Review Modern Family: The Last Walt

Lo digo ya: me ha encantado el último episodio emitido de Modern Family. Ha sido un capítulo ameno, divertido, donde no he parado de reírme, y donde cada trama ha sido de diez. Aunque el punto de partida del episodio no era precisamente agradable (la muerte del anciano Walt), todo se ha desarrollado de una forma inmejorable. ¡Me quito el sombrero, señores!

Es curioso, porque siempre digo que los mejores episodios de Modern Family son aquellos en que todos los personajes se reúnen en alguna fecha especial, y sin embargo este The Last Walt es quizá la excepción que confirma la regla.

Estoy repasando mentalmente el episodio y no sabría deciros qué partes me han parecido mejores. ¡En serio! Todos los personajes y todas las escenas han estado a un gran nivel, con lo cual al terminar el episodio no he podido más que esbozar una gran sonrisa de satisfacción mientras pensaba en los merecidísimos premios que ha recibido la serie desde que comenzó su andadura.

Pero por alguien hay que empezar. ¿Qué os parece si lo hacemos con los Dunphy? La muerte de Walt ha puesto en una situación un tanto delicada a Phil y Claire, que debían anunciarle la noticia al pequeño Luke, su gran amigo y compañero de batallas. Tras descartar la idea de Phil de ir allanando el terreno poco a poco (genial el monólogo que se ha marcado imaginándose cómo ir dándole la noticia a su hijo empeorando el estado de salud del anciano día a día), Claire ha cogido el toro por los cuernos y se lo ha contado a su hijo. Nunca una noticia tan triste e impactante me había causado tanta risa. No sólo por la indiferencia de Luke, sino sobre todo por esa sonrisa macabra que no dejaba de poner Claire, y que ha desorientado tanto a Phil (y supongo que también al propio niño).

A partir de este momento, ha habido una bifurcación, de modo que hemos tenido por una parte a Claire y Luke, y por otra a Phil y Alex.

Las partes protagonizadas por Claire y Luke han sido muy divertidas, porque la rubia no cejaba en su empeño de descubrir un atisbo de melancolía en su pequeño, demasiado ocupado en ver la tele que acababa de “robar” de casa del vecino recién fallecido. La conclusión de todo este asunto ha sido, finalmente, que cada persona afronta el dolor de una manera diferente, y que sonreír o mostrar indiferencia no son más que ciertos mecanismos de defensa para evitar encontrarse desarmados ante noticias desagradables.

Me da un poco de pena no volver a ver al personaje encarnado por Philip Baker Hall, que la semana pasada soltó las mejores líneas del episodio, pero supongo que el actor tiene otros proyectos en mente.

La muerte de Walt ha servido para Phil de catalizador para intentar aprovechar más su vida en compañía de los suyos. Cuando se ha percatado de que nunca pasa tiempo con su hija Alex, ha decidido llevársela de excursión con la idea de hacer algo lo suficientemente importante como para quedarse con ese recuerdo durante toda su vida. Evidentemente, todo ha resultado ser un fracaso, aunque nuestro amigo Phil no ha dejado de poner todo su empeño. ¡Cuántas carcajadas me he echado cuando Phil no dejaba de golpear fuertemente la mesa en un zafio y vano intento de provocar el parto a la camarera! ¡O cuando la gaviota ha aparecido de repente llevándose las placas de identificación de Walt! Encima han acabado padre e hija vomitando (o bostezando). Al final Phil ha echado mano de cierta historia de un astronauta que le había contado a su hija, para hacerle su propio regalo, no tan eterno pero igualmente encantador.

En cuanto a Mitch y Cam, han decidido hacer una cena invitando a sus respectivos padres, lo cual tenía todas las papeletas para ser un desastre ya que Jay y su consuegro Merle no se llevan precisamente bien. Me ha divertido mucho la conversación telefónica entre Mitch y su padre, donde éste intentaba zafarse del compromiso alegando un resfriado, y Mitch lo ignoraba por completo para evitar darle la razón a su pareja. La situación se ha puesto más divertida cuando Cam se ha enterado de que su padre tampoco quería ver a Jay, pero igualmente ha decidido callárselo para no quedar por debajo de Mitch.

Entonces es cuando hemos descubierto a qué venían tantas reticencias: Jay se sentía incómodo porque Merle siempre trata a Mitch como la “mujer” de la relación. Y es totalmente cierto. No hay más que ver los relojes que les ha regalado (porque su muñeca era más esbelta… que diga delgada). Es curioso porque en la serie siempre se nos ha dado a entender justo lo contrario, de hecho hubo un episodio referente al día de la Madre en que hubo cierto conflicto entre Cam y Mitch a este respecto. Creo que el suegro de Mitch es la única persona en el universo que piensa diferente a los demás.

El apogeo de toda esta situación ha sido cuando Jay y el granjero se han puesto a imitar las risas de sus hijos, ante la cara atónita de Gloria… y la mía propia. Ha sido hilarante, como también lo ha sido cuando Cam y Mitch discutían sobre cuál de los dos padres era el más duro (“Oh, you mean cities, where there’s gangs, as opposed to farms, where there are ducks…”).

Y, en la tónica de la serie y especialmente de este episodio, esta trama también ha tenido su propia moraleja: los dos consuegros se han sincerado, afirmando que les resulta un tanto duro reconocer que sus hijos son homosexuales. Me ha gustado mucho esta trama porque son pocas las veces en que Jay defiende a su hijo, y en esta ocasión eso es lo que ha hecho durante todo el tiempo. Ha sido un tanto tierno conocer esta vulnerabilidad de Jay.

Por último, hay que mencionar a Haley, cuya “estupenda” idea de dar una fiesta en casa de su abuelo contando con la supervisión de su tío, no ha salido tan bien como creía. ¿A quién se le ocurre otorgar el mando de la fiesta a alguien tan carca como Manny? Aunque Gloria y Claire creyeran que el adulto responsable sería otra persona (Haley nunca especifica qué tío es el que va a supervisar la fiesta), creo que si llegan a verlo en acción, no habrían puesto ninguna pega. Manny se ha pasado todo el tiempo ordenando las cosas, riñendo a los adolescentes y poniendo orden continuamente. Lo único negativo ha sido que me he quedado con ganas de mucho más. Cuando Gloria ha vuelto a su casa y se ha topado con la situación, su reacción ha sido de lo más inesperada y cómica: le ha pedido a su hijo que se uniera a la fiesta e hiciera alguna locura propia de su edad. Y es que tiene que ser un tanto traumático tener un hijo que de pequeño supervisaba las construcciones de juguete y pedía que todos los papeles estuvieran en regla.

En fin, que me he reído mucho, y me lo he pasado pipa. ¡Poco más puedo añadir!

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4.5
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