Review Mujeres Desesperadas: Women and Death

Bueno, pues ya ha llegado el 17º episodio de la octava y última temporada de Mujeres Desesperadas y la verdad es que le teníamos ganas, porque el espectacular final del capítulo anterior, que tiene relación directa con esta imagen, nos dejó bastante seguros de lo que ocurriría. Pero aun así ansiosos por ver esta nueva entrega…

Era lógico que una herida en el pecho como la que le vimos a Mike la semana pasada era mortal de necesidad, y más en una urbanización como Wisteria Lane, alejada de todo, pero nos faltaba la confirmación y ha llegado en la lógica forma del obligado funeral. Los preparativos de este, el emotivo discurso de Susan (aunque se resiste a hacerlo al final, como cabía esperar, se pone ante el micrófono) y las reflexiones del resto de personajes eran algo asumible.

Lo que por lo menos a mí me ha pillado más desprevenido ha sido el ya cansino recurso de los flashbacks, que aquí sirven para que cada una de las cuatro protagonistas femeninas de la serie reflexionen sobre la relación que tienen con sus maridos (en el caso de Susan “tenía”) y cómo Mike en algún momento les dio algún consejo en estas relaciones.

Los primeros recuerdos que repasamos son los de Gaby, que regresa mentalmente a la época en la que todavía era más egoista y superficial y nos brinda el retorno de Lupe Ontiveros, la Juanita original (fallecida abuela de la actual), en la primera fase de un repaso a los años que ha vivido con Carlos, lo buen marido que ha sido y es cada vez más, y finalmente una escena situada en la presente temporada (nunca vista, eso sí) en la que Mike media entre ellos tras un malentendido. Canta un poco, todo hay que decirlo, que en una escena de Juanita en el pasado se vea más vieja de lo que era el día en que murió, pero en fin, al parecer hay otras incoherencias con flashbacks que se habían hecho en temporadas anteriores.

La siguiente a la que vemos rememorar momentos con su marido es Lynette, en otro flashback en el que el recurso ha sido poner a Tom con el pelo largo y a ella con un peinado diferente. Los vemos flirteando en una primera cita en la que casi no se muestra la Lynette controladora, la compra de la casa de Wisteria Lane cuando ella se quedó embarazada de los gemelos y, en la sección “Los consejos que Mike ha dado esta temporada sin que nos diéramos cuenta” el señor Delfino le recomienda, en plena separación, que si quiere a Tom vaya a por él, puesto que él aún se lamenta de los años en los que estuvo alejado de Susan. Lynette ha tardado demasiado en hacerle caso, pero lo va a poner en práctica de ahora en adelante a pesar de lo serio que parece lo de Tom con Jane. Nos van a hacer sufrir con esto, lo sabemos, pero… ¿verdad que los Scavo van a volver? Decidme que sí.

También de maridos va la retrospectiva de Bree, pero empieza con una interesante escena de cuando era pequeña y su amargada (con razón) madre le cuenta cómo esconder sus sentimientos a los hombres para que no se aprovechen de ella, algo que posteriormente le vemos aplicar en el añorado Rex Van de Kamp (Steven Culp), que también vuelve brevemente en este episodio en una escena inédita. Y ya que hablamos de Bree, hay que decir que a pesar de lo poco que avanza la trama en este capítulo había que meter de alguna forma el tema de la investigación de la desaparición de Alejandro y lo hacen llevándose a la pelirroja a comisaría para una entrevista informal previa en la que le preguntan si es cierto lo que afirman los papeles que han recibido de Orson. Sin tapujos: ¿mató usted a este hombre?

Con la sonrisa falsa que le enseñó su madre (al fin y al cabo se trata de protegerse de los hombres, sean maridos o detectives de la policía) Bree contesta que no y dejan que se marche al funeral, pero sospechan de ella y el detective Murphy se la tiene jurada ya desde que salía con el difunto Chuck Vance. Volveremos más abajo a este tema.

Y el último repaso es el de Susan, en el que vemos también tres etapas: una escena del día de su boda en la que obliga a Mike a recitarle un poema cutre, otra en la que hacen testamento con Bob ante una Susan reacia y embarazada de MJ, y una bonita escena familiar con el pequeño en una hamburguesería, probablemente su mejor recuerdo como familia. “Esto es el cielo”, dijo Mike, y su viuda lo recuerda en el funeral, en el que también se despide (momento nudo en la garganta por lo menos) del féretro repitiendo el poema de su noche de bodas.

Si no hemos llorado con esa escena probablemente lo haremos con la siguiente, en la que al son de Amazing Grace interpretada por Renée (que al principio no quería ir al funeral porque se sentía culpable por desencadenar los hechos que terminarían en esta muerte) el ataúd de Mike Delfino se hunde en la tierra, su mujer coloca en él una rosa y el pequeño MJ un guante de béisbol. Todo calculado para hacernos saltar las lágrimas, pero es que además lo consiguen.

Tras el entierro el cuarteto vuelve a tener una de sus reuniones, en la que no toma café ni té, sino un menú de hamburguesa, bebida y patatas en homenaje a Mike mientras todas le aseguran a Susan que se asegurarán de que note lo menos posible la ausencia de Mike en tareas de las que se encargaba él. El vacío que deja, sin embargo, es innegable tanto para ella como para los espectadores, y es que era un buen tipo, leñe.

¿Después de la tormenta viene la calma? Pues no, porque cuando fue a la policía Bree sí se tomó un café (o un chocolate caliente, ¿qué más da?) y sus huellas dactilares quedaron en la taza. ¿Dónde más había huellas suyas? En el cadáver de Alejandro. No hace falta decir nada más.

Un capítulo que ha avanzado poco por necesidad, Mike no se merecía menos, pero que deja cosas por resolver que amenizarán el resto de la temporada: ¿cuánto tardarán en meter en la cárcel a Bree? ¿Quién la sacará de allí? ¿Caerán con ella las demás? ¿Será vengada la muerte de Mike?

 


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