Review Mujeres Desesperadas: You take for granted

Madre del amor hermoso, lo que ha dejado tras de sí este episodio. Evidentemente no vamos a mencionarlo en la entradilla por si hay algún despistado que lee hasta aquí sin haber visto el capítulo, pero si alguien quería emociones y creía que tendrían lugar en la series finale, estaba equivocado. O no, pero de momento ya ha ocurrido algo gordísimo a unos episodios del final.

La voz en off de Mary Alice nos ha amenazado más de una vez, pero normalmente los sucesos o no eran tanto o en todo caso tardaban un tiempo en ocurrir. Pero esta vez la frase era clara: damos a los demás por sentados, pero una de estas personas morirá en unos días. Así de claro. Y mientras lo decía se iba enfocando a varios personajes que, naturalmente, son a los que hemos prestado más atención durante los 42 minutos del episodio. Los candidatos: Juanita, Bree, Jane, Karen y Mike.

Aun así el capítulo empieza con buen rollo, porque vemos por fin a las cuatro desesperadas tomándose un café como en los viejos tiempos y dándose la mano en círculo como muestra de la fuerte unión de la que esperan volver a hacer gala, ahora que todo el tema de Orson se ha aclarado. Aunque expresan cierta preocupación por lo que pareció un aviso de suicidio del señor Hodge, la conclusión es que ya no deberán preocuparse por el tema de Alejandro… ¿o sí? Porque el sobre que envió el personaje interpretado por Kyle MacLachlan llega a la Policía de Fairview y por lo poco que vemos contiene información muy jugosa.

Nos vamos con un tema que nos dejó mal cuerpo la semana pasada: ¿qué pasa con la señora McCluskey, una de las candidatas a desaparecer de la serie tal como se entiende en la introducción? El cáncer es algo jodido y a Karen no le queda mucho, pero de ahí a que muera en unos días va un trecho… a no ser que decida suicidarse, cosa en la que solicita la asistencia de Bree, que acepta a regañadientes.

Y como la pelirroja le da largas (la anciana pretende que sea de un día para otro) lo intenta por su cuenta, en un giro humorístico para un tema muy sombrío. Y como se suele decir, si quieres algo bien hecho hazlo tú mismo, así que la McCluskey intenta autoenvenenarse con una tarta… de la que Bree acaba comiendo un trozo sin saberlo, y de camino al hospital consigue convencer a la señora, junto a Roy, de que lo mejor será que espere a que llegue su hora y no abandone a la gente que la quiere de una forma tan drástica. Una buena forma de ofrecer un debate sobre la eutanasia, el derecho a una vida digna y también sobre el derecho a terminar con la propia vida. Cada cual que piense lo que quiera, pero la postura de la serie ha quedado clara.

Nos vamos con los Solís. Desde que Carlos ha regresado a casa no había pensado en que tendría que volver al trabajo, pero Gaby se lo recuerda (esta vez sin mala intención) regalándole una corbata. Y algo cambia en el mejicano, porque en su primer día después de tanto tiempo fuera lo primero que hace es… empezar a indemnizar a la gente que ha sido víctima de los movimientos empresariales de la compañía que él dirige. Y con ello culmina la transformación de Carlos, que era un auténtico tiburón y un delincuente económico en los primeros episodios y ahora es un auténtico filántropo, un cambio que ha sido generado por todo lo que le ha pasado este hombre a lo largo de las ocho temporadas de la serie.

Para colmo en este capítulo tiene un buen disgusto al peligrar la vida de Juanita cuando se sube al tejado para rescatar al recién comprado gato. Y aunque era una de las candidatas a morir en ningún momento pensamos que va a ser ella, puesto que cayéndose de un tejado uno puede morir, pero no tendría suficiente fuerza para una serie con ciertas dosis de misterio como es Mujeres Desesperadas, ¿verdad? Aun tratándose de una niña.

El mal trago reafirma a Carlos en su idea de que lo importante es la familia y que es mejor vivir con menos pero apreciando lo importante día a día… y hasta aquí puede llegar la egoista de Gaby, que le pega un broncazo y le dice que él ya sabía que ella era así cuando se casaron y que está harta de tirar del carro después del tema de la cárcel, el de la ceguera y recientemente el del alcoholismo. Se acabó la discusión.

La trama más simpática del episodio, aunque no está exenta de amargura ni mucho menos, es la de Lynette: es el cumpleaños de Penny y quiere organizarle una fiesta inolvidable, pero también quiere participar en ella Jane, la novia de Tom, que ha hecho muy buenas migas con la niña, cosa que por supuesto a su madre no le gusta ni un pelo, así que intenta sabotear esta relación porque simplemente no es capaz de aceptar que no hay manera de que Tom vuelva a ella.

Llega incluso a plantearse dejar morir a Jane cuando esta se atraganta con unas pastas que “sobran” tras la fiesta, pero al final la salva y ve que ha estado a punto de ir demasiado lejos. Nadie podría haberla acusado de nada porque estaban las dos solas y habría sido una muerte natural, pero Lynette no es así. Y eso a pesar de que no considera justo que Tom haya llevado la relación con Jane más allá de lo que Lynette esperaba e incluso le ha pedido que se vaya a vivir con él, de lo que se acaba enterando por boca de Jane y no de Tom, que no sabe cómo sacar el tema.

Se suponía que se tomaban un tiempo para ver si eran felices por separado, ya que juntos no lo eran, pero Tom ha conseguido serlo mientras que Lynette no. ¿Y dónde está Frank, por cierto? No se le ha vuelto a mencionar aunque la rubia parecía dispuesta a pasar página con esta nueva relación. Qué cosa más rara…

¿Y quién nos falta? Pues los Delfino. Ay, los Delfino… parece que su trama no tenga demasiado interés, puesto que tenemos a Susan descubriendo que Mike lleva una pistola en el bolsillo después de una escena humorística en la que intenta seducirle para echar un casquete y pasándose el resto del episodio cabreada con él al enterarse de su pelea con el mafioso.

Como buena “parienta” lo lleva de la oreja a la policía y pide consejo, pero las autoridades no pueden hacer demasiado y solo contestan que van a vigilar su casa por si el tipo aquel vuelve. Y en estas que Susan y Mike se reconcilian después de que Renée le cuente que todo esto Mike lo ha hecho por protegerlos a Ben y a ella, y Mike le confiesa a su mujer que siempre ha sido así, protector con los demás, porque cuando era pequeño tuvo que ver impotente como su padre pegaba a su madre.

Y si no mueren Juanita, Bree, Jane ni Karen (por lo menos en este episodio) solo nos queda Mike, al que el usurero dispara desde un coche y, tras ver pasar varias escenas de su vida ante sus ojos, se desploma con un agujero en el pecho, en una escena poco creíble en la que salva a Susan de un empujón pero parece que haya querido colocarse lo mejor posible para recibir la bala en el corazón.

Ha muerto Mike, señoras y señores. Se nos va un buen tipo que por otra parte se la estaba buscando, un daño colateral de las malas decisiones de Ben, y el personaje de más peso que ha fallecido hasta ahora en la serie, si no contamos a la insoportable Edie Britt. Impactante final de un episodio que nos ha tenido en ascuas hasta el final y nos ha dejado con la mandíbula suelta. Adiós, Mike Delfino.

 


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