Review Mujeres Desesperadas: Searching

Aprovechando el momento

Hoy vengo con buenas y malas noticias. Empezamos
con las malas, así nos las quitamos de encima: Desperate Housewives se toma
un descanso hasta el mes de abril
. Es decir, si nos han “gustado” estas
demasiado frecuentes pausas de dos o tres semanas, ahora viene otra de un mes.
La buena noticia es que el capítulo 16, el que acabamos de ver, ha estado algo
mejor que los de las últimas semanas. No ha habido momentos lacrimógenos, pero
sí un par de humorísticos y… una baja.

El episodio se llama “Searching”, porque gira alrededor de la ya desesperada búsqueda de
un riñón para Susan, que después del desmayo del otro día en el restaurante
recibe la noticia de que la diálisis no
es suficiente
. No está funcionando como debería y la doctora le recomienda,
después de decirle que harán todo lo posible por acelerar el proceso, que lleve
a cabo todo aquello que desea hacer en esta vida, por si las moscas. Y lo que
decide hacer Susan es celebrar su aniversario de boda con Mike en aquel bosque
donde se casaron años ha, aunque todavía falten meses. Mike al principio se
resiste, le dice a su mujer que llegará de una pieza al día adecuado, pero
Susan lo convence y se marchan de picnic. Un picnic de lo más accidentado, para
exasperación del señor Delfino, pues se han olvidado la comida (la cesta se les
ha quedado en el techo del coche mientras cargaban el maletero y han arrancado
sin darse cuenta), y un cuervo impide a Mike renovar sus votos con tranquilidad.

Lo que faltaba: una recreación de la Guerra CivilLo que faltaba: una recreación de
la Guerra Civil

Para rematarlo, cuando los Delfino están en plena
recreación de su noche de bodas, otra recreación coincide en tiempo y espacio
con la suya: la tradicional celebración de batallas simuladas de la guerra
civil americana. Mike y Susan se marchan de allí y por el camino el fontanero
se derrumba: quería que fuera un día perfecto, porque su mujer se está muriendo y se está despidiendo
de él. Susan le dice que no, que luchará hasta el final, pero que mientras
tanto quiere vivir al máximo.

Sin que ellos lo sepan, en Wisteria Lane Bree ha
organizado un brunch con todos sus
vecinos para convencerles de que se hagan las pruebas de compatibilidad en
busca de un donante para Susan, ya que seguir en la lista de espera no
solucionará su problema. Este arranque solidario de la señora Van de Kamp se
debe a una crisis existencial en la
que se ha dado cuenta de que después de la marcha de su novio Keith está más
sola que la una. Después de una conversación con el reverendo Sikes, éste la
convence de que más que preguntarse por qué Dios se lleva lo que más quiere,
debe cuestionarse qué puede hacer ella por los demás.

¿Has
matado a alguien, Bree?¿Has matado a alguien, Bree?

Pero antes de esta manida frase, el clérigo prueba
una de las magdalenas que le ofrece Bree y le pregunta, asustado, si ha matado a alguien, porque según él
la gravedad de sus pecados suele ser directamente proporcional a la exquisitez
de sus meriendas. Un momento ciertamente divertido.

También lo es cuando la pelirroja hace una ronda
por Wisteria Lane para pedir a sus vecinos que colaboren con la causa de Susan,
y llama a la puerta de la señora McCluskey, que sorprendida le responde “¿Acaso
no me conoces? ¡Tengo como 112 años!”. A mí, por lo menos, me arrancó una
sonora carcajada. En fin, ya volveremos a la fiesta que ofrece Bree, pero de
momento vamos a ver qué hacen los Scavo. Dado que los gemelos se han marchado,
Lynette se pone a sacar las cosas de su habitación para donarlas a la caridad,
y Renée le pregunta si no está triste. Por supuesto que lo está, pero también
se alegra de que levanten el vuelo. Al escuchar las palabras de su amiga (entre
las cuales un “tú no puedes entenderlo, nunca has sido madre”), Renée siente
otra vez la necesidad de ser madre, y acaba decidiendo que adoptará a un bebé,
concretamente “en marrón y en chico”. Lynette no se lo toma muy en serio y la
pone a prueba: tendrá que cuidar de
Paige durante una noche
. Lynette y Tom lo aprovechan para salir a cenar
tranquilos, precisamente a un restaurante que su amiga les había recomendado, y
al que también va esa noche, con la niña… ¡durante una cita con un hombre!
Los Scavo lo observan todo entre alarmados, sorprendidos y ansiosos por darle una
lección, y vaya si lo hacen: como Renée le entrega el bebé a una camarera para
que lo calme y no moleste, Lynette le paga todavía más para que finja que le ha
pasado la niña a otro trabajador, con lo cual Renée entra en pánico y monta un
pollo en el lujoso local. Definitivamente lo suyo no es ser madre. Se queda,
pues, en un deseo de juventud que nunca pudo ser.

Lee, un
padre orgullosoLee, un padre orgulloso

Antes de volver al tema de la fiesta del riñón
pasaremos por la otra línea argumental de tono humorístico, pero para mí menos
interesante, de este capítulo. Gaby vuelve a su papel de rica caprichosa, ya no
queda nada de su trauma infantil, y nos ofrece de nuevo su lado más
desagradable: al descubrir que Lee le ha comprado a su hija un violín y que lo
usará para su actuación en el concurso de talentos del colegio, la señora Solís
lo convierte en una batalla personal contra su versión masculina y utiliza a
Juanita, a la que recuerda que nunca se ha tomado en serio ninguna de las
actividades en las que había querido destacar. Recupera una, el claqué, y
apunta a la niña a unas clases a las que asiste a regañadientes. Cuando el
mismo día D la madre descubre que no ha aprendido tanto como pensaba decide
boicotear su actuación y esconde sus zapatos de baile, ante la decepción de una
Juanita que había empezado a tomárselo en serio. Gaby no quiere hacer el
ridículo “por culpa” de su hija, y se sienta entre el público a observar la
voluntariosa pero no inmaculada actuación de la niña de Lee y Bob. Se regodea
en sus fallos y asiste sorprendida a las felicitaciones de Lee, que se come a besos
a la esforzada niña al término de su paso por el escenario. ¡En toda la cara,
Gabrielle!

Y ahora sí: Bree convence a los asistentes al brunch solidario para que se hagan las
pruebas de compatibilidad allí mismo, y los resultados no tardan en llegar. Hay
dos coincidencias: la misma Bree… y Beth Young. Al principio la señora Van de
Kamp duda un poco, pero luego decide que ella tiene que ser la donante, que se
sentirá realizada si hace algo útil por su amiga, así que visita a Beth (quien
no duda en ofrecerse voluntaria, y de hecho se hizo las pruebas por uno de los
anuncios que Bree hizo circular, porque naturalmente no asistió a la fiesta) y
le da las gracias, pero le anuncia que para ella significará más que para la
esposa de Paul. Ésta se despide de Bree con una de sus escalofriantes sonrisas,
y sabemos que trama algo. De hecho, en este capítulo la hemos visto en lo más
bajo de su vida: intenta reconquistar a Paul presentándose en casa como si no
la hubiera echado y él le acaba diciendo que sí es el asesino de la señora
Hubert, ante el asombro de Beth, que estaba cegada por amor y desoía a su
madre. Una madre que, por cierto, cuando recibe la posterior visita de Beth le
dice que ya no le sirve para nada (a menos que haya grabado la confesión, cosa
que no ha hecho) y pide que la borren de su lista de visitantes.

Paul,
en serio, ¿qué les das?Paul, en serio, ¿qué les das?

Es entonces cuando se produce el clímax del
episodio: Beth va al hospital para presentar los papeles para la donación del
riñón, y se lo cuenta a una enfermera de urgencias que no para de decirle que
se equivoca de planta. Pero no, Beth sabe muy bien en qué planta está.
Desesperada y cansada de vivir, coge un revólver y se vuela la tapa de los
sesos, y con ésta ya van dos mujeres de Paul Young que hacen lo mismo.

Y nada, ahora a esperar un mes para ver la
continuación y la más que probable recta final de esta serie. Se toma un
descanso con un episodio que sube el nivel respecto a lo que habíamos visto
últimamente, y donde parece que los guionistas me hayan hecho caso, ya que
recuperan protagonismo tanto Renée como el matrimonio Hunter-McDermott y se da por
fin algo de uso a la hija que éstos han adoptado recientemente. Sin testigos ni
gente conspirando contra él, ¿se sabrá alguna vez que Paul es el culpable del
asesinato? ¿Acaso será él, reconcomido por la mala conciencia, quien confesará?

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