Review MD: What’s the good of being good?

Antes de empezar vamos a soltar la mala noticia: no hace falta que el próximo lunes busquéis el próximo episodio de Mujeres Desesperadas, porque entra en otra pausa, como tantas otras series que no han tenido episodio esta semana, y en este caso concreto no volverá a las pantallas estadounidenses hasta el próximo 12 de febrero. Dicho esto vamos a comentar este episodio que no ha estado mal, pero que hay que reconocer que es un poco de relleno.

Nuestras cuatro protagonistas han decidido pasar página con todo lo que ha pasado, cada una a su manera: Gaby cambiando la decoración de la habitación donde se perpetró el justificable asesinato de Alejandro, Bree mezclando cantidades industriales de alcohol y sexo, Lynette (que va por libre) volviendo a tener citas al dar a Tom por perdido, y Susan despertando después de su buena obra de la semana anterior para descubrir que, por lo menos de momento, no podrá respirar tranquila.

Como era de esperar, ya dijimos que era bastante previsible, la nueva mujer de Alejandro, Claudia, va en busca de Susan al sospechar que las palabras que dijo a su hija Marisa (“Te prometo que no volverá”) significan que la desaparición del hombre tiene que ver con un lío de faldas protagonizado por este y la Delfino, que le extendió un cheque a Claudia con su dirección completa.

Susan, incapaz de esclarecer el malentendido, lleva a Claudia a conocer a la antigua hijastra de Alejandro, una mujer prácticamente de la misma edad que ella y que responde al nombre de Gabrielle Solís. El malentendido se soluciona rápidamente, porque la incredulidad-negación inicial del personaje interpretado por Justina Machado, que sigue dando miedo cuando se enfada como ya ocurría en A dos metros bajo tierra, se viene abajo con ella ante la confesión de la propia Marisa, que le cuenta la verdad a su madre entre lágrimas.

Una destrozada pero agradecida Claudia se despide de Gaby en el portal de casa de los Solís y ve enrollada la alfombra con la mancha de sangre de Alejandro y, suponiendo de dónde ha salido esa mancha, oficialmente de vino, recomienda a Gaby que se deshaga de ella cuanto antes. Y nosotros también se lo recomendaríamos, porque no solo la han visto los encargados de redecorar su casa, sino que potencialmente podría ser vista por cualquiera que se detenga en la puerta de la casa, y es que muy escondida no está que digamos.

Este ha sido al parecer todo el papel de Claudia en la serie. Una lástima, porque se va un pedazo de actriz, pero el tema tampoco daba para más. Si han dedicido solucionarlo en dos episodios no hay que darle más vueltas. Pero… ¿habrá llegado alguno de los papeles como el de la imagen inicial, repartidos por toda la calle, a las manos equivocadas? Gaby y Susan, por cierto, no hacen nada más en el capítulo de esta semana, donde la Delfino ha tenido menos peso que nunca, aunque también es verdad que sale y habla poco, pero consigue grandes cosas.

El tema de la redecoración de casa de Gaby da la excusa para que Lynette y Renée nos recuerden que tienen una empresa que se encarga de eso mismo, y en una reunión con su clienta y sin embargo amiga Lynette suelta la bomba: quiere pasar página y volver a salir con hombres, pero las otras dos se miran preocupadas: no es fácil colocar a Lynette y todos sabemos por qué. Poco después la vemos cenando con el peluquero de Renée y… es un desastre total.

Diríamos que todo empieza bien si no fuera porque es mentira: desde el principio de la cena la Scavo muestra esa actitud por la que es famosa y que le hizo perder a Tom: no puede evitar juzgar a los demás, considerarlos poco ambiciosos cuando en realidad simplemente son felices con lo que tienen. Y esto no queda demasiado bien, que digamos, en una primera cita.

La respuesta del peluquero es desquitarse con Renée, a modo de “agradecimiento” por haberle presentado a Lynette, y ambas acuerdan que lo mejor para la rubia es volver a practicar yoga, como en su juventud, y relajarse un poco, que la vida son dos días. Seguimos con Renée, porque en el episodio anterior vimos como Ben volvía a mostrarse atento con ella justo después de enterarse de la fortuna que había heredado de su ex marido, el famoso jugador de fútbol americano.

Especulamos con su plan para hacerse con el dinero de la rica divorciada, y el que parecía el más lento, casarse con ella, es el que elige finalmente: le pide matrimonio y no sabremos si la habría matado después, porque la verborrea de agradecimiento de Renée provoca que Ben se arrepienta y le retira el anillo mientras le confiesa que se quería casar con ella por su dinero. “Pero te quiero de verdad”, le dice. Claro, lo que pasa es que ella no te podrá volver a creer. Has jugado mal tus cartas, era más fácil pedirle el dinero directamente. Ahora solo le queda una opción y es la que Mike había intentado evitar: recurrir al usurero. “Si te retrasas una vez, pagarás. Si te retrasas dos… no quieres retrasarte dos”.

¿Le romperán las piernas y provocarán la compasión y el perdón de Renée cuando se dé cuenta de lo desesperado de la situación del australiano? Si es así, y es solo mi predicción personal, tardaremos aún unos capítulos en verlo, pero de momento estos dos han roto y de la peor manera. La que no tiene problemas para encontrar pareja es Bree, que se lleva a un hombre a la cama prácticamente cada noche y entra en una espiral de sexo y alcohol cada vez más difícil de superar.

Al principio echa de casa a sus parejas sexuales a las 4 de la madrugada para que no la pillen sus indiscretas vecinas, pero ni siquiera el intento del reverendo de ayudar a la pelirroja sirve para que la antaño respetada señora Van de Kamp se libre de ser expulsada de las actividades de su parroquia y de ser percibida en adelante como “la puta del pueblo“, papel en el que empieza sentirse cómoda al final del capítulo.

En realidad no está haciendo daño a nadie, aparte de sí misma (y de las mujeres a las que engañan los hombres con los que se acuesta), y es una forma más de distraerse de todo el tema del asesinato y la tensión que ha vivido, pero esto no puede durar mucho, sobre todo la parte del alcohol, y seguro que acabará mal.

Como decía antes, un capítulo que no ha estado mal pero que es de relleno, si tenemos en cuenta que sigue en el aire la identidad del misterioso asesino de Chuck, extorsionador (aunque todavía no ha expresado demandas) que quiere disfrutar en solitario del poder que le da la información que tiene. Alguien que conoce la dirección de Bree y le guarda rencor por algo. Alguien que sabe lo que es atropellar con saña. Estabais de acuerdo conmigo la semana pasada, así que… ¿cuándo volveremos a ver a Orson en la serie?


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