Review MF: Our children, ourselves

croctopus

Buenas noticias para los creadores de Modern Family (y para sus seguidores): la semana pasada la cadena ABC informó que contará con una tercera temporada. Y no es para menos, teniendo en cuenta que es su comedia más vista, superando cada semana los 10-11 millones de espectadores. Y es que sus veinte minutos de duración, junto a su tono ligero, la hacen demasiado tentadora para cualquiera. Por cierto, me he divertido mucho con su último episodio, ¿lo comentamos?

¿Por qué tenemos que ver una peli francesa? No he hecho nada malo.-Phil Dunphy

Our children, ourselves, nos ha traído tres historias frescas y bastante entretenidas, así como algunas soluciones algo políticamente incorrectas.

Mi favorita ha sido la de Phil y Claire. En este capítulo hemos descubierto que son unos fans confesos de las películas malas de serie B, de monstruos y actores de tercera fila, vaya, como esas películas que emiten de vez en cuando los fines de semana al mediodía en Cuatro. Y si se pueden ver en 3D, mucho mejor. La verdad es que de Phil me lo esperaba, pero me ha sorprendido y divertido que Claire también tenga ese puntito friki.

El matrimonio decide ir a ver la última peli infumable que está en la cartelera, Croctopus en 3D, sobre una criatura mitad cocodrilo mitad pulpo. El problema viene cuando se encuentran a los padres del niño más listo de la clase de su hija Alex, el que siempre queda el primero en todo, dejando el lugar de segundona para la (única) niña lista de los Dunphy. La pobre pre-adolescente no había dejado de estudiar día y noche para ganarle por una vez a su rival, pero finalmente decide rendirse a la evidencia: nunca podrá sacar mejores notas que él. ¿Quién puede luchar contra los genes? No es lo mismo tener unos padres que son médico y profesor, a tener los padres que tiene Alex. Qué grande es esta niña. Cuánta mala leche concentrada en un cuerpecillo tan pequeño.

Phil viviendo la experiencia tridimensionalPhil viviendo la experiencia tridimensional

Y así llegamos a la escena del cine. Phil y Claire, emocionadísimos con sus gafas 3D, se topan con los padres “superiores”, que van a ver una peli francesa en versión original. No he pdido reírme más con esta parte. Me sentía demasiado reflejada, era como una especie de parodia elevada a la hipérbole de mi propia situación, y la de tantos otros que escribimos por aquí y en otros blogs. Sobre todo cuando hacen el comentario de que lo que más les molesta son unos subtítulos mal traducidos. ¡Jajajaja! Evidentemente, los Dunphy acaban metiéndose en la película europea, todo sea para demostrar que pueden ser unos padres a la altura del cerebrito de su hija. ¿Y qué ven? Pues una película aburrida de argumento difícil de seguir. Al final Phil se escabulle para ver su película del cocodrilo gigante, y se lo pasa pipa mientras Claire lucha por no quedarse dormida.

Como siempre en esta serie, al final tiene que haber una enseñanza, un desenlace bonito, un poco al estilo de las fábulas de Samaniego. En este caso, Claire y Phil dejan de sentirse inferiores y les sueltan a los otros padres que la película ha sido un rollo.

¿Y qué hay de Gloria y Jay? En esta ocasión tienen que lidiar con la inesperada visita de unos amigos a los que no tragan y con los cuales se aburren como ostras. Jay no se corta y les suelta, así sin más, que deberían dejar de forzar una relación de amistad sin sentido ya que realmente no tienen nada en común y nada que aportarse. Entiendo a Jay, y me parece muy valiente. A veces más de uno deberíamos saber actuar de la misma manera, porque como él mismo dice: ¿para qué gastar su tiempo con gente que no le cae bien, cuando ese mismo tiempo podría aprovecharlo en otras cosas, y otras personas con las que sí quiera compartir su vida? Ya sabéis, la vida es muy corta, carpe diem, y demás frases hechas que todos alguna vez decimos pero que nunca cumplimos.

Crazy-JayCrazy-Jay

Pero Gloria no comparte nuestra opinión. Para ella es más importante quedar bien con todos, y fingir una sonrisa que no siente. Por si fuera poco, justo antes de marcharse cual perrillos abandonados, sus “amigos” le entregan un regalo: un libro del autor favorito de Gloria, Gabriel García Márquez… autografiado por él. Demasiado para cualquiera. Así que Gloria se inventa una mentirijilla piadosa: les suelta que Jay está empezando a perder la cabeza por su vejez. Y les pide que se queden a dormir esa noche. Esto dará lugar al típico equívoco gracioso, cuando empiezan a tratar y a hablar a Jay como si le faltara un tornillo.

En cuanto a Manny, esta vez ha estado en un segundo plano, y actuando como un niño cualquiera de su edad, gracias a un vaso que hace que se te derrame la bebida cuando lo usas. Eso si obviamos el hecho de enterarnos de que imprimió tarjetas de presentación para dárselas a sus compañeros, o el momento en que dice comprender las razones de Jay para no perder el tiempo con gente a la que no soporta, porque él mismo tiene ese tipo de problemas en el cole. No, Manny nunca será un niño cualquiera. ¿De dónde ha salido realmente? ¿Es un extraterrestre en el cuerpo de un niño?

En último lugar, la pareja formada por Mitch y Cam han tenido que hacer frente a una posible noticia que les cambiaría la vida de ser cierto. Todo comienza cuando Mitch se topa con su novia de instituto, Chloe… perdón, Tracy. La costumbre de verla en otros lares me ha confundido levemente. Tras los saludos y preguntas de rigor, Mitch la ve a lo lejos, cogiendo de la mano a un pequeño pelirrojo, cuya altura hace pensar que tenga unos diez años. Y precisamente hace unos diez años que tuvo lugar la reunión de antiguos alumnos del instituto, donde Tracy y Mitch acabaron acostándose juntos. Blanco y en botella, Mitch comienza a pensar que tiene un hijo.

La ex-novieta de MitchLa ex-novieta de Mitch

Cam no decepciona teniendo una “reacción” a su altura, por supuesto, una reacción que incluye lamentos varios, manos en la frente y sentarse en el suelo. Cómo se nota que es un artista. Un poco como Nathan Lane en Una jaula de grillos.

El desenlace de la historia es una solución de lo más destroyer: resulta que Tracy se ha casado con… un enano pelirrojo. “Tienes claro tu tipo de hombre”, le espeta el pequeño Bobby a su esposa cuando Mitch se presenta en su casa para conocer a su supuesto retoño. Lo peor del caso es cuando abre el regalo que habían traído: un guante con la inscripción “Pequeño bateador”. ¡Tierra trágame!

En cuanto a los momentos de confesiones frente a cámara, me quedo con el principio, cuando Cam comienza a enumerar a las mujeres con quienes ha estado durante toda su vida, y sólo sabe nombrar protagonistas de musicales. Algo que se da la vuelta en la escenita final de los títulos de crédito, con un Mitch haciendo lo propio con su padre, sabiendo que éste no lo puede pillar. ¡O eso cree él!

Como véis, este episodio me ha gustado mucho más que el anterior. Creo que las historias han estado muy bien, y está genial cómo mezclan el humor blanco con otras opciones mucho más salvajes, generando a veces incluso airadas protestas de ciertos colectivos (por ejemplo los peruanos ante cierto comentario que hizo Gloria en un episodio de hace unos meses). Espero que no aparezca ningún grupo de enanos enfadados o de familiares de enfermos seniles quejándose. Hay que tomarse la vida con un poco más de humor… Os toca comentar. ¡Nos leemos en el próximo episodio!


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