Review Mujeres Desesperadas: Who can say what’s true?

Esta mano que vemos en la imagen descarta un sexo y varios colores respecto a la identidad del misterioso personaje alrededor del que gira esta octava temporada de Mujeres Desesperadas, y desmonta algunas de las teorías que hemos estado discutiendo en los comentarios de las reseñas, pero vamos a ver qué otras cosas nos deparaba este capítulo 11 de una serie que durante un tiempo parecía muerta pero que se está corrigiendo bastante bien en su tramo final.

Bree parece aprender de sus errores y esta vez va enseguida a contarles a Lynette y Gaby lo de la nueva nota anónima en la que el personaje misterioso decía “de nada” tras haber atropellado mortalmente a Chuck, pero la sinceridad y la transparencia a estas alturas no sirven para nada y ambas la tratan con frialdad, incluso se muestran suspicaces ante el hecho de que Bree sea la única con quien el acosador desconocido mantiene el contacto, y ciertamente es a la única a quien le envía “notitas”.

Malos tiempos para Bree, que por suerte tiene a Renée a su lado, aunque sigue sin contarle qué es lo que la tiene tan preocupada. Pero la Perry, que ve como Ben está pasando un poco de ella, tiene sus propios métodos para superar las depresiones y se lleva a la pelirroja de marcha. Diríamos que cambia el vino por los hombres, un vicio por otro, si no fuera porque lo que hace en realidad es mezclar los dos, algo muy peligroso especialmente para una mujer que se ha reprimido durante tantos años. Una represión, por cierto, que la Van de Kamp atribuye por primera vez en toda la serie a la estricta educación que recibió de su padre al morir su madre cuando era pequeña.

Es raro ver a Bree marcharse con un hombre al que acaba de conocer y terminar desnuda en una piscina con él, pero como vemos en los segundos finales del episodio parece que esto se va a convertir en tendencia. Veremos cuánto tarda en despertar. Algunos le dan al alcohol y al sexo y otros solo al alcohol, como Carlos, que sigue en rehabilitación y Gaby tiene que sustituirle en una importante reunión con unos clientes potenciales que aportarían a su empresa 90 millones de dólares. ¿Cómo va a salir de esa la Solís? Para ella, muy fácil: pide ayuda a Lynette, la experta en el tema, pero se cansa rápidamente (no nos engañemos, como ex modelo se ha quedado con pocos recursos para la vida y ella misma sabe que buena estudiante no es) y cree que tendrá suficiente con saber unas pocas palabras del campo semántico de la economía.

Como cabía esperar, por muchas pantomimas que intente se masca la tragedia desde el principio de la cena y Gaby termina haciendo el ridículo con los clientes, aunque el sufrimiento que nos provoca la tensión creciente es compensada por el detalle que tiene el director del episodio al no mostrarnos la escena, que deducimos porque finalmente Gaby se disculpa con Lynette por haber sido tan mala alumna y haber discutido con ella. Incluso la vemos, al final del episodio, estudiando economía mientras se pinta las uñas de los pies, eso sí.

Lynette también se tiene que disculpar, ante ella y ante Parker y Penny, porque es cierto que le cuesta reconocer que no sabe hacer algo, y se pasa el episodio tratando de arreglar, en ausencia de Tom, un problema eléctrico de la casa. La lía bien parda y al final tiene que reconocer que no puede con todo, así que se lo deja a un profesional, no sin antes montar una escena ante sus hijos en la que vuelve a dejar claro lo mucho que añora a Tom y lo poco que esperaba que finalmente se fuera de su vida. Ya era hora, Lynette, de que te dieras cuenta de lo pesada que eras con el mejor marido del reparto y de lo mucho que tuvo que aguantarte.

Cambiamos de tercio, porque la excursión de Susan a Oklahoma ha resultado ser bastante más interesante de lo que parecía al principio. Iba a ver cómo estaba la familia de Alejandro, el ex padrastro de Gaby, que no sabe nada del hombre desde que se marchó de casa, y nos la encontramos conociendo a su actual mujer (la gran Justina Machado, Vanessa en A dos metros bajo tierra) y a la hija de esta, pero no de él. Y Susan no es que sea muy avispada, en este episodio vuelve a hacer el payaso fingiendo que le interesan los objetos típicos de la cultura americana para justificar su presencia en una casa en venta que no piensa comprar, pero se da cuenta de que aquí ha pasado algo raro y más tarde pilla a la niña en banda y confirma lo que sospechaba: Alejandro se dedicaba a casarse con mujeres que tenían hijas pequeñas/adolescentes y abusaba de ellas, como hizo con Gaby y, hasta su muerte, también con esta otra niña.

“Alejandro no volverá, te lo prometo”, le dice a la chica, que no sabe que no puede contarle a su madre el encuentro con la loca de hace unas horas y levanta las sospechas de una mujer desesperada por el retorno de un marido al que considera erróneamente buena persona y buen padre. El cheque de Susan por unas piezas de Lego, con su dirección de Wisteria Lane, dará pie a un reencuentro en el próximo episodio a buen seguro. ¿Habrá interpretado que Alejandro y Susan son amantes? Lo veremos, pero lo que es seguro es que con su buena obra Susan la puede haber liado mucho.

Y ya que hemos hablado de las cuatro mujeres principales, ahora nos faltan los hombres. Los únicos que aparecen en este episodio son Ben y Mike, y los vemos interactuar cuando Mike descubre que los problemas económicos del proyecto de Ben, su jefe, causados por el difunto Chuck, que paró para la investigación de la desaparición de Alejandro, van más allá de lo que pensaba y tiene que recurrir a un prestamista ilegal. Por suerte Mr. Delfino no tiembla al echar al mafioso, que se queda con su cara y su nombre, pero aunque Ben está de acuerdo en que no era una buena opción meterse en un préstamo de los que acaban en piernas rotas, sus problemas siguen siendo bastante serios… hasta que Mike menciona, ignorante de lo que está provocando, que Renée consiguió con su divorcio unos milloncejos de dólares que provocan una sonrisa en el australiano y una disculpa con la rica divorciada, a la que efectivamente llevaba unos días ignorando.

Con esto hemos descubierto el papel de Ben en la serie, veremos hasta qué punto se aprovecha de Renée (dudo que la mate, vamos. Para eso tendría que casarse y planear el asesinato, y el dinero lo necesita ya), y queda descartado como el asesino del coche y chantajeador del cuarteto. Renée, por la que yo apostaba, también, si nos fiamos de la foto del principio. Lo mismo se puede decir de la señora McCluskey, que también había sonado en vuestros comentarios. ¿Quién nos queda? Bueno, Tom Scavo no está descartado del todo (¿cómo sabemos que está realmente en París?), pero si no es un personaje nuevo, y espero que no lo sea, ¿por qué no puede ser otro experto en esto de atropellar gente? Sí, hablo de Orson Hodge.

 


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