Review Mujeres Desesperadas: I’m Still Here

Review Mujeres Desesperadas: I'm Still Here

Parece que nuestras amigas siguen haciendo honor al título de su serie, ya que no consiguen estar tranquilas ni dos semanas seguidas. Dejando a un lado las especulaciones de Paul Young sobre quién podría ser el autor (o la autora) de su intento de asesinato, y es su nueva mujer quien tiene todos los números de sufrir su venganza, tenemos por ejemplo a Bree, que vuelve a preocuparse por la diferencia de edad que existe entre Keith y ella…

Con estas palabras recuperamos las , de la mano de nuestro nuevo colaborador, Toni Ramirez… ¡aplauso para él, por favor!

Y es que su joven novio tiene un pasado, como todo el mundo, y este pasado se llama Amber. Interpretada por Rochelle Aytes, Amber es la ex de Keith, a quien rompió el corazón hace tiempo, y se presenta en casa de la refinada pelirroja para hacerle una visita. Bree, molesta, interroga a Keith sobre esa tal Amber a quien nombra en sueños (ya estamos manipulando) y el chico deja bien claro que no quiere saber nada más de ella. Pero Bree va a ver a Amber y descubre que tiene un hijo con tantos años como los que han pasado desde que rompió con Keith. La cosa se complica, Bree se encuentra en medio de un terrible dilema y trata de sondear a su contratista reconvertido en novio. Él, fiel a lo que le ha dicho siempre, ya no siente la necesidad de ser padre y no le importa que con ella se esfume la posibilidad de convertirse algún día en papá. La señora Van de Kamp toma una difícil decisión, visita a Amber por segunda vez y hace lo que mejor sabe hacer cuando está desesperada y trata de sobrevivir (en este caso, mantener a su lado a Keith): mentir. Keith ya está enterado de que tiene un hijo, pero no quiere saber nada de él.

Por supuesto, este tema acabará volviendo, no lo dudemos ni por un momento, y pinta mal para Bree. El que empieza a alargarse quizá demasiado es el de Gaby y lo difícil que está siendo para ella la desaparición de Grace, su hija biológica, de su vida. La sustituyó por la muñeca Princess Valerie, y cree encontrar en la señora McCluskey a una compañera de juegos, pues la cada vez más entrañable y anciana vecina también tuvo una muñeca muy especial. La diferencia es que su forma de tratarla entraba dentro de los límites de la cordura, y lo de Gaby se llama obsesión.

De acuerdo, Gaby está sufriendo y no nos podemos cebar con ella, pero es un tema que empieza a cansar. Carlos, alertado por la bienintencionada McCluskey, descubre que su esposa lleva la separación de Grace mucho peor de lo que él pensaba, y cuando la obsesión con la muñeca está a punto de costarles la vida llega un punto de inflexión a partir del cual esperamos que el señor Solís pase de echarle broncas a armarse de paciencia y tratar de curar a su mujer.

Otra que parece metida en un pozo sin fondo es Susan, a quien tenemos en diálisis esperando un trasplante de riñón que no sabemos cuándo llegará, si es que llega. Intenta tomárselo con humor, pero nadie supera a Teri Hatcher a la hora de llorar y en el hospital nos regala algunos momentos emotivos.

El que tiene hacia el final del capítulo con Dick (Gregory Itzkin, en una interpretación breve pero de bastante más calidad que la de su paso por 24, donde personalmente no me convencía en absoluto) es uno de los dos grandes momentos de este treceavo episodio. El otro tiene que ver con Renée:

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Bob y Lee han ido a recoger a la niña que les han dado en adopción (una niña que a pesar de ser bastante mayor se lleva con sus nuevos padres como si los conociera de toda la vida, algo que no termina de parecerme creíble) y, sabiendo que bajo su apariencia de devorahombres y soltera orgullosa hay una madre frustrada, le ofrecen el papel de figura femenina en la vida de la chica. Otro momento conmovedor.

Más calmada está la familia Scavo, después de mucho tiempo sufriendo lo indecible, pero en Wisteria Lane nadie está nunca tranquilo del todo. Allí, después de la tormenta, viene una lluvia en el mejor de los casos. Esta vez es la madre de Lynette la que vuelve a su vida con problemas.

Este problema se llama Frank (¡el mítico Larry Hagman, J.R. de Dallas!) y es su prometido y compañero de residencia de la tercera edad. Exacto, van a casarse aunque Lynette no tenía ni idea de su existencia. ¿Y qué pasa con él? Que es, con perdón, un capullo integral. Intransigente, racista, arrogante, maleducado… “cualidades” que a Lynette no le hacen mucha gracia para el que está a punto de convertirse en su padrastro, y que su madre quiera casarse con él para heredar la gran cantidad de dinero que tiene no termina de convencerla. Al final, sin embargo, debe afrontar la realidad: Stella le confiesa que con él se siente útil, siente que alguien la necesita otra vez, un sentimiento que llevaba largo tiempo olvidado y que por desgracia viene en el mismo pack que la vejez.

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Unos temas parecen cerrarse, otros evolucionarán esperamos que para bien, otros tienen muy mal aspecto y la trama criminal de la temporada, la del intento de asesinato de Paul, va ganando en interés al sospechar éste que su propio hijo, el intermitente Zack, podría estar detrás de todo. El próximo día 13 de febrero veremos cómo sigue la cosa, después de una traicionera pausa de casi un mes que ha afectado a varias series y que nos ha dejado con el mono.

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