Review MD: What’s to discuss, old friend

Por fin, hemos tenido que esperar un mes y cuatro días para ver lo que sucedía en aquel motel nada digno de Bree van de Kamp donde la pelirroja iba a tomar una decisión que habría cambiado para siempre su vida, y de una manera irreversible. Por fin ha vuelto Mujeres Desesperadas y esperamos que no entre en muchos parones más, porque estamos casi a la mitad de la última temporada de la serie y llegados a este punto queremos que dure lo que tenga que durar, pero sin pausas.

Empezaremos por lo primero, porque es lo que nos había dejado más inquietos: Bree en un motel cochambroso, en el peor momento de su vida y con una pistola apuntándose a la sien. ¿Alguien creía que iba a emular a Mary Alice, con la que cree tener una conversación Más Acá-Más Allá unos momentos antes (un mes para nosotros)? Por favor… Algo tenía que impedirlo, y este algo se llama Renée, que abre la puerta de una patada y se cuela en la habitación buscando a Ben, con quien —no podemos culparla— cree que la Van de Kamp está teniendo un affair.

Solucionado el malentendido Renée presta su total apoyo a Bree y empieza a cuidarla, y es que lo de los suicidios de seres queridos es algo que no lleva nada bien, pues ya vivió el de su madre cuando era pequeña. Vale, Renée y Bree no son exactamente amigas, como la misma Bree se encarga de decir en voz alta aun sabiendo que es un tema incómodo, pero Renée insiste en cuidar de ella (aunque no conoce los motivos concretos de su intento de suicidio) y al final se la gana. De una forma algo exagerada, porque Bree llega a decirle que se ha convertido en la mejor amiga que jamás tendrá, pero se la gana.

Todo esto se lo dice en el funeral de otro personaje cuyo destino nos había dejado en ascuas a principios de diciembre: Chuck Vance, que ha fallecido debido al atropello. El mayor enemigo del cuarteto de Wisteria Lane ya no les tocará más las narices porque un alma caritativa se encargó de silenciarlo. En principio no ha sido ninguna de las cuatro mujeres, o por lo menos sus actuaciones parecen convincentes, pero no están tan seguras de que los maridos conocedores del caso Alejandro no tengan nada que ver.

A Mike lo descartamos, porque Susan ha dormido a su lado toda la noche, y lo sabemos cuando Mr. Delfino se levanta y descubre que su mujer quiere huir en taxi a Nueva York, donde le espera una nueva vida como pintora. Pero no es por eso por lo que se va, sino por miedo a ceder a la presión de Chuck y acabar confesando. Los intentos de Mike por hacerle entender que todo el mundo tiene secretos no dan los mismos frutos que las noticias de la muerte del detective, que por cierto y como mandan los tópicos televisivos y cinematográficos es radiada o televisada justo en el momento en que los personajes están atentos, y si no es así el volumen de los aparatos sube automáticamente.

¿Y qué pasa con Carlos? Gaby tiene sospechas y va a ver si sigue ingresado en la clínica de rehabilitación, para descubrir que sus temores son fundados: ha desaparecido. Se lo encuentra en casa, durmiendo tras haber llegado de madrugada borracho perdido (parece ser que la clínica no está dando los resultados esperados) y le pregunta, con la “sutileza” que caracteriza a la Solís, si recuerda haber atropellado mortalmente a alguien. Carlos cree que no, pero su coche no se encuentra en el garaje. Después de un malentendido un poco tonto en el funeral de Chuck ambos se enteran de que el coche está en comisaría, a la que acudió Carlos con la taja y donde estaba a la hora del atropello. Otro sospechoso descartado.

Hablando de sutilezas made in Gabrielle Solís, tras una reunión callejera de las cuatro protagonistas femeninas en la que se decide que lo de Chuck ha sido una afortunada casualidad y que hay que seguir adelante, la latina decide visitar la comisaría para dejar bien clara su consternación respecto a la muerte del ex de su amiga —no demasiado querida entre los compañeros de Chuck, dicho sea de paso—, y recomienda que hagan su búsqueda entre los adolescentes borrachos que se dedican a atropellar gente. El orondo detective Murphy, claro está, se extraña de su actitud y veremos si esto tiene consecuencias.

Pero tras la típica escena humorística protagonizada por los Solís tenemos otra mucho más seria: en la cama Gaby le dice a Carlos que lo quiere, para añadir una cosa más: como vuelva a ir a la policía y confiese algo habrá otro cadáver en el bosque. No creo que Carlos pudiera dormir esa noche, por lo menos no con los ojos como platos que se le quedaron.

Vamos con los Scavo: empieza a fraguarse la vuelta de la pareja, ya que Tom se ha quedado a apoyar a Lynette en todo esto y hasta ha contratado a Bob como abogado, pero contárselo todo no habría hecho falta si se hubieran enterado antes de la muerte de Chuck. Lo peor ya ha pasado y esto hay que celebrarlo, así que antes de marcharse a París con Jane, Tom quiere vivir una noche de pizza y peli con su ex y los niños que todavía no se han ido de casa, tras la que tenemos una bella escena de confidencias entre estos dos personajes destinados a volver.

Se separan, aunque temporalmente, en términos físicos y ya sin enfados, Susan y Mike, puesto que la Delfino cree que la única forma de hallar la paz es ir a Oklahoma a hablar con la familia del difunto Alejandro, que al fin y al cabo no se merece la incertidumbre de no saber nada de él. El tema no está cerrado, faltan varios capítulos y el “enemigo” ya no está, así que la trama ahora gira alrededor de quién lo atropelló. Bree no puede dejar atrás esta pregunta, y lo más lógico es pensar que ha sido la misma persona que le envió la primera nota afirmando conocer el asesinato del padrastro de Gaby.

“De nada”, dice una nueva nota, lo que confirma sus sospechas. La misma persona que las amenaza veladamente es la que se cargó a Chuck, pero… ¿por qué hizo eso? ¿Y quién es? Está claro que Carlos no, Mike tampoco porque estaba durmiendo la noche de autos (nunca mejor dicho)… ¿cuáles son vuestros sospechosos? Os diré los míos: Renée, que parece que no pinte mucho y ya solo por eso es candidata a una sorpresa final, y Tom, que en principio quedaría descartado por el hecho de haber contratado a Bob y haberle contado lo del asesinato, pero… podría ser una tapadera. En ambos casos me parecería genial. No tanto si fuera Ben, el más obvio y del que no sabemos nada durante este episodio, que por cierto me ha parecido bastante bueno.

 

 


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