna trata de convertir a su nuevo hombre de confianza, Liam McGuinnis, en su antiguo compañero de escenario. McGuinnis cada día me gusta más, me encanta la forma en la que le ha pillado el punto a Rayna, cómo sabe qué necesita, qué pretende hacer y cómo pasa de las tonterías de Jaymes y de su compañera de gira.

Aunque Liam no es Deacon – ni piensa ponerse sus botas de cowboy – hace un buen trabajo, eso sí, sólo durante tres conciertos. ¿Y después? Después quizá Rayna pueda volver a contar con su guitarrista de siempre. Vayamos con él.

Deacon ha iniciado la gira con los Revel Kings, ese grupo de rock ahorra en bebida pero derrocha en eyeliner. La vida como rockstar, no obstante, no le está gustando demasiado. Claybourne se está convirtiendo en el centro de atención: levanta ovaciones en los conciertos, protagoniza portadas de revista y se lleva al huerto a la periodista buenorra de turno. Tanto protagonismo juega en su contra, él no parece sentirse muy cómodo y Cy, el líder de los Revel Kings, siente la fría daga de los celos.

Ni la historia con la periodista y, por lo que parece, antigua amiga de Deacon, Carmen González en el 1×09, ni esa especie de venganza que se cobra Cy tratando de forzar a Scarlett en el 1×10 me han acabado de convencer. Eso sí, estoy más que satisfecha con el final, es decir, con Claybourne fuera de la gira con los Revel Kings. En mi opinión, su sitio está al lado de Rayna y más ahora que su matrimonio hace aguas.

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Y hablando de Scarlett, como viene siendo habitual las tramas en las que ella está implicada son las más flojas de todas. Sus vaivenes con Avery y Gunnar son soporíferos. Ahora quiero a Gunnar, ahora estamos enfadados y no podemos escribir juntos, ahora Avery viene a devolver las llaves y acabamos en la cama y, al final, me entero de que mi ex ha abandonado a su grupo para firmar un contrato en solitario y decido que pague su egocentrismo cubriendo el puesto de cantante que él ha dejado libre… Como ya he dicho en múltiples ocasiones, pereza y más pereza.

El que sí me ha gustado un poco más, sobre todo en el 1×10, ha sido Gunnar. La historia con su hermano mayor nos muestra algo bajo la superficie del músico. Una infancia problemática, un sentimiento de culpa importante y algo que, personalmente, me parece muy interesante: la incapacidad del ser humano para distinguir lo que está bien y lo que está mal cuando se trata de las personas que queremos y de nosotros mismos. Así, Gunnar deja escapar a su hermano recién salido de la cárcel, aun sabiendo que, probablemente, la historia acabará mal.

Antes de ir con Juliette, un par de apuntes sobre Avery Barkley. El melenas ya está asentado en Atlanta y se deja seducir fácilmente por todo lo que Dominic y la discográfica le ofrecen. Me da en la nariz que la historia terminará mal. Dominic ha visto la oportunidad de sacar tajada de un músico moldeable y fácilmente impresionable. Creo que, mientras Avery se distrae con coches descapotables y fiestas glamurosas, Dominic aprovechará para colarle un par de goles en forma de cláusulas contractuales.

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Vamos, ahora sí, con Juliette Barnes, quizá la gran protagonista de los dos primeros episodios del año o, al menos, la que tiene la trama más llamativa. Nos fuimos de vacaciones con una proposición de matrimonio en boca de Juliette y hemos vuelto con una boda precipitada y furtiva hecha realidad.

Juliette y Sean se dan el sí quiero con nocturnidad y alevosía. Algo que, para la conservadora madre se Butler, es absolutamente inadmisible. Lo que hacen el dinero y los contactos… En un santiamén, la familia del quarterback monta una boda como Dios manda para finales de la misma semana.

Pero el plan de la futura suegra de Juliette hace aguas. Sean y Juliette prácticamente no se conocen y, por supuesto, Butler no tiene ni idea de cuan tormentosa es la relación de la cantante con su progenitora, por eso concierta una cita en la clínica para comunicarle a Jolene la feliz noticia.

Precisamente en ese encuentro, tiene lugar la conversación que hará cambiar el rumbo de las cosas. Su madre le dice lo que la cantante ya sabe: la boda no es más que un parche, una maniobra para tratar de ahuyentar a sus demonios de forma rápida y, probablemente, pasajera. La historia, en el 1×09, termina con Barnes vestida de blanco subiendo a su jet privado y con Sean y su familia plantados en el altar.

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El escándalo mediático que la huida de Juliette provoca, se deja sentir al inicio del 1×10, durante la rueda de prensa de Red Lips, White Lies. Las continuas referencias de los periodistas a su boda frustrada, molestan sobremanera a la cantante que opta por mantener una sonrisa forzada como respuesta.

Juliette no quiere hablar del tema, con nadie, ni siquiera con Sean, que se niega a firmar los papeles del divorcio. Lo que el quarterback quiere es una anulación. Alega – y no le falta razón – que la cantante le hizo una proposición fraudulenta. Sabemos que Barnes no está acostumbrada a asumir la responsabilidad de sus actos y toma la actitud infantil más extendida: hacer como que el problema no existe para que acabe desapareciendo.

Juliette se niega, incluso, a cantar su súper éxito ‘Love Like Mine’ en el concierto solo por no recordar a su aún marido. El mayor esfuerzo que está dispuesta a hacer es el de enviarle una veladísima disculpa a Sean por televisión. No obstante, un encuentro con el quarterback le hace ver la luz y, tras dedicarle ‘Love Like Mine’ en el concierto de San Diego, la rubia acaba aceptando la anulación de su fugaz matrimonio y pidiendo disculpas, esta vez de verdad, a Sean.

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De aquella sala de negociación, Juliette se lleva un poco de tranquilidad para su conciencia y la durísima sentencia de Sean: “una vez me dijiste que no me gustarías mucho si llegaba a conocerte, tenías razón”. Hay pocas cosas peores que te puedan decir, Juliette se queda muda, quizá porque se da cuenta de que su conducta no sólo es autodestructiva, sino que acaba afectando a quien tiene alrededor. Veremos si este incidente se transforma en un cambio de actitud de la cantante.

Confieso que Juliette me ha ido ganando con los episodios. Es cierto que la interpretación de Panettiere no es, ni mucho menos, magistral, pero las contradicciones y luchas internas del personaje me parecen de lo más interesante de Nashville. Me fascina ver, por un lado, a una Juliette Barnes fuerte y adulta, por ejemplo, al encarar el problema con su madre, por otro, a una estrella caprichosa, altiva y voluble y, por otro, a una chica frágil que mantiene sus inseguridades y frustraciones en una especie equilibrio inestable.

Hasta aquí el largo y tardío repaso a Be Careful of the Stones You Throw y I’m Sorry for You My Friend. Os pido disculpas de nuevo por la tardanza, la review de You Win Again llegará a su debido tiempo. Mientras tanto, ¿qué os ha parecido la vuelta de Nashville?

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