Review MF: Dude Ranch/When Good Kids Go Bad

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Por todo lo alto. Es lo primero que puedo decir del regreso de la cada año más exitosa comedia de la ABC. Jane Lynch, presentadora de los Premios Emmy de hace unos días, llegó a bromear con que parecía estar presentando el programa Modern Family, de tantas veces que la nombraron como ganadora en diversas categorías. Pero si hubo un premio que celebré con entusiasmo, ese fue el de Mejor Actor Secundario para el genial Ty Burrell, que se va superando en cada episodio. En cuanto a esta tercera temporada que ahora da comienzo, sólo puedo decir que no han podido empezar mejor, con dos capítulos que me han arrancado carcajadas sin parar, y que nos han presentado a una nueva y pequeña actriz que ha sido responsable de buena parte de ellas.

Han sido dos episodios brillantes los que han dado el pistoletazo de salida a la tercera temporada. Repletos de ritmo, y casi con una broma/gag/chiste por minuto, no podemos negar que los guionistas de Modern Family se han aplicado a fondo dando lo mejor de sí y ofreciendo a cada actor sus propios y variados momentos de lucimiento.

El primer episodio ha tenido un comienzo de lo más prometedor: toda la familia volando en avión para pasar unas vacaciones en un rancho. Ya se ha dicho varias veces que la serie gana con cada encuentro familiar, así que mis expectativas han aumentado por segundos. Y no me he sentido decepcionada. Parte de la culpa la ha tenido un personaje al que supongo que no veremos más, Hank. Un vaquero de segunda fila que actúa como guía para los Pritchett-Dunphy, y que reúnen su persona los tópicos más rancios relacionados con el Oeste. Este hombre serio y recto se lleva todo el episodio intentando seducir a una sorda Gloria.

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Para Hank, ‘Flor de Cactus’ es una dulce y guapa mujer que canta de maravilla y cuyos gritos son música celestial. Grande, por cierto, el momento en que salen todos a buscar a Dylan, y el cowboy de tres al cuarto empieza a dar indicaciones y órdenes de lo que tiene que hacer cada uno, y a describir los peligros que les acechan (“We don’t want another dead body”). Y geniales los apodos que otorga a los distintos personajes: Flor de Cactus (Gloria, of course), Old Timer (Jay), Hollywood (Manny), Bossy (Claire), Buffalo Phil (Philys… que diga Phil)…

Phil, por su parte, ha demostrado con creces todas sus habilidades como vaquero, y es que el pobre no había dejado de practicar en casa con la intención de asombrar a Jay. Genial cuando lo vemos en el sofá de su casa escenificando las expresiones y muecas que espera producir en su suegro. Lamentablemente para él, Jay está muy ocupado durante todo el episodio controlando que Hank no se acerque demasiado a su mujer.

Pero si ha habido una persona que ha destacado en el episodio, ese ha sido Mitch. El pobre no se ve capacitado para criar a un niño, ya que se considera torpe, femenino, cobarde… No cree ser un ejemplo a seguir. La verdad es que, tras Phil, este es mi personaje preferido. Me hace mucha gracia que una persona que intenta siempre mantener la compostura y la seriedad, no pueda evitar hacer el ridículo en tantas ocasiones. Ya sea por miedo a unos pajaritos, o por no saber cómo coger un arma, o por no ser capaz de coger una botella de agua lanzada por los aires… Es un patosillo miedoso y adorable. Por supuesto, antes de que finalice el episodio se habrá autoconvencido de que es capaz de criar a un hijo varón, después de una experiencia reveladora con su sobrino Luke y un petardo.

El episodio ha tenido más tramas, como la de Alex recibiendo sus primeros besos de un niño muy raro al que acertadamente compara con Mario Bros, o Claire intentando hacer migas a la fuerza con su odiado yerno Dylan, quien lo confunde con un intento de seducción a lo Mrs Robinson. Pero nada ha sido tan divertido como los ya mencionados momentos con Hank, o los álbumes de fotos creados por Cam y Mitch para enseñar a las futuras mamás, con “valores de producción” incluidos (¡y ahora, inevitablemente, me viene a la mente la entrañable Super 8!).

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El segundo episodio ha sido aún mejor que el primero. En él hemos conocido en todo su esplendor a la nueva actriz que da vida a Lily. En el anterior episodio ya la habíamos visto, pero es que en este capítulo está que se sale. Ha sido divertidísimo toda esta trama, de principio a fin. Lily no quiere ningún hermano, y ha empezado a mostrar cierta agresividad al respecto. Eso incluye un empujón a un bebé que nunca (NUNCA) había llorado… hasta ese momento. Esta Lily destroyer que susurra por los rincones que hay que matar al nuevo bebé, es la bomba. Ha sido un gran acierto por parte de los guionistas el darle un papel de mayor peso, darle frases y hacer que se relacione de otra manera con los demás.

El caso es que Mitch le comenta a Cam que su niña puede estar así porque la mima demasiado, así que la reina del drama decide despegarse un poco de Lily, muy a su pesar. Él mismo es consciente de que quizá los lazos entre padre e hija son demasiado estrechos: aún me río al recordar la imagen de Cam en la ducha sacando la mano por la cortina para dársela a su hija, o a ésta colgada del cuello de su camisa mientras limpia el polvo. Genial, genial.

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Y, por si fuera poco, el episodio ha tenido hasta un giro de guión, un cliffhanger, ¿o pensabais que eso era cosa sólo de las series de suspense? Pues no. Porque cuando más convencidos estábamos todos de que todo era culpa de Cam… ¡nos enteramos de que el problema viene por parte de Mitch! Al pelirrojo no le gusta compartir (¡Mi pollo! ¡Mi almohada! ¡Mi lapicero!), y eso es lo que le está pasando a Lily. No quiere compartir el amor de sus padres con una “cosa nueva”.

Para terminar con esta pareja, os quiero recordar la música de Footloose, una pancarta en la cual se lee “It’s a boy” y unas bengalas para festejar el gran momento. No llega a la presentación tipo Rey león de la anterior temporada (Cam tenía que “bajar el tono”), pero tampoco se ha quedado atrás.

La otra trama imprescindible del episodio ha sido la de Jay y su familia. Toda la historia del medallón robado, la confesión de Manny bajo la bombilla acusadora, la (perturbadora) faceta de malota de Gloria… Sobre todo esto último. De vez en cuando la colombiana nos sorprende a todos con actos o palabras que dan a entender un pasado muuuy chungo. En esta ocasión, no ha dudado en forzar un casillero para meter de nuevo el medallón y decirle a Manny que se olvidara de todo y no se autoinculpara ante el director. Cuando Jay ha comenzado a sospechar del engaño, y la ha acusado de no tener conciencia, su mujer lo ha mirado fríamente diciendo algo así como que le sorprendería la de cosas con las que se puede vivir. Evidentemente, Jay ha dejado pasar un tupido velo, y nosotros también. Todo ha acabado con una nueva escena parodiando los interrogatorios policíacos, donde Jay ha obligado a Manny a decir la verdad frente a todos.

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Por último, la historia de los Dunphy han sido quizá lo más flojito del episodio, aunque era muy complicado superar dos tramas repletas de humor y brillantez. De todos modos, no ha estado nada mal. Ver a los niños y el padre compartiendo momentos de complicidad algo cruel en contra de su madre, ha sido bastante gracioso. Además, creo que es algo con lo que muchos nos podremos identificar. Al menos yo recuerdo muchos momentos de ese estilo en mi familia. En cuanto a los niños, destaco cómo Luke va volviéndose cada vez más listo, y ya no se deja engañar por sus hermanas… aunque al final su plan de mudarse al ático tenga algunas lagunillas.

En fin, ha habido grandes frases y momentos, miradas y gestos hilarantes, y muchas risas por mi parte. Para mí, como ya decía al inicio del artículo, no han podido comenzar mejor. Sólo puedo desearles que no bajen el nivel.

¿Qué os ha parecido a vosotros este inicio de temporada? ¿Y los premios Emmy? ¿Fueron merecidos?

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