Review Mujeres Desesperadas: Suspicion Song

El capítulo de esta semana parece que sea de finales de temporada, en este caso también de serie, puesto que la octava es la última de Mujeres Desesperadas como supongo que todos y todas ya sabéis. Digo esto porque el cuarteto de Wisteria Lane está cada vez más cerca de ser descubierto por el asesinato y entierro ilegal de Alejandro, y esto puede llevar al desastre o a la solución, una de dos. Sin embargo, faltan muchos capítulos para el último monólogo de Mary Alice y tendrá que alargarse de alguna forma, esperemos que para bien.

Me ha gustado este episodio porque además de que la trama avanza y va juntando las tramas individuales (menos la de Lynette, que tiene otras cosas en la cabeza), por una vez Gaby se ha arremangado y ha intentado ayudar a su marido en serio, aunque por supuesto lo ha hecho bastante mal y solo le ha salido bien por casualidad.

Nos vamos un momento con Bree, que sigue siendo acosada por Chuck, el detective y ex novio de la pelirroja. El policía vuelve a interrogarla en medio de la calle y ya le dice claramente que sabe que al desaparecido le ha pasado “algo definitivo” y que no cree que haya sido Bree, pero que por lo menos sí sabe algo y, como no se lo diga voluntariamente, intentará quebrar las defensas de Gaby. ¿Por qué Gaby? Porque es quien estaba con ella cuando las descubrió con el coche del que se deshicieron unos capítulos atrás y que ha descubierto que pertenecía a Alejandro. Se está liando parda, señoras y señores, y Chuck está disfrutando como un enano al poder vengarse de la mujer que lo abandonó el día que pensaba pedirle matrimonio, pero cuando Bree se lo va a contar a Gaby las interrumpe Carlos, con un aspecto lamentable y en plena resaca. Y ahora sí, volvemos a los Solís para su trama.

Carlos sabe que Ben se ha encargado de hacer desaparecer el cadáver, pero sigue pasándolo mal y lo intenta solucionar con la bebida. Pero eso no es una solución —nunca lo es, que nos quede a todos muy claro—, sino un problema añadido. Carlos sigue negando el problema y le dice a Gaby que por culpa del trabajo tiene que beber cada dos por tres durante reuniones, celebraciones y actos varios, y más como presidente de la compañía. Pero hoy se queda en casa y es Gaby quien acude a su empresa para tratar con un importante cliente.

Lo intenta con sus artimañas de mujer, muy en su línea y que dan hasta vergüenza ajena, pero no consigue nada y al final es un joven empleado el que saca adelante la situación. Lo que Gaby no sabe es que lo hace porque no le van a renovar el contrato y quiere llevarse a los clientes de Carlos. El tío engaña a Gaby y esta, con su proverbial bocaza, le cuenta que Carlos en realidad no tiene la gripe, que es la excusa que había dado para justificar la ausencia de su marido, sino que bebe como un cosaco. En esto que el cliente se entera y… ¡tachán! Por aquellas casualidades que ocurren en las series, pero reconozco que esta vez me ha gustado, resulta que es un ex alcohólico y se presenta en casa de Carlos y le dice que le aconsejará un buen sitio para salir de su adicción. Gaby, te ha salido bien pero has estado a punto de liarla mucho. Aun así, como bien está lo que bien acaba daré por satisfactoria la subtrama de los Solís de esta semana.

Lynette es la que sigue yendo por libre con todo lo que tiene en casa (bueno, es un decir, porque es con lo que no tiene), y las demás tampoco quieren preocuparla demasiado con los avances de la historia del cadáver, a pesar de que le afectan directamente y pueden llevarla a la cárcel si salen mal. En fin, resulta que es el 22º aniversario de bodas de los Scavo, y Lynette recibe flores y una nota de Tom, como siempre. Emocionada se pone toda guapa ella, pero no para salir por ahí y conocer a otros hombres ya que Tom se ha buscado a otra, como le aconseja Renée, sino para ir al encuentro del hombre al que todavía cree que puede recuperar, especialmente ahora que ha recibido flores suyas en un día tan especial.

El plan es presentarse en su apartamento con las llaves que le coge “prestadas” a Penny y dejarle una botella de whisky, como siempre había hecho. Pero al poco de llegar aparece Tom con Jane y la pobre Lynette se esconde debajo de la cama. Consciente de que la situación es insostenible acaba saliendo y la nueva pareja se lleva un susto de muerte, Jane les deja “algo de intimidad” y entonces se descubre la verdad: Tom la ha cagado pero bien, y es que las flores y la nota han llegado porque no se le ocurrió cancelar el encargo que se repetía de forma automática desde hacía 10 años, a raíz de una vez que se le olvidó el aniversario de su matrimonio.

Epic fail, ¿no? Además le ha roto el corazón a Lynette y esta vez no puede echarle en cara la escenita, y se nota que a él también le sabe mal. Pobrecilla… me ha dado bastante pena en este capítulo aunque, como ya sabéis, estoy de parte de Tom en todo esto. Sin embargo, por fin Lynette ha abierto los ojos y al final del episodio se quita el anillo de casada. ¿A quién quiere engañar?

¿Y Susan? Como recordaréis, en el episodio anterior nos dejaba con un impresionante cuadro en el que retrataba el entierro del bosque, y un satisfecho André le decía que aquello era lo que había estado esperando. Pues bien, esta semana viene a su clase un importante propietario de una galería de arte, que es el señor Fredricksen de la película Up! de Disney Pixar, y no me lo podéis negar. Bueno, va, en realidad se llama Felix Bergman, es un esnob y se divierte humillando a los alumnos, pero —oh, sorpresa…— le gusta el de Susan, y se lo quiere llevar a la galería de arte. Un gran honor y una oportunidad irrepetible para esa “ama de casa aburrida”, en palabras de André, que quiere ser artista. El problema és que ella no quiere que ese cuadro vaya circulando y se opone con vehemencia, asegurando que lo había pintado para sí misma.

Y André, se lo reconoce, está interesado en que Susan triunfe (a pesar de unos mal disimulados celos) porque eso le hará quedar bien también a él. Tampoco sirve este argumento, así que al final se llevan el cuadro a la exposición (donde descubrimos que forma parte de una serie) sin el consentimiento de Susan, que al descubrirlo intenta taparlo y llevárselo, y como no puede llama a Bree y Gaby —parece que ahora les vuelve a dirigir la palabra después del cabreo de la semana pasada—, que se presentan a la inauguración rápidamente y allí se enteran de la existencia del cuadro y recurren a la única manera de quitarlo de en medio: comprándolo. Bueno, comprando toda la serie. A todo esto Bree todavía no ha podido contarles que Chuck casi las ha pillado, pero no hace falta, porque el detective se presenta allí (¿cómo lo sabía? Ah, es verdad, que lleva días siguiendo a su ex bajo el pretexto policial de la vigilancia) y, a diferencia de unos visitantes esnobs que quieren ver en el cuadro un simbolismo que no tiene, él lo entiende todo a la primera.

Por el aspecto puede identificar a todas las mujeres, pero solo le falta un dato: ¿quién es el cadáver? Lo sabe perfectamente. Casi las tiene, queridos amigos y queridas amigas, pero… no hay cuerpo. Y sin cuerpo, como dijo Ben, es difícil montar un caso. Por otra parte, en una interesante y breve escena del final del episodio, cuando Mary Alice lo está cerrando con sus habituales frases en off, vemos que la ex alcohólica Bree, que lo ha hecho lo mejor posible pero no ha conseguido proteger al grupo, vuelve a darle a la bebida. Por algún lado tenía que explotar, y ahora está realmente desbordada.

Estoy realmente intrigado por saber cómo continuará esta historia, porque se tiene que liar mucho más para llenar otros 13-14 capítulos. Y si esto sucediera sería muy interesante. Lo que por desgracia ya no lo es tanto es el personaje de Renée. Ha quedado relegada a consejera de Lynette, y sigo pensando que se habría aprovechado mucho más liándola con Tom, ¿no os parece? Pero en fin, no escribo yo la serie.


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