Review Modern Family: Lifetime Supply

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Se acabaron las vacaciones de Navidad… ¿por qué lo bueno siempre pasa tan rápido? Con la vuelta a la rutina diaria ha vuelto también la sitcom por excelencia, Modern Family, que ha contado con la presencia de dos viejos conocidos de la serie, que por cierto, vuelve a estar de enhorabuena. A lo largo de este mes de enero sabremos si alguna de las nominaciones que ha conseguido para los Globos de Oro y el Sindicato de Actores logra materializarse (¿alguien duda que no sea así?). Ha sido un episodio de lo más simpático, sin duda una buena manera de suavizar la reincorporación a las obligaciones laborales… o no (por si no h queddo claro, la vuelta al tajo es muuuuuy dura).

El título del episodio, Lifetime Supply, hace referencia al premio de por vida que ganó un Phil veinteañero en un concurso televisivo hace años: nada menos que un suministro eterno de cuchillas de afeitar. El flashback del protagonista, con peluquín incluido, ha sido hilarante. Ya comenté en una review anterior que me encantaría ver más momentos pasados de los personajes con pintas desfasadas, así que no puedo estar más satisfecha. Eso sí, cuando Phil ha nombrado a su novia Claire, que teóricamente estaba entre el público, me he quedado con las ganas de verla, con el pelo cardado y unas buenas hombreras. ¡Otra vez será!

Phil lo ha pasado muy mal en este capítulo. El pobre estaba convencido de que iba a morir, y las supersticiones irracionales de Gloria han incrementado aún más si cabe sus miedos. Todo ha comenzado en una revisión rutinaria en su médico de cabecera (impagable el momento final, cuando Phil hace un comentario jocoso sobre las canciones de Norah Jones mientras el doctor le examina sus partes más íntimas). Cuando el fin de semana Phil descubre que su médico le ha estado llamando a casa, saltan las alarmas, y más cuando nuestro agente inmobiliario favorito no logra contactar de nuevo con él. Saltan las alarmas: ¿por qué llamarlo un sábado? ¿Qué noticia tan grave ha de darle, que no puede esperar al lunes?

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Ha sido divertidísimo ver a Phil, cada vez más protagonista de la serie, como un alma en pena recorriendo la casa. Ha pasado de decir que tenía un 60% de probabilidad de morir, a asegurar que sólo tenía 5% de probabilidad de salvarse. Sin duda, ha sido la definición gráfica de una persona aprensiva.

Por otra parte, Gloria ha soñado que bajaba por unas escaleras cuando se topó con un ratón negro, lo que se interpreta en su país como un mal augurio. Así que a la colombiana le falta tiempo para sembrar la voz de alarma y decirle a todos que a Phil le queda muy poco de vida. Está claro: la llamada del médico, el ratón negro del sueño, el suministro para toda la vida que se acaba justo ahora… ¡y encima Phil le cuenta a Gloria sus preocupaciones mientras está de pie en las escaleras de su casa! ¡Escaleras, como en el sueño! I-ne-na-rra-ble.

Gloria, por cierto, va a darle a Haley clases de español. Me encanta cuando en una serie estadounidense hacen referencia a nuestro idioma o intentan chapurrearlo, y la hija mayor de los Dunphy ha estado de lo más graciosa intentando decir alguna frase… aunque no pudiera concentrarse por culpa de su padre, que la estaba observando fijamente para intentar llevarse un buen recuerdo al otro mundo. Por el mismo motivo tampoco ha podido concentrarse Luke, que ha perdido una partida a algún juego bélico con su amigo octogenario, interpretado por Philip Baker Hall, al que ya habíamos visto anteriormente, y que ha vuelto a estar sembrado con sus comentarios repletos de mala leche y bilis.

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A quien no ha podido observar con detenimiento Phil ha sido a su hija Alex, porque no estaba en casa. Parece que no sólo a mí me agradó la interacción de la niña con su tío Mitch, porque los guionistas han repetido dúo, o más bien trío en esta ocasión. Mitch está orgullosísimo de haber ganado un trofeo importantísimo debido a sus logros como abogado especializado en medio ambiente, y decide lucirlo encima de su chimenea. El problema viene cuando al día siguiente descubre que Cam ha colocado a su lado un trofeo de pesca que ganó hace años (y por el que llegó a firmar autógrafos… Cam dixit). Comienza así una lucha de egos entre los dos, donde sólo ha faltado que sacaran una regla.

Alex, que había ejercido de niñera de la pequeña Lily, ha sido testigo de este enfrentamiento, aunque creo que se la ha visto muy poco. De todos modos, el momento en que confiesa a cámara, de forma condescendiente, que ella tiene mejores y más numerosos trofeos que sus tíos, ha sido para enmarcar. Luego le ha hecho ver a su tío Mitch que comprendía su frustración porque a ella le ocurre lo mismo con sus hermanos: cada vez que gana un premio, su madre lo exhibe pero junto con otros premios (inferiores) ganados por sus hermanos. Aquí es cuando Mitch comprende que está actuando como un adolescente, y decide sacar el resto de trofeos de Cam para ponerlos junto al suyo. Previsible cuando tira la caja y le empieza a dar patadas (había un ratón… negro) y Cam lo ve de lejos y cree lo que no es. Pero aún así, efectivo.

Y aún queda hablar de Jay. El cabeza de familia se las ha tenido que ver, de nuevo, con el padre biológico de Manny, interpretado por Benjamin Bratt. El hombre recto y serio, el hombre que siempre lo tiene todo bajo control… ha perdido los nervios. Aunque en un primer momento iba a ir con su hijastro a jugar al golf (no os perdáis al chaval vestido de Bagger Vance), los planes han cambiado con la aparición por sorpresa de Javier, el ex marido de Gloria. Y han acabado apostando en una carrera de caballos. Jay ha intentado actuar con sensatez, como siempre, y ha apostado por el caballo que la lógica y los datos daban como ganador. Javier, por su parte, se ha dejado llevar por su intuición. Otra lucha de egos. Dos maneras de ver la vida, más allá de la metáfora de los caballos. Finalmente, Jay se ha visto superado por la situación y ha acabado diciendo alguna cosa fuera de lugar… y es que, como ha confesado a cámara, no le gusta que le recuerden que Manny no es su hijo. El león herido, de nuevo.

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Aún así, esta trama ha quedado un poco en el aire, sin ninguna resolución, debido a que la trama de Phil ha acabado comiéndose al resto. Cabría haber esperado alguna conversación sincera entre padrastro y niño, culminada con un sentido abrazo y alguna frase final irónica para destensar el ambiente. Al fin y al cabo, eso es lo que suele hacer Modern Family, ¿no? Y no es la única trama que ha tenido este problema, ya que lo mismo ha ocurrido con Mitch y Cam. Cabría esperar que después de ver a Mitch “despreciando” los trofeos de Cam, algo más hubiera ocurrido. Algo que le hiciera ver a Cam que estaba equivocdo. Pero no. Al final del episodio sigue pensando lo mismo, que Mitch había tirado sus trofeos a posta.

Al menos ha sido divertido asistir al recital de miraditas que le han lanzado Mitch y Cam a Javier, el cual por cierto ha aprovechado para tirarle los tejos a una Claire que ya se imaginaba viuda. Por cierto, ¿no habéis echado de menos a los hijos de Phil en esta última escena?

En fin, un episodio simpático, aunque he echado de menos que las tramas secundarias hubieran tenido un desenlace en vez de evaporarse por obra y gracia de Phil Dunphy, y que los hijos de Phil y Claire hubieran tenido mayor presencia y una reacción ante la situación que estaba viviendo su padre.


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