Review Mujeres Despesperadas: The People Will Hear

Este abrazo con el que abrimos la reseña es el mejor momento del penúltimo capítulo de la historia de Mujeres Desesperadas, un episodio que va atando cabos en algunas tramas y complicando las cosas en otras, todo preparado para el clímax que veremos en el doble episodio final, la despedida de la serie que se producirá en los Estados Unidos el próximo domingo.

Naturalmente el tema principal es el juicio de Bree, que cada vez está más nerviosa a pesar del apoyo de sus vecinas y amigas, que ven además como la relación entre abogado y clienta empieza a mostrar síntomas poco profesionales. Las confianzas que se toman el uno con la otra no son nada normales, y Bree se está haciendo ilusiones… hasta que ve a una rubia pechugona que acompaña a Trip a todas partes,  lo que despierta sus celos y provoca un diálogo en el que la pelirroja pierde los papeles y acaba insultándola. Resulta que era una investigadora privada contratada por Trip que estaba trabajando, entre otros, en el caso de la Van de Kamp, y una vez solucionado el malentendido, que tenía la única función argumental de dejar claros los sentimientos de Bree, no juega más papel, aunque advierte a la mujer que no se haga ilusiones con el abogado, puesto que tiene el mismo trato con todas sus clientas femeninas.

¿Se presentará en casa de todas sus clientas la madrugada antes de los juicios con dónuts y la peli Casablanca en DVD? No lo sabremos nunca, dado que la serie termina en unos días, pero la impresión que nos da es que no, que Bree es especial y que entre estos dos surgirá algo (para mi gusto forzado) que hará que Bree termine Mujeres Desesperadas acompañada por este hombre que seguramente evitará que entre en prisión.

¿O no? Porque estas confianzas no se traducen en que Bree le cuente toda la verdad del asunto a su abogado y pretendido. Insiste en asegurar que no mató a Alejandro (nombre que por cierto se le escapa a Gaby delante de Trip), pero también en que ya le ha contado toda la verdad y que no hay nadie más implicado. Seguiremos con esto más abajo.

Tampoco se está poniendo nada fácil el tema del embarazo de Julie. Ni su madre, en las sesiones de preparación para el parto, ni Porter, que llega tarde a todos los encuentros, si es que se llega a presentar, por culpa del trabajo, están ayudando demasiado a la embarazada. Susan le habla del juicio a Bree durante los ejercicios de relajación, y Porter se desmaya al ver un vídeo sobre el parto. El pobre se mata todo el día trabajando para poder participar en la manutención de su futura hija, pero a pesar de sus esfuerzos Julie no ve nada claro que esté ahí de verdad cuando nazca la niña.

Tiene un mal presentimiento en este sentido y Susan habla con el chaval para que retome sus estudios y no se obsesione tanto con el trabajo porque, de todas formas, tampoco conseguirá ganar suficiente en esos curros en los que es explotado e incluso coge turnos dobles para ganar más dinero. Así que se le ocurre un plan cuando ve que ni el uno ni la otra son felices: ya que en ausencia de Mike (y en este episodio tiene un momento nudo en la garganta cuando recuerda lo natural que le salía a Mike lo de ser padre) se le echa la casa encima y ya no tiene nada que hacer en Wisteria Lane, le propone a Julie marcharse a vivir con ella y así cuidar a la niña mientras ella retoma su doctorado, un sueño que la maternidad le había hecho dejar a un lado. Y Julie acepta, con lo cual si las cosas no se tuercen tenemos final feliz, dentro de la desgracia, para Susan Delfino.

Pasamos al tema Scavo. ¿Qué pasará, ahora que Tom se tendrá que ir a India a trabajar por culpa de la mala planificada estrategia de Lynette? Pues nada, porque después contarles a sus hijos lo del traslado Lynette consigue convencer a Greg para que no mande a su subordinado al otro lado del mundo por el bien de esos hijos, y Greg lo acepta de buen grado, pero quiere una recompensa a cambio. Ya es hora de que se acuesten, puesto que son mayorcitos y están en su tercera cita.

Pero ahí es donde Lynette, que ha conseguido lo que quería, le para los pies y le dice que no puede seguir adelante porque hay “otra persona”. Lógicamente, con toda la razón del mundo, Greg se marcha dando un portazo. En una reunión en el trabajo descarga ante sus empleados, y la alegría de Tom al saber que no se va a India y que Lynette ha dejado a Greg por “otro” se transforma en ira cuando el jefe va más allá y preso del despecho llama a Lynette “una puta de primera clase”. El contacto repentino del puño de Tom y la cara de su jefe acaba de golpe, y más habiendo testigos, con el empleo del señor Scavo.

Y en realidad también con su relación con Jane, ya que lo del puñetazo no es solo por salir en defensa de “la madre de sus hijos”, sino porque sigue queriéndola, algo que tiene que admitir delante de su nueva novia que, reconozcámoslo, ha tenido que aguantar mucho y ha soportado estoicamente la alargadísima sombra de un matrimonio de 20 años en su adulta, pero reciente, relación. Si hasta ahora sabíamos que Lynette no había superado a Tom ni por un momento, ahora por fin tenemos la confirmación de que el sentimiento es mutuo. Y no nos sorprende, porque ha pasado exactamente como lo esperábamos: toda la octava temporada haciéndonos sufrir pero sin engañarnos ni por asomo. De hecho llevan unos cuantos episodios dejándolo bastante claro.

Sin embargo todavía queda un episodio de 1 hora y 20 minutos y esta trama no puede terminar aquí, e incluso hay lugar para la sorpresa (aunque espero que no la haya, sinceramente). Cuando Tom se dispone a volver con su mujer se encuentra esta escena que, naturalmente, le parte el corazón y le hace marcharse rabo entre piernas (que nadie piense mal). Resulta que hay “otro”, pero que no es Tom.

Eso es lo que parece, y es normal que así lo interprete él, pero la verdad es otra: se trata de Lee, bastante menos interesado en Lynette que Tom, incluso se podría añadir una preposición, “bastante menos interesado en Lynette que en Tom”, que está ayudando a su amiga y vecina a quitarse el horrible vestido de dama de honor que Renée le ha asignado.

No hemos hablado de Gaby, que en este capítulo no discute con Carlos (el hombre ni siquiera aparece), sino que está de lo más tranquila a pesar del juicio de su amiga. Lynette y Susan no entienden por qué la latina duerme tan bien por las noches, pero está claro: es la que ha aceptado mejor el sacrificio de Bree por las demás, al fin y al cabo les evita la cárcel y sobre todo a su marido, el autor material del homicidio.

Sin embargo se va dando cuenta de que hay una posibilidad de que Bree realmente acabe entre rejas, y la conciencia se la come por dentro, lo que lleva a la Solís a explotar cuando se encuentra en el súper con unas clientas que comentan el caso de Bree, por supuesto muy presente en los medios, y lo culpable que la ven. ¿Qué hará Gaby al respecto?

Antes de responder a esta pregunta debemos volver al juicio, que se está complicando porque aparentemente no hay motivo para el asesinato de Ramón Sánchez (en realidad Alejandro) por parte de la señora Van de Kamp, pero lo que sí hay son muchos puntos oscuros a los que ella no puede responder de una forma convincente. Sus amigas declaran a su favor, naturalmente, a través de un diálogo ensayado con el abogado como es habitual en estas situaciones, pero la fiscalía encuentra una nueva prueba: la nota de suicidio que Bree dejó en el motel donde casi se pega un tiro a la cabeza al estilo Mary Alice antes de que Renée le salvara la vida.

Obligan a la pelirroja a leerla en voz alta, ante el jurado, y ella obedece entre lágrimas. Así se enteran de que tiene un secreto que la corroe por dentro y que no le deja vivir, algo muy sospechoso y fácilmente relacionable con un asesinato. Todo apunta a que ella es la perpetradora del homicidio, o por lo menos ha quedado claro que esconde cosas. Y al abogado no le hace ninguna gracia. Incluso le comenta que ha descubierto la auténtica identidad de Alejandro, gracias al desliz que tuvo Gaby al pronunciar su nombre en voz alta y no dar una explicación convincente (“confundo a los mejicanos”, dijo ella en uno de los pocos momentos humorísticos de este capítulo), y le dice que le cuente toda la verdad o no podrá hacer nada para evitarle la cárcel.

Este abrazo que vemos desde lejos es la última escena de este episodio, pero las caras de las amigas son las que veíamos al principio de la reseña. Justo cuando Trip le suelta el ultimátum a Bree y la deja sola para que reflexione aparece Gaby, que también ha hecho su propia reflexión, y cuando pensábamos que iba a decirle a la jueza toda la verdad para salvar a su amiga lo que hace es volver a darle las gracias por ser mejor persona de lo que ella podría soñar llegar a ser. Eso es todo. Menuda es la Solís…

Pero la cara de Bree nos dice otra cosa, y supongo que estáis de acuerdo: ha decidido obedecer al abogado y contar toda la verdad, con lo cual caerían todas, por no hablar del marido de Gaby. Es por ello que sin ser un capítulo brillante sí prepara todas las tramas para su conclusión, como era de esperar y exigir. ¿Qué acabará saliendo en el juicio y qué no? ¿Quién traicionará a quién? ¿Cuándo volverán a aparecer los detectives que empezaron todo esto, uno de los cuales falsificó una prueba? ¿Solucionarán los Scavo el malentendido que es el único obstáculo que impide su reconciliación? ¿Podrá irse Susan con Julie o le salpicará la sentencia del juicio? Lo hablaremos la próxima semana, en la última reseña de Mujeres Desesperadas.

 

 

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3.5
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