Review Modern Family: Two Monkeys and…

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Coco y Miko eran dos monitos que un buen día se toparon con una pequeña panda llamada Lily y decidieron adoptarla. Ese es el argumento de Two monkeys and a panda, el cuento que Cam decide escribir para evitar un posible trauma en su hija adoptiva. Aunque como veremos en este episodio número diecisiete de Modern Family, no va a ser ella precisamente la que acabe traumatizada… De nuevo un episodio de los habituales, con sus tres tramas diferenciadas para cada familia por separado.

¡Ya está aquí, ya llegó, la review más esperada!

Como iba diciendo, Cam se ha empeñado en despojar de cualquier aspecto negativo al hecho de ser adoptado. Es la consecuencia de una exposición prolongada a los testimonios catastrofistas del programa de Oprah.

Así que ahí tenemos a Cam, el hombre con más tiempo libre del mundo, utilizando la palabra “adoptar” en todas las situaciones posibles, escribiendo cuentos de monos y pandas, y creando un álbum con todos los recuerdos de los primeros meses de vida de Lily en Vietnam. Es entonces cuando se da cuenta de un pequeño, cuasi insignificante detalle: en la partida de adopción de su niña, su apellido aparece en segunda posición. Y, esta vez sí, Cam está en todo su derecho de armar una de sus tragedias griegas, ya que la idea era que los dos apellidos paternos estuvieran unidos por un guión convirtiéndose en uno solo.

Ha sido este segmento del episodio algo más dramático de lo que nos suele acostumbrar esta serie, con un Cam realmente dolido y afectado por la situación. Aunque también ha tenido algún momento bastante gracioso, en el momento en que se recuerda su estado de ánimo histérico meses antes de adoptar a Lily. Esos gritos y huidas corriendo forman ya parte intrínseca de un personaje que en dosis pequeñas da siempre lo mejor de sí y nos roba más de una sonrisa, y más de una carcajada también. Como ha ocurrido en ese momento en que Cam entra en el dormitorio disculpándose por haber dudado de Mitch, y éste reconoce entonces que no, que Cam tiene razón. Y Cam no tarda ni dos segundos en gritar: “'¡Lo sabía!”. Estaba viendo la escena y ya desde el principio sabía lo que iba a pasar, lo que ha hecho que la disfrute como una enana.

“¡No puedo hacer esto!”

Por cierto, y como curiosidad malsana, creo que esta es la primera vez en que el bebé que interpreta a la niña muestra un poco de sangre en las venas. Es increíble cómo la vemos en cada episodio siempre callada, siempre quieta, como si la hubiesen atiborrado a tilas. Aquí al menos ha hecho un pequeño gesto al aplaudir al final. De todos modos es una monada (cute, cute), no me extraña que Cam y Mitch estén locos por ella.

Voy a seguir con Jay y Gloria, que van a un cementerio a reservar unos nichos para ser enterrados juntos cuando fallezcan. Ha sido de lo más bizarro ver a esa pareja de ancianos que pretenden conocer personalmente a todas las personas cuyos restos reposarán cerca de los suyos, ya que no quieren estar rodeados de extraños. Me dan escalofríos sólo de recordarlo…

En una situación como esa, es lógico y normal que acabe saliendo a relucir el tema de la diferencia de edad entre esta pareja. Jay se da cuenta de que cuando muera su esposa podría rehacer su vida con otra persona, y ser enterrada finalmente con esa otra persona y no junto a él. Manny, que hoy ha vuelto a brillar (“¿Alguna vez me has visto jugar?”), ha tenido una interesante conversación con su padrastro, haciéndole ver que su madre podría haberse casado con cualquiera, pero lo eligió a él. Eso sí, antes también le dice que no apostaba para nada por él, que incluso le daba pena ver sus intentos de conquista y que en un principio ni siquiera se esforzó en aprenderse su nombre… Qué grande.

Evil PlanEvil Plan

La resolución de esta trama está a la altura de la mala leche que a veces se nos gasta Jay: le pide a Gloria que cuando muera lo incinere y guarde sus restos en una lata de café encima de la tele. Así, aunque Gloria se vuelva a casar, su nuevo marido no podrá dejar en ningún momento de acordarse de la anterior pareja de la colombiana. ¡Ta-dáaaaa!

Y dejo para el final a mi personaje favorito, Phil, que en esta ocasión ha llegado a conocer su lado más femenino. El comercial decide ir a un spa para aprovechar un bono a punto de caducar. Allí, entre mascarillas y manicuras, recibirá consejos varios sobre cómo tratar a Claire. La verdad es que ha sido una escena que me ha hecho reír bastante, ya que creo que refleja bastante bien la realidad. Al menos a mí me pasa. Quiero que mi pareja me anime y apoye en mis problemas, no que se convierta en un manual de soluciones. El gran problema de Claire esta vez estaba protagonizado por sus dos hijas, y un jersey rosa. Ha sido una trama un tanto insípida, y previsible (estaba claro que el jersey se iba a romper, y que el segundo jersey no iba a correr mejor suerte), siendo lo más destacable ciertas frases sueltas (“Me pondré la camiseta del tío de Regreso al futuro, dice Haley, a lo que Alex responde: “'¡Es Albert Einstein!”). Al final, hemos visto a un Phil que ha sabido aplicar a la perfección todas las directrices de sus compañeras de relax. Ha llegado a tal extremo, que las tornas incluso se han vuelto, con un Phil tristón yéndose a preparar la cena al ver que su mujer no ha sido capaz de descubrir qué le habían hecho en el spa.

Phil sacando sus garrasPhil sacando sus garras

A decir verdad, ahora que releo mi review y recuerdo el episodio, quizá no ha sido de los mejores en cuanto a trama y situaciones hilarantes y memorables. Simplemente ha sido un episodio correcto, con los personajes en su línea. Pero no, definitivamente no ha estado a la altura de los últimos emitidos, aunque eso no significa que no lo haya disfrutado. De hecho, actualmente me parece prácticamente imposible llegar a ver un episodio de Modern Family y no pasar un buen rato.

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