Review Mujeres Desesperadas: Putting it together

Después de una pausa de tres semanas ha vuelto Mujeres Desesperadas y nos ha ofrecido un capítulo más de la tensa historia en la que se han metido las vecinas de Wisteria Lane. Nos ha puesto todavía más en tensión y… nos deja durante un mes entero. Otra maldita pausa de esas a los que los americanos nos tienen acostumbrados, pero que nunca recibiremos con una calurosa bienvenida. En fin, no queda otra que comentar este pequeño avance en la trama y esperar al año que viene para continuar.

Si recordáis el último episodio que habíamos visto, Gaby y Susan daban la espalda a Bree por no haber mencionado el “pequeño detalle” de que su resentido ex novio Chuck sospechaba de ellas en cuanto a la desaparición de Alejandro. Lynette no estaba en aquella escena del museo en el que el detective se las encuentra junto al cuadro-confesión de Susan, pero esta semana también le da la espalda a la pelirroja, como las otras dos, y le dice que en esta ocasión no solucionará nada horneando unas magdalenas. Es entonces cuando la Van de Kamp, derrotada, se abandona de nuevo a la bebida, cosa que ya le vimos insinuar al final del 8×08, y se pasea por el capítulo como alma en pena.

Pero por mucho que no quieran ver a Bree, las otras tres tendrán que enfrentarse al problema, dado que Chuck las llama a comisaría para que declaren. Lynette, que sigue teniendo su propia trama aunque se juega lo mismo que las demás en el caso de Alejandro, se muestra entera ante las preguntas del detective Vance, mientras que Susan demuestra ser de nuevo el eslabón débil y Gaby emplea, como siempre, su risita hipócrita. Pero a Chuck no pueden engañarlo, y menos cuando tiene tantas ganas de hundir a Bree, que al fin y al cabo es por lo que se encarga del caso.

A Bree no la llaman a declarar, pero después de intentar, sin conseguirlo, que la bebida le ayuda a superar las penas, se da cuenta de que solo hace el ridículo, y encuentra en Ben un hombro en el que apoyarse. ¿Qué diríais si viérais que vuestro novio sale de casa de una de vuestras amigas (o vecinas) y que ella lleva una bata? ¿Y si encima se dan un abrazo? No os gustaría, ¿verdad? Tampoco a Renée, que lo ve todo desde su coche y empieza a sospechar. Nosotros sabemos que no hay nada entre Bree y el australiano, pero Renée solo ve indicios de lo contrario. Cuando más tarde se presenta Chuck a comunicarle a Ben, que en su día se encaró con él, que la zona donde está construyendo es el último lugar donde se detectó actividad en el móvil de Alejandro (¿recordáis cuando le sonó mientras lo enterraban?) y que se lo va a cerrar el tiempo que haga falta para fastidiarle, aprovecha para referirse a Bree como su “novia”, sabiendo que a Renée, presente, no le hará ninguna gracia.

Mientras tanto Susan es consciente de que todas ellas pueden terminar en la cárcel por su debilidad de carácter, y Mike le dice que mientras nadie hable no pasará nada. Pero Susan tiene todos los números de acabar haciéndolo, y se plantea marcharse. Para ello necesita dinero y le pide a Felix, el dueño de la galería, que se lo adelante. Este lo hace a regañadientes y de paso le ofrece la oportunidad de mandarla a Nueva York y pagarle un apartamento a cambio del 50% del precio de venta de sus obras. Y Susan se lo plantea, parece que con esto mata dos pájaros de un tiro… pero Mike se niega rotundamente. Ni hablar. Si quiere irse ella, que lo haga, pero la mudanza no entra en los planes de él. Un poco sorprendentemente egoista por parte de Mike, ¿no os parece? Teniendo en cuenta lo que ha llegado a hacer por ella. Claro que para él la solución no es esta, sino que Susan no abra la boca ante Chuck.

Gaby, por su parte, cada vez más acorralada por Chuck, que le dice que su comportamiento en el interrogatorio fue de lo más sospechoso, se mete en un lío para contactar con Carlos en el centro de rehabilitación en el que entró. Nos brinda una escena humorística que no está nada mal, que me ha parecido incluso buena, y consigue lo que quería: Chuck sospecha que Carlos se ha vuelto alcohólico por algo que le corroe la conciencia, y Gaby le dice que sí, pero que se trata de una infidelidad que ella ha descubierto. Por supuesto, es necesario que Carlos cuente la misma versión, de ahí la que lía para hablar con su marido.

También la lía Lynette para hablar con Tom y confesarle lo del asesinato de Alejandro, después de que Chuck le diga que todo este tema es el que ha acabado con su matrimonio. Me parece poco creíble que Lynette, por muy desesperada que esté, haya permitido que esas palabras funcionaran en ella. Sabemos que la separación de los Scavo no tuvo nada que ver con la muerte del padrastro de Gaby, pero en fin, que ella descubre que Tom se va con Jane de viaje a París y se presenta en el aeropuerto, lo acorrala en los baños y se lo confiesa todo. Por desgracia entra Jane, inquieta porque Tom está tardando, y los descubre juntos. “Lo puedo explicar”, asegura Tom, pero lo cierto es que no, porque si tiene que contarle la verdad habrá una persona más que conocerá el secreto del cuarteto femenino. Y el viaje, así como aparentemente la relación con Jane —por mucho que su novia, muy paciente, le dé la oportunidad de reunirse con ella en la capital francesa—, queda cancelado porque Tom decide quedarse para apoyar a la madre de sus 5 hijos. Podemos apostar que esta situación es el principio del regreso del matrimonio.

Volvemos a Chuck: cada vez tiene más acorralado al grupo, y Bree le ofrece un trato: ella le cuenta lo que quiera saber si deja a sus amigas al margen. Un sacrificio que está dispuesta a hacer a pesar de que le han dado la espalda. Su sufrimiento es algo que a Chuck le parece insuficiente como venganza por haber sido abandonado por la señora Van de Kamp, y además de no aceptar el trato le recuerda el que él le había ofrecido tiempo atrás: que se casara con él y así él la protegería siempre. Ha dejado claro que está en esto más por venganzas personales que por su deber como policía.

Y la cosa no puede ponerse más fea cuando se encuentra de nuevo con Gaby y le dice que ha estado indagando en su pasado y ha descubierto que el tal Ramón Sánchez es en realidad Alejandro Pérez, su padrastro, algo que la Solís no había mencionado al ver la foto del desaparecido. Va a abrir oficialmente un caso contra ella, y en esas estamos cuando más tarde alguien atropella intencionadamente al detective, convirtiéndose en el tercer atropello brutal de la serie (a saber, el de la madre de Carlos, el de Mike por parte de Orson y ahora este). ¿Quién ha sido? ¿Habrá muerto Chuck? ¿O solo servirá para alargar la trama hasta el final de la temporada haciendo que, por ejemplo, haya quedado en coma? Muy oportuno, pero lo que sí me ha parecido cogido por los pelos es el increíblemente preciso timing que hacía falta para atropellar violentamente a este señor, y la casualidad de que se metiera en la calzada sin mirar, ¿no?

Acabamos con la última escena del episodio, que nos deja en tensión pero de otra manera: Bree, completamente derrotada, alquila una habitación cutre en una pensión y saca una botella y una pistola. Hasta se le aparece Mary Alice, que le dice que después de su suicidio no es infeliz del todo, así que Bree coge la pistola… y nada. Nos dejan así, un mes de espera para ver qué ocurre. Pero… es altamente improbable que Bree se pegue un tiro, ¿no pensáis lo mismo?

 

 


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