Review MD: The Lies Ill-concealed

Sí, son Paul y Susan... en la ducha

Se hace incluso un poco raro, acostumbrados a tanta pausa, pero por segunda semana consecutiva podemos comentar un nuevo capítulo de Mujeres Desesperadas, en este caso el número 19 de la séptima temporada, llamado The Lies Ill-concealed (Las mentiras mal disimuladas). Y en parte va de eso, el episodio. De mentiras. O mentirijillas. Y mayoritariamente son de corte humorístico en un capítulo caracterizado por tener un tono divertido, bastante en realidad, algo que se echaba de menos.

Lo admito: este me ha gustado bastante. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien con esta serie. Quizá no es para tanto, pero puede que sea por contraste con la mala racha que llevábamos. Como si la confirmación de la octava temporada hubiera dado otro tono a lo que falta de la séptima, aunque sepamos que estos capítulos se rodaron antes de que se hiciera oficial. En fin, que la primera mentira de esta entrega ya es de por sí bastante divertida: como Susan tiene prohibido el sexo “normal” hasta dentro de dos semanas y está más salida que el pitorro de un botijo (parece que nadie le explicó que existen varias formas de practicar sexo sin poner en peligro un riñón de segunda mano recién implantado), la mujer tiene sueños eróticos. Hasta aquí nada anormal, pero resulta que los tiene con el bueno de Paul Young, y naturalmente a su marido le cuenta otra versión. Este giro no nos lo esperábamos y la verdad es que tiene su interés, pero también una explicación psicológica que veremos más tarde.

Gaby y Bree, una relación clandestinaGaby y Bree, una relación clandestina

Otro punto divertido, probablemente el que más, es el de la nueva situación entre los Solís y Bree. Carlos iba en serio: se reafirma en la prohibición de que Gaby se vea con la señora Van de Kamp por todo el tema de Andrew y el atropello de la abuela Juanita, y las dos amigas deben recurrir a las conversaciones telefónicas clandestinas. En estas se dicen cuánto se echan de menos y lo inadecuado que es que sigan hablando. Vamos, que parecen amantes y todo. Y esta humorística situación equívoca cobra unas proporciones mayores cuando se encuentran casualmente en casa de los Scavo cuando estos están fuera (ahora veremos por qué no están) y tienen una conversación que realmente parece la de dos amantes secretas. Hasta vemos en sus caras la lucha interior que están librando por no comerse a besos, vamos a suponer que en la mejilla.

¿Y qué estaban haciendo mientras tanto los Scavo? Pues de los niños poco se sabe. En este episodio vemos fugazmente a Parker (el no-gemelo, vamos) y a Paige, la bebé, pero ya hace tiempo que Penny no aparece. Los gemelos, como sabemos, se fueron de casa hace tiempo. En fin, papá y mamá Scavo están en un congreso de peces gordos para empresarios al que Tom ha sido invitado, pero lo que Lynette no esperaba es que sería tratada como lo que en realidad es: la “esposa de”. Y eso significa que no puede desempeñar el rol de mujer trabajadora que tenía antes de quedarse embarazada de Paige, ya que en el congreso están claramente separadas las actividades de los invitados de las de sus acompañantes. Allí también están Bob y Lee, y al segundo no le importa en absoluto su papel de “esposa florero”. De hecho, a ninguna de las mujeres le importa, sólo a Lynette, que no lleva nada bien lo de pasarse el día en el spa, haciendo ikebana o tomando cócteles. Llamémosla “rarita”, pero ella es una mujer de negocios que en estos momentos está haciendo de ama de casa y madre, y no le sienta nada bien no poder asistir a lo que todos consideraríamos aburridas charlas de empresarios.

Lo de ser “la esposa de” no le sienta nada bien a una emprendedora como LynetteLo de ser “la esposa de” no le sienta nada bien a una emprendedora como Lynette

Esto da lugar a una serie de situaciones divertidas, con su culminación en la suplantación de la identidad de una importante invitada y conferenciante, aunque de este último detalle Lynette no se entera hasta que le toca salir a hablar. Total, que la lía, y de una forma aparentemente divertida, pero que lleva a una de las discusiones más serias que recordamos en el matrimonio Scavo. Tom está harto de que Lynette no asuma su papel, que en estos momentos no es el del cónyuge que lleva el dinero a casa, mientras que cuando él ha tenido que ser amo de casa lo ha hecho sin rechistar. No le falta razón, sabemos que Lynette siempre está guerreando y que cree que es mejor trabajadora que su marido y no duda en expresarlo en voz alta. La mujer se disculpa, pero Tom está empezando a hartarse del tema. Y allí tenemos a Renée, que podría aprovechar para meter cizaña y llevarse a Tom (vale, puede que sea solamente un deseo mío), pero lejos de hacer eso da un sabio consejo a su mejor amiga: esto es lo que hay, eres la esposa, acostúmbrate o serás la “primera esposa”.

La señora McCluskey escondía un secreto peligrosoLa señora McCluskey escondía un secreto peligroso

Donde no hay nada de cachondeo es en otra de las mentiras que vemos en este capítulo: Felicia hace una visita a la señora McCluskey, una visita que a la vieja Karen no le resulta demasiado cómoda. ¿Por qué? Pues porque nos enteramos de que la entrañable canguro de Wisteria Lane sabía desde el principio que Felicia no estaba muerta y que los dos dedos que se encontraron en el coche de Paul los había puesto ella misma. Lo vemos en un falso flashback en el que Felicia, sabiendo que la McCluskey estaba segura de que Paul había matado a Marta Hubert, la convenció para que no dijera que sabía que estaba viva. En el presente vuelve a comerle la cabeza y le dice que Beth era su hija y que se ha suicidado porque Paul la instó a hacerlo. No sabemos adónde llevará esto, pero por favor, ¡que no le pase nada a la señora McCluskey!

Volvemos a los Delfino: se están preparando para su gran noche, para la que tienen una auténtica cuenta atrás, pero por otro lado Susan consigue un consejo psicológico de su doctora (la del riñón, sí, pero como dice la misma Susan seguro que en la facultad tocó algo de Psicología): si sueña con Paul es porque en realidad tiene ganas de hablar con él, viendo lo mal que lo está pasando. Y parece que acierta, porque después de mucho insistir consigue que el dos veces viudo por suicidio de sus esposas le abra la puerta y le acepte un almuerzo juntos. Mike los descubre y al principio se cabrea, no por celos (si él supiera…), sino porque no se fía un pelo de ese Paul supuestamente reformado pero tan manifiestamente vengativo en el pasado. La supernoche de sexo desenfrenado peligra… pero no, a los dos les apetece demasiado y Mike acepta que su mujer es como es, con un corazón que no le cabe en el pecho.

Y lo que para mí, repito, era lo más divertido del capítulo, la relación clandestina entre Bree y Gaby, se acaba convirtiendo en un tema bastante serio. Aunque al principio sólo tiene la mosca detrás de la oreja por una situación con pasteles y teléfonos móviles que merece ser vista y que recuerda gags de las comedias clásicas, Carlos no tarda en descubrir las mentiras de su esposa, la conoce casi tan bien como nosotros. Ella le dice que se va a un entierro fuera de la ciudad, pero el señor Solís descubre un pelo largo de color naranja en su abrigo blanco, y al abrirle la maleta la encuentra llena de bikinis. Sí, las dos amigas habían planeado una escapada, inspirada por la confesión que en uno de sus encuentros a escondidas Bree le había hecho a Gaby sobre su aventura con el fallecido Carl en aquel motel cochambroso.

Por muy serio que se ponga Carlos, su mujer es indomablePor muy serio que se ponga Carlos, su mujer es indomable

Llegados a este punto, Carlos obliga a su mujer a elegir: ¿él, su marido, o la supuesta amiga que ha callado durante tantos años lo que sabía sobre el atropello de su madre? Y la lealtad en Wisteria Lane, como nos dice Mary Alice desde el más allá, es algo inherente a sus habitantes, pero en este caso sólo puede haber una y Gaby elige ser leal a Bree. Veremos si Carlos llega a perdonarla, y personalmente deseo que no, porque hace bastante tiempo que se convirtió en un buen hombre, honrado y recto, con una esposa insoportablemente pija y mentirosa. Digamos que él evolucionó, mientras que ella es la de siempre. Pero de ahora en adelante Bree y Gaby se van a ver bastante a menudo, porque la segunda se ha trasladado a casa de la primera, con maletas y niñas incluidas. ¿Se llevarán bien el orden y la limpieza de la casa Van de Kamp y las niñas Solís?

Resumiendo: un matrimonio que después de sufrir mucho empieza a pasarlo bien (los Delfino), uno que se ha roto (los Solís), otro que se tambalea (los Scavo)… y una señora mayor que cada vez nos cae mejor pero cuyo destino empieza a darnos mala espina. ¡Que no se nos muera esta señora, por favor!


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