Review Mujeres Desesperadas: Flashback

Una alianza inevitable

El episodio de esta semana de Desperate Housewives tiene un título que lleva a la confusión, a unas falsas expectativas. No es un capítulo lleno de flashbacks, como podríamos pensar, pero mejor que no sea así, puesto que ya ha habido algunos con ese formato y en realidad no hace tanto tiempo. El título hace referencia al tema del pasado, que siempre vuelve por mucho que queramos enterrarlo. Es lo que ocurre con todas las familias menos una, porque siguiendo la tónica del capítulo 13 los Scavo, que ya han sufrido bastante, van por libre.

eLo último que supimos de Paul Young es que reconoció el arma de la que la policía sospechaba que había salido la bala de su intento de asesinato. Una pistola que conocemos desde hace muchísimo tiempo. Desde el piloto de la serie, concretamente. Primer retorno del pasado. Como diría Mary Alice… sí, es la pistola con la que la fantasmagórica protagonista acabó con su propia vida. Y Paul decide ir a hablar con su desaparecido hijo, pero entonces descubre que la mansión que había heredado de su abuelo ha sido embargada por el banco, así que tiene que recurrir a su enemigo y padre biológico de Zack, Mike Delfino, para encontrar al chico.

Es entonces cuando descubrimos, a través de un flashback (esta vez sí, aunque es falso), que Mike mantiene cierto contacto con su hijo, pues le hizo una visita un tiempo atrás para pedirle ayuda económica. Descubrió que Zack había dilapidado su fortuna, pero no sabe hasta qué punto. Aun así, intenta ponerse en contacto con él, y vemos que se ha convertido en un ermitaño cocainómano.

Otro pasado de los que persiguen es el que Bree intentó borrar como única forma de ser feliz con Keith: el de Charlie, el hijo de éste. Con el cheque que le extendió a su madre no fue suficiente, ella quiere que Keith tenga por lo menos una foto del hijo al que según Bree no ha querido conocer. Y, como era previsible (aunque quizá no lo esperábamos tan pronto), se produce un encuentro accidental entre padre e hijo. Bree ha quedado con Amber para prestarle algo de dinero en metálico antes de que el cobro del cheque pueda hacerse efectivo y mientras ella va al banco, la señora Van de Kamp se queda un rato cuidando de Charlie. Entonces llega Keith, que ha visto el coche de su actual novia en el aparcamiento de la pizzería (un poco cogido por los pelos, ¿no?), y juega un rato con el niño. Bree cada vez tiene más problemas para contener su mala conciencia, se da cuenta de que su joven novio se muere por ser padre y al final le acaba contando la verdad cuando están en casa. Podemos augurar una ruptura inminente, aunque sea únicamente por la mentira que ha sostenido Bree durante todo este tiempo. Se veía venir, pero quizá se podría haber estirado un par de capítulos más, aunque no habría durado hasta el final de la temporada.

Un encuentro esperadoUn encuentro esperado

En el capítulo anterior dejábamos a Susan en un momento muy malo de su vida. Además de los problemas económicos que sufren los Delfino, desde los altercados de Wisteria Lane de hace unas semanas Susan necesita un trasplante de riñón, y su doctor le comunica que estará en lista de espera entre tres y cuatro años. Unas previsiones devastadoras, que se esfuman cuando el pasado de la mujer de Mike vuelve para salvarla: Monroe, un antiguo compañero de instituto, se la encuentra por casualidad en el hospital y al enterarse de su situación se ofrece como donante, y resulta que es compatible. Pero pronto descubrimos que la relación que tenían tantos años atrás era bastante desigual: Susan apenas lo recuerda, mientras que él estaba no sólo enamorado, sino obsesionado con ella, así que malinterpreta su amabilidad, nacida del agradecimiento, y fantasea con conseguir a la chica tantos años después. Susan, sabiendo que puede perder una irrepetible oportunidad de curarse sin tener que pasar por la lista de espera, decide pararle los pies con todo el tacto posible, y es que el álbum de fotos que Monroe le dedicó en el instituto (y que contiene incluso un mechón de pelo) abre los ojos de una Susan que se siente halagada pero al mismo tiempo ligeramente acosada. La gota que colma el vaso es descubrir que su ex compañero se ha mudado a los apartamentos donde la familia Delfino está pasando esta difícil etapa.

El pasado de Gaby es algo que a la latina del grupo no le gusta nada recordar. Durante casi todo el episodio volvemos a odiarla por comportarse como la Gaby pre-Grace, como una ricachona egoista y superficial. Carlos ha convencido a su mujer para que vaya a terapia después del punto de inflexión en el que se dieron cuenta de que la señora Solís estaba obsesionada con la muñeca (a la que por cierto no volveremos a ver, ya que se fue con el coche que les robaron), pero después de una primera sesión en la que no hace más que hablar de su época como modelo, Gaby empieza a ir a otro tipo de terapia: la que se puede encontrar en un centro de spa. Cuando su marido lo descubre, se la lleva enfurecido a la psiquiatra y allí vemos por qué se resiste a pasar por ese trago: cuando era pequeña su padrastro abusó de ella. Quizá es algo personal, pero de las cuatro mujeres desesperadas Gaby es la más irritante. Sin embargo, siempre hay un momento en el que muestra una debilidad que justifica sus actos.

Los Scavo, como decíamos, últimamente van por libre. No hay pasado que persiga a la familia numerosa de Wisteria Lane, una familia que recientemente se ha incrementado al casarse la madre de Lynette con el rico e impresentable Frank. Como los trámites para cambiar su jugoso testamento a favor de Stella todavía no han terminado, Lynette tiene que hacer grandes esfuerzos para soportar las exigencias del abuelo, que ahora quiere hacerse una foto con su nueva familia… para restregársela a las otras familias que ha tenido y que ya no le dirigen la palabra. Seguidamente se da una situación típica de comedia negra: la muerte llega a casa de los Scavo durante la sesión de fotos, pues Frank muere en el sofá. El resto de personajes, lejos de horrorizarse, piensa en la posibilidad de que su fantasma se quede en la casa, el morbo de tener un cadáver en el sofá o qué pasará con el testamento. Y lo que pasa es que Stella heredará si la muerte de su marido consta como acontecida después de medianoche, por lo que convence a Lynette (con las ventajas de convertirse en una vieja rica, que incluyen dar menos la lata a su hija) para que la obligada llamada a la policía tenga lugar a la mañana siguiente. La jugada le sale bien, o eso parece. Veremos si la situación se resuelve tan fácilmente o no. Es la parte humorística del episodio, aunque tenga que ver con un tema tan triste como la muerte, pero era necesaria dadas las circunstancias de todas las demás líneas argumentales.

Bromeando con la muerteBromeando con la muerte

El capítulo termina con Zack abriendo la puerta de su casa a sus dos padres, el biológico y el que lo crió. Ambos se han presentado allí para ayudarle a superar su decadente situación, y teniendo en cuenta que ha habido intentos de asesinato de por medio (y en varias direcciones) vamos a tener un decimoquinto episodio de lo más interesante.

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3
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