Review Mujeres Desesperadas: With so little to be sure of

Ya le van quedando muy pocos capítulos a Mujeres Desesperadas, quizá 3 o 4, y esto tiene que notarse de alguna forma. Parece que a algunas de sus protagonistas les han entrado las prisas, mientras que otras se recuperan de duros golpes de diferente gravedad, eso sí.

No es protagonista, pero sí la secundaria que más ha durado en la serie (sin contar a Karen McCluskey) Renée, que si la semana pasada anunciaba su compromiso con Ben esta vez ya le preparan la despedida de soltera, con boy incluido, que termina abruptamente cuando vienen a detener a Bree para llevársela al enésimo paseo a comisaría.

Por supuesto ella acompaña a los agentes con la cabeza bien alta, toda digna ella, aunque no puede imaginar que volverán a soltarla al cabo de un rato: al parecer sus huellas en un botón de la camisa de Alejandro no son más que pruebas circunstanciales que siguen sin explicar por qué la pelirroja querría matar a ese hombre con el que, teóricamente, no tenía ninguna relación.

La Van de Kamp no entra en prisión, pero busca el consejo de Bob, que tras informar a las otras tres de este error cometido por Bree al abotonar al cadáver irresponsablemente les recomienda que contraten a uno de sus colegas, un abogado defensor carísimo, pero que bien merece los honorarios que cobra.

El único problema (el económico parece que lo van a solucionar entre todas) es que el hombre… no está interesado en su caso, porque lo considera pan comido. Él está acostumbrado a conseguir la absolución de auténticos culpables, y el débil caso contra una respetada ama de casa de una zona bien le parece muy poco estimulante.

La cosa cambia cuando el abogado ve por casualidad a Bree en una nueva visita a comisaría y al ver el sufrimiento en su rostro asume por arte de magia que es inocente, pero que sabe quién es el culpable del delito del que la están acusando. Y cuando el sufrido detective Murphy ve como el famoso abogado se hace cargo de su caso pierde los estribos y llega hasta el punto de manipular un mapa encontrado entre las pertenencias de Alejandro.

Así de seguro está de la culpabilidad de Bree, o por lo menos considerarlo una cuestión personal ha hecho que se le nuble la perspectiva de las cosas y haya decidido acelerar el proceso a su manera. Su compañero parece algo más honrado que él, y supongo que es por ahí por donde se salvarán nuestras mujeres desesperadas… si es que se salvan.

Otra con prisas es Jane, que presiona a Tom para que le entregue a Lynette de una vez por todas los papeles del divorcio. Una actitud comprensible, a nadie le gusta tener la alargada sombra de una ex por ahí, pero al llevarle personalmente los papeles a su rival consigue dos cosas: por un lado que Lynette le tira el chocolate con colorante verde que estaba preparando para la tarta de cumpleaños de Tom, y por el otro su novio le pega un broncazo (con razón) por haber actuado a sus espaldas y haber dado lugar a una incomodísima escena en la que Lynette, que no sabe que todo ha sido cosa de Jane, se enfrente a Tom y le pregunte una vez más si quiere terminar definitivamente su relación.

Para Tom no es fácil darle una respuesta, seguramente la escena que tuvieron la semana pasada lo ha complicado todo porque desde entonces su relación con Jane no ha sido la misma, pero no sabe qué decir y al final es Lynette la que firma los papeles y con ello da validez legal (a no ser que se rompan los papeles, claro) a la separación del matrimonio Scavo… y nos la volvemos a encontrar sufriendo como una condenada en el coche, algo que le hemos visto hacer más de una vez.

La trama más sosa del episodio es la de Gaby, que ve como su nuevo trabajo no termina de marchar del todo bien, hasta que le proponen que se encargue de los clientes masculinos y les venda toda la ropa que pueda con sus artes de seducción. Con ello todo va mejor y tiene el detalle de invitar a cenar a su marido, un reticente Carlos que saca su vena más latina-machista y no se siente cómodo cenando en un sitio caro y encima invitado por su esposa.

El punto culminante llega cuando aparece uno de los clientes de Gaby y ella lo presenta como su hermano para poder seguir con el papel que adopta en la tienda, el de soltera. Y cuando Carlos revienta y sale del restaurante uno piensa que es por los lógicos celos, pero no es solo eso: sigue siendo el machismo. Cuando se llevaba a su mujer a las reuniones que presidía como ejecutivo no le importaba exhibirla, pero ahora es ella la que trae el dinero a casa y esto le molesta más que lo otro. Un pequeño detalle todavía por pulir en este personaje que con los años ha ido ganando como persona.

Y finalmente la trama de Susan resulta ser la más interesante, aunque empieza de una forma que por momentos parece que se desinfla. Empaquetando las cosas de Mike descubre una caja metálica cerrada con llave que Lee se lleva a su casa al descubrir que contiene algo que podría ensuciar la imagen del fallecido y herir innecesariamente a su viuda, pero conocemos a Susan y no nos sorprende que termine sabiendo lo que hay dentro: cheques a una mujer desconocida y dibujos infantiles.

¿Mike tenía un hijo con otra? Eso habría sido el recurso fácil, y menos interesante que descubrir que los cheques eran para la manutención de una hermana mayor y autista de la que Susan no tenía constancia. Lógicamente la Delfino se hará cargo de su los cheques para su recién descubierta cuñada, pero los motivos por los que Mike no le había hablado nunca de ella son también nobles.

Según lo que descubre Julie leyendo las cartas que Mike recibía de su propia madre, Laura fue dada en adopción por una mujer que ya tenía suficiente con las palizas que le pegaba su marido, como supimos hace poco, y hace solo unos años que le contó a Mike que tenía una hermana, pero también le pidió que no le dijera nada a su nueva familia por miedo a que pensara que era una madre horrible.

Todo ello se nos antoja más interesante que el típico caso del marido que escondía hijos secretos por ahí, pero además tiene otra función: Julie reflexiona sobre lo arrepentida que se sentiría si finalmente diera a su hija en adopción solo por ahorrarse las molestias de criarla y decide quedársela. Ya está, ya ha ocurrido. ¿Alguien tenía dudas sobre esto?

Y así dejamos al cuarteto, cada una con sus problemas y en distintos grados de dificultad y gravedad, siendo Bree por supuesto la que peor lo tiene con ese obsesivo detective tras sus talones. La resolución del caso, en pocas semanas.

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