Review Mujeres Desesperadas: Series Finale

Ha llegado el final de Mujeres Desesperadas, queridas y queridos lectoras y lectores. Se acabó. 180 episodios después dejaremos de ver imágenes como esta, ya no volveremos a pasear ni conducir por Wisteria Lane, ya no veremos más partidas de póquer del cuarteto de desesperadas, ni a Bree cuidando su jardín, ni a Susan liándola, ni a Lynette lidiando con su numerosa descendencia, ni a los Solís discutiendo. ¿Qué tal si repasamos cómo ha sido la despedida? ¿Ha estado a la altura de la serie? ¿Qué opináis? Vamos con el repaso a Give Me the Blame + Finishing the Hat.

Si os parece repasamos las tramas que estaban por resolver, los temas pendientes: sin duda el más importante de ellos era el juicio a Bree van de Kamp por el presunto asesinato de Ramón Sánchez (Alejandro Pérez en realidad), pero también estaban la boda de Renée y Ben, el embarazo de Julie, el tira y afloja de Tom y Lynette y, aunque hacía unos cuantos episodios que no nos hablaban de ella, la pobre Karen McCluskey, moribunda. Como era de esperar, por otro lado, ha vuelto a aparecer en este último episodio, doble por cierto, que también ha tenido visitas de muchos personajes de temporadas anteriores, algunas corpóreas y otras en forma de fantasma.

Nada más empezar el episodio nos dejan bien claro que veremos morir a la señora McCluskey, afectada de un avanzadísimo tumor cerebral. Roy y ella se preparan para su traslado a un centro donde puedan atenderla mejor que su anciano marido, y cuando las cuatro protagonistas lo descubren dicen que ni hablar, que si ella prefiere morir en casa ellas se turnarán para ayudar a Roy a cuidarla, a pesar de lo liadas que están con sus cosas. Detalle bonito para una señora que en sus últimos días reflexionaba precisamente sobre cómo la veían los demás, y aunque sea un poco tarde le demuestran que la consideran una amiga y la tratan como tal. Y les devolverá el favor.

El juicio de Bree se está complicando de mala manera, no saben muy bien qué relación tenía ella con el difunto pero a ojos del público y el jurado está claro que es la asesina. Carlos, que al parecer no enciende nunca la televisión, tiene que descubrirlo por el periódico que Gaby intenta esconderle, y le advierte que si la cosa se complica dará la cara y aceptará las consecuencias.

El que sabe aceptar las consecuencias es Ben, que al negarse a declarar de forma veraz sobre la llamada en la que Bree le da las gracias por mentir por ella y menciona claramente el entierro ilegal de un cadáver comete desacato al tribunal y pasa una noche en prisión, pero no pierde la sonrisa ni rompe su promesa a Bree. Ni siquiera ante su desesperada prometida, Renée, que quiere saber lo que pasa y más estando a pocos días de su boda.

Resulta que Renée vio algo la noche de la muerte de Alejandro, y la fiscal oye toda la conversación y presiona a Renée diciéndole que o declara o su marido se volverá para Australia tras una llamada a Inmigración. Ante esta situación Renée decide actuar como testigo de la fiscal y cuenta a todos los presentes en la sala que vio a Bree volver de algún lugar toda sucia y con una pala en la mano.

Obviamente las demás se le echan encima, pero Renée reacciona enfadada y con toda la razón: ¿tiene que poner a las amigas por delante del hombre al que ama? No cuando no la han tratado de la misma forma en que se tratan entre sí. Sí señor, nada que discutir.

Pero lo dicho: el juicio se complica cada vez más y Trip ya no sabe cómo defender a su clienta, así que se la lleva a una sala para hablar en privado y allí ambos dan rienda suelta a sus pasiones y se besan. Inmediatamente Bree suelta un divertido “fue Carlos” que da pie a la confesión de toda la verdad sobre el asunto.

La pelirroja le cuenta pues a su abogado toda la verdad, pero le pide que no implique a los Solís. Inocente ella, piensa que a Trip se le ocurrirá alguna forma de sacarla del lío sin que el matrimonio latino tenga que pasar una temporada a la sombra, pero no. Él, como buen abogado (pero mal novio) llama a Gabrielle Solís al estrado y empieza a interrogarla, pero Bree finge desvanecerse y se suspende la sesión. Una jugada que, sin saberlo Bree, da la posibilidad de que llegue la persona que lo resolverá todo.

Los Solís tienen una bonita conversación en la que él le agradece a ella que quiera sacrificarse por los dos y le dice lo orgulloso que se siente de este cambio (que nosotros no hemos visto porque Gaby sigue siendo tremendamente egoista), y es que la ex modelo quiere proteger a su marido por una vez en la vida. Sin embargo no piensa aceptarlo, pero en la entrada de los juzgados Gaby es la única que pasa, puesto que Carlos lleva una gabardina con cuchillo incluido (¿de quién será la culpa?) y a los de seguridad no les hace ninguna gracia. Momento humorístico y muy Solís que tampoco está mal en un episodio de tantas emociones. En fin, que esta situación y el retraso de Gaby permiten un testigo de última hora: Karen McCluskey.

Hemos dicho que devolvería el favor que le habían hecho las protagonistas y vaya si lo hace. Tras haber oído una conversación entre los Solís cuando era el turno de Gaby de cuidarla tiene suficiente información como para que su “confesión” sea verosímil: ella mató a Alejandro con un candelabro. ¿Alguien ha dicho Cluedo? Y claro, dada su avanzada edad y su lamentable salud la jueza le pregunta a la fiscal si pretende presentar cargos contra la anciana, a lo que esta responde que no, y que retira los de Bree. Todos contentos, pero este es el punto negro de un  por otra parte digno episodio final de Mujeres Desesperadas. El caso termina sin más investigación. Se acepta la declaración de la señora McCluskey y dada su situación nadie va a la cárcel. Fin. Eso ha sido todo. ¿Qué os parece? Yo no me lo creo.

Final feliz para esta historia que se estaba fraguando desde el último capítulo de la séptima temporada. Decepcionante si esperábamos algo de originalidad y que alguien se ganara unas décadas en la cárcel, ya fuera Bree por llevar hasta el final su sacrificio, ya fuera alguno de los Solís por dar la cara. Pero no, al final todos salen indemnes.

Con todo esto del juicio hemos dejado temas pendientes que, como siempre, se nos contaban paralelamente. Uno de ellos es el asunto de Tom y Lynette. Después de que Penny llame a su madre y le cuente que Tom y Jane han cortado, Lynette se emociona y se prepara para recibir la visita de un Tom que la estaba llamando en el mismo momento, pero cuando él llega el chasco es absoluto: viene a decirle que entiende que haya pasado página y que por la mañana entregará los papeles del divorcio, que esta situación, esta “zona gris”, no puede continuar. Naturalmente nosotros sabemos que lo dice por el malentendido con Lee en el episodio anterior, pero Lynette no tiene ni idea y se queda sin palabras. Y, como se suele decir, quien calla otorga.

Sin embargo, después de una conversación con Roy en la que el anciano le dice que estos últimos días con Karen están siendo maravillosos porque se están diciendo todo lo que pueden para que no quede nada por decir cuando ella muera, Tom le pone un par y le dice a Lynette claramente que, a pesar de que entiende que ella haya pasado página, él la sigue queriendo. Y claro, Lynette le dice lo mismo y se dan un beso que esperábamos desde hacía meses. Los Scavo han vuelto, señoras y señores. ¿Sorpresa? En absoluto, pero nos han hecho sufrir porque sabíamos que no sería fácil. ¿Previsible? Bastante, pero ha habido margen para la sorpresa y para que al final no arreglaran las cosas, pero sí.

En una temporada de varias visitas de personajes de otros años no podía faltar la de Katherine Mayfair, que regresa al vecindario para restregarles por la cara a sus ex vecinas el éxito profesional que ha conseguido con una empresa de comida congelada que montó en París al llegar allí con Robin, con la que por cierto rompió (qué lástima no poder volver a ver a la dulce Julie Benz en Mujeres Desesperadas) porque se dio cuenta de que le gustan más los hombres. En fin, que ha vuelto con esos aires que la hacían insoportable en su paso por la serie, pero también para ofrecerle a Lynette un trabajo en Nueva York.

Con ello le da a la señora Scavo un motivo para cuestionar su propia felicidad ahora que Tom ha vuelto, y la primera discusión de la nueva etapa de la pareja con más hijos de todo Wisteria Lane. Como siempre, Lynette quiere más, pero en el discurso de la boda de Renée, su mejor amiga, demuestra que lo ha pensado mejor y que ya tiene todo lo que necesita para ser feliz.

Porque sí, había una boda también, aunque sea la de un personaje importante pero secundario. Renée y Ben se casan, y la boda en sí muy bien, pero los preparativos no podían estar más llenos de accidentes. Ben se merecía un descanso tras su heroicidad con Bree, pero a Renée le crecen los enanos y en el camino al lugar de la ceremonia (que por cierto se nos omite) Julie rompe aguas, un suceso que era de lo más previsible. Se le estropea el vestido y tiene que ir a por otro a unos minutos de su propia boda. ¿La solución? Ir a la tienda donde trabaja Gaby y “tomar prestado” uno, lo que no es nada fácil puesto que los empleados del sábado no son los mismos que entre semana y la latina va sin su identificación, así que tendrán que robarlo.

Tampoco será fácil ir a la boda cuando la limusina se la ha llevado Susan, que la utiliza para llevar a su hija a que pueda parir como Dios manda, en un hospital. Renée afortunadamente llega a la boda, pero no pueden asistir ni la viuda Delfino ni su hija, que la convierte en abuela.

Los Scavo dejan el restaurante en cuanto se enteran de la buena noticia (la pregunta es: ¿si Renée llega tarde y en teoría les ha contado por qué no ha venido Susan, cómo es que los Scavo se quedan tanto rato?), y Bree se reconcilia con un Trip que lleva días intentando arreglar las cosas. Al fin y al cabo traicionó su confianza como pareja al intentar salvarla aunque fuera a costa de los Solís, pero al final lo perdona, porque de todas formas se considera a sí misma una persona tremendamente llena de defectos y en el fondo no entiende cómo él puede quererla. Final feliz para Bree, pues, aunque tiene que dejar el restaurante por otro motivo. De un nacimiento…

…a una muerte. Karen McCluskey deja este mundo en paz, con su marido cogiéndole la mano, y escuchando su música favorita en un disco de 45 rpm que le consiguió Trip. Es el momento lacrimógeno del episodio, si es que solo hay uno, interpretado por una actriz que en la vida real ha superado un cáncer de pulmón varias veces, toda una heroína que en su contrapartida ficticia, eso sí, sucumbe ante esta enfermedad.

Y en un capítulo final de una serie como esta no podía faltar la partida de póquer, en la que las desesperadas repasan los últimos acontecimientos y se lamentan de la marcha de una Susan que les ha estado escondiendo que ponía su casa en venta, pero prometen hacer lo posible porque esta no sea la última partida de póquer juntas. Sin embargo, Mary Alice nos dice que sí lo es.

Como no podía ser de otra forma, la misma Mary Alice (que por cierto aparece en una breve escena de falso flashback con Marta Hubert en la que se nos revela por qué esta empezó a meter las narices en los asuntos de la entonces nueva vecina hasta el punto que Mary Alice tuvo que suicidarse) nos narra en off el futuro del cuarteto: Lynette y Tom se mudan finalmente a Nueva York, y a ella incluso la vemos de mayor con sus 6 nietos (¿solo?) en Central Park, Bree se casa con Trip y también se va a vivir a otra parte, donde se dedica a la política, y los Solís se van a California, donde Gaby triunfa en televisión después de hacerlo en una página web de personal shopping.

¿Qué pasa con Susan? De ella no vemos imágenes futuras, aunque en una conversación con la parturienta Julie no descarta tener algún otro romance en lo que le queda de vida, pero se le reserva un papel muy especial: dar la bienvenida a una nueva vecina que también viene con terribles secretos. Fantástico final para la serie, que además nos muestra a los muertos, Mike incluido, observando cómo Susan da una última vuelta en coche a Wisteria Lane. Merece la pena poner la pausa y ver las caras de personajes que con pasos más o menos importantes por la serie han querido despedirse de la misma. Y no, no está Edie Britt, no tendría sentido después de haber acabado mal con los responsables de la serie hasta el punto de pasar por los tribunales.

Esta es la última reseña de Mujeres Desesperadas, pero queremos saber qué opináis vosotros de estos aproximadamente 80 minutos con los que se ha puesto fin a 8 temporadas de misterios, crímenes, muertes, amores, traiciones, nacimientos, reconciliaciones, alegrías y aventuras de Lynette, Susan, Bree y Gaby. ¿Os parece un digno final? ¿Qué habríais cambiado? ¿Qué no os ha gustado nada?

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