Review Mujeres Desesperadas: She needs me

Un nuevo episodio en el que pasan muchas cosas, como si quedaran solo dos o tres para terminar la serie, y no es así. Esta semana hemos visto algún regreso, alguna marcha, la aceptación de alguna situación y nuevas amenazas que no van a poner fácil a los personajes de la serie en lo que queda de temporada y de Mujeres Desesperadas en sí.

El episodio empieza con los Scavo, que en casi 20 años no han dejado de tener por lo menos un bebé que cuidar, y ahora que Paige todavía lo es viene Porter emperrado en ser padre soltero. El chaval ha encontrado trabajo y se ha puesto serio, pero hay un pequeño detalle en el que necesita la ayuda de sus padres: alguien tiene que cuidar de su hija cuando él esté haciendo de camarero.

A lo que Lynette responde que de eso ni hablar, y lo dice con toda la razón porque ella ya ha tenido que cuidar de 5 bebés, dos a la vez cuando Porter era uno. Ni el adelanto del nombre de la niña, Lynette, consigue convencer a la abuela. Diríamos que Porter tiene un plan B si fuera suficientemente inteligente para tenerlo, pero no es así: le llega por casualidad cuando Susan se encuentra con él, se entera de que está buscando un trabajo donde tengan guardería y se ofrece para cuidar de la niña, incluso poniéndole una habitación en su casa. En realidad le había ofrecido lo mismo a Julie, que no aparece en este episodio pero ya dijo que no quería saber nada de ser madre. Hemos dicho que Porter no es inteligente, pero sí es listo, y no duda demasiado a la hora de aceptar la ayuda “desinteresada” de la abuela Susan.

Los preparativos empiezan enseguida, pero obviamente Susan quiere barrer para casa y le quita a Porter la idea de llamar Lynette a su hija, alegando que es un nombre que no le queda demasiado bien a un bebé, siendo Sophie (el nombre de la madre de Susan) más adecuado para la niña según la señora Delfino. A Lynette no le hace mucha gracia la situación, y lo del nombre acaba de llenar un vaso que había empezado a llenarse cuando Porter se había llevado de casa de los Scavo el moisés en el que durmieron los cinco hijos de Lynette.

 

El conflicto termina en un tira y afloja literal en el jardín, que gana Lynette porque a fuerza física no la gana ninguna de las otras tres. Al parecer el problema es que a Lynette no le gusta ver como no la necesitan, situación que saca a la luz Tom cuando visita a Susan para poner paz, y por su parte Mike intenta tocarle la fibra sensible a Lynette, después de que esta le ofrezca sexo en broma para cabrear a la otra abuela, diciéndole que Susan ya tiene suficiente disgusto al no poder hacer todos estos planes con su propia hija.

Final feliz para la trama Scavo-Mayer-Delfino, y supongo que a nadie le pasa por la cabeza que Julie decida oponerse a todo esto y dar a la niña en adopción como era su plan inicial. Pero… ¿acabará Porter sucumbiendo a la presión cuando se dé verdadera cuenta de la responsabilidad que es ser padre y encima soltero? Por cierto, que al venir Tom a hablar del tema del bebé se percibe un flirteo por parte de Lynette, pero no de Tom, que no tiene problemas en llevarse a los niños a su casa unos días para que Lynette descanse… pero tampoco los tiene para mencionar que Jane tiene ganas de volver a cuidar a un bebé y por ello acepta gustosa encargarse de Paige. ¿Y qué pasa con Frank? ¿Acaso Lynette no quería pasar tiempo con su nuevo novio? Pues al parecer no, porque ni siquiera se menciona. Bastante raro.

El tema del bebé era el de contenido más humorístico, pero había otras tramas que nos preocupaban, una de ellas la de Bree y Orson. Sabíamos que el señor Hodge planeaba llevarse a Bree al estado de Maine, y solo tenía que convencerla, algo que consigue hacer al transformar un desliz (mencionarle las cartas anónimas, así en plural, cuando Bree solo le había hablado de la primera) en un nuevo ataque a las otras tres mujeres desesperadas. Hábil al esconder un error, pero torpe cuando la pelirroja saca su parte del par de sombreros que se habían comprado cuando estaban casados y a él se le ocurre mencionar que se lo ha dejado en casa.

Una casa donde al principio vemos que, como todo villano de película, tiene a la vista todas las pruebas de lo que ha estado haciendo para reconquistar a su ex. Y como ella insiste en pasarse por allí Orson se las ingenia para entrar antes y recoger todo lo que pueda incriminarlo, pero de una forma poco digna de alguien con un sentido de la pulcritud tan elevado como él: se deja una foto del día de la retirada del cadáver de Alejandro mirando hacia arriba.

Ahí lo confiesa todo, incluso lo de atropellar a Chuck Vance: era un plan para aislarla de las demás y recuperar el protagonismo en su vida, puesto que cuando estaban casados se consideraba a sí mismo un personaje secundario en la vida de Bree. Así que todo era por amor, obsesivo pero en ningún caso con fines malvados como habríamos podido pensar. Por supuesto la Van de Kamp alucina con todo ello y se siente traicionada, con lo cual se va y le dice a Orson que no quiere verlo nunca más. ¿No os parece que esta trama se podría haber alargado más? A mí sí, y aunque tiene unas consecuencias que veremos un poco más abajo me da que podría haberse hecho lo mismo dentro de uno o dos episodios.

El otro tema que nos preocupaba era el de la salud de Karen McCluskey, a la que como recordaréis le han dicho que su cáncer ha vuelto y que está ya en el cerebro. Esta trama nos da la oportunidad de ver a una Gaby solidaria, preocupada por los demás. Sin que sirva de precedente, y aunque empieza porque ahora que volverá Carlos necesita que Roy se vaya, empieza sus intentos por reconciliar a los dos ancianos, pero cuando a Karen se encuentra mal de repente y se la lleva al hospital descubre lo del tumor.

Como esperábamos, el plan de la señora es que Roy no se entere, para que no tenga que sufrir. De hecho menciona que ya perdió a una mujer por el mismo tipo de cáncer, pero Gaby rompe la promesa de no decírselo al enterarse de que la enfermedad de su difunta esposa le sirvió a Roy para aprovechar mejor sus últimos momentos juntos y decirle todo lo que con los años había dejado de decirle. Final agridulce para esta trama, porque los viejos se reconcilian, pero para emprender juntos el último tramo del viaje de la entrañable señora.

La situación también sirve para dar que pensar a Gaby, que llena la casa de globos para la llegada de Carlos, que vuelve de un largo período de rehabilitación en la clínica y se encuentra con una esposa mucho más amable de lo que la vio en anteriores regresos, tanto de la cárcel a la libertad como de la ceguera a la… no-ceguera. Parece ser que la Solís se ha dado cuenta ahora de que uno de los dos va a morir antes que el otro y que probablemente será ella la que sobreviva a Carlos. A ver lo que tarda en olvidarse de lo que ha aprendido esta semana.

Repasadas Susan, Lynette, Bree, Gaby e incluso la señora McCluskey… ¿qué nos falta? Pues mi querida Renée, que le dice a Ben que ha pagado su deuda y que si van a estar juntos se acostumbre a que ella hará lo que le dé la gana. Pero esta historia va a terminar mal, porque el prestamista ilegal se dio cuenta de que la Perry tenía dinero y le va haciendo visitas para decirle que él decidirá cuándo termina su relación de “negocios”.

Cuando Mike descubre que el mafioso ha entrado en casa de Renée y le está destrozando los jarrones vemos como satisface su sed de acción y se lía a mamporros con el peligroso sujeto, que se va rabo entre piernas pero avisándole: habría sido mejor que lo matara. Esto no va a terminar aquí y veremos quién se la carga. Si quieren terminar la serie con un punto amargo en un final mayoritariamente feliz empecemos las quinielas porque creo que habrá un muerto: ¿Mike? ¿Ben? ¿El prestamista? Esta es una de las amenazas que se ciernen en lo poco que queda de serie.

Pero también hay otra, la de Orson, que llama a Bree y cuando consigue hablar con ella le dice que después de todos los pecados que ha cometido tiene que hacer un sacrificio, algo que ella (pero también nosotros) interpreta como un mensaje de suicidio, aunque nada más lejos de su intención:

O quizá sí, quizá se suicidará, pero dudo que lo veamos. Lo que sí queda claro es que al no conseguir lo que quería decide vengarse y manda un sobre, se entiende que con las pruebas incriminatorias, a la policía de Fairview. Así que no, señoras y señores, el cuarteto de Wisteria Lane no se va a librar del crimen que cometió al final de la séptima temporada y el tema no está, ni mucho menos, cerrado.

Es cierto que quedan estos dos grandes temas pendientes, además de la conclusión de otros de menor entidad y preocupación, pero repito: ¿no os parece que tienen prisa por contarnos cosas que podrían haber durado un par de capítulos más? Esto se ha visto ya alguna vez en esta temporada, pero puede tener (y espero que tenga) un lado positivo: nuevas y mejores ideas para los capítulos que faltan.

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