Review MD: The art of making art

La semana pasada dejamos a los Scavo en un mal momento: Lynette tenía planes para recuperar a su marido y él parecía estar haciéndolos con otra. Aun así, tenían una cita con la consejera matrimonial y el capítulo de esta semana se abre con el destruido matrimonio respondiendo a las preguntas de esta profesional del tema. En la sesión vemos a un Tom muy racional, serio y respetuoso diciendo que sí, que tiene una amiga, pero que no ha pasado nada con ella todavía. Ese “todavía” es lo que saca a Lynette de sus casillas, pero llevaba toda la sesión comportándose de forma infantil y sin querer ver la realidad, a pesar de que Tom se lo dice muy claramente y de buenas maneras: los Scavo ya no se hacen felices el uno al otro y de hecho llevan mucho tiempo sin hacerlo. Quizá es otra persona la que les proporcionará lo que entre sí no saben darse. Pero da igual cómo lo diga, para Lynette el resumen es que, para Tom, se abre la veda.

Y ella también lo intenta… en una web de contactos. Renée, cuando lo ve, se la lleva de ligoteo y a pesar del escepticismo inicial Lynette acaba viendo como le entran toda clase de hombres, desde los que se asustan del hecho de que sea madre de cinco hijos hasta un amigo de su hijo, pasando por el típico payaso. Al final, dándolo por imposible, se va y… conoce a un hombre, también separado, que le cae bien y se la lleva al huerto. Eso sí, no consigue plantar nada porque cuando tenía a Lynette dispuesta se le cae el anillo de casada y al buscarlo cambia de opinión. No está preparada. Ay, Lynette, si hubieras espabilado antes…

Y lo de los Scavo no da más de sí. Lo que me ha sorprendido es que a la aparentemente poco interesante trama de Gaby como nueva presidenta de la asociación de padres y profesores han sabido sacarle algo de jugo, o más bien se ha utilizado como excusa para provocar un problema en casa de los Solís. Como era de esperar, en la primera reunión de la asociación Gaby tenía que liarla: se presenta tarde, la excusa es un problema con el masaje de piedras calientes del que acaba de salir, y trata a las demás como si no estuvieran a su nivel. Y de hecho no lo están, pero el divismo de la Solís no nos gusta ni a mí ni a las asistentes a la reunión, así que deciden darle la espalda y no ayudarle en nada.

En casa, Carlos sigue hecho polvo con el tema de Alejandro (empieza a ser un poco cargante, ¿no creéis? O sea, lo mató sin intención y con el fin de defender a su mujer, que estaba en peligro) y Gaby, tras menospreciar ese sentimiento, le cuenta sus “grandes problemas”. Además, le da uno de sus desacertados consejos para que se le pase la “tontería”: bebe un poco, hombre. Y sí, el hombre le hace caso. Cuando en la siguiente reunión con las otras madres Gaby se da cuenta de que su plan para ganárselas regalándoles una sesión de belleza solo ha servido para que se aprovechen de ella y no hagan nada de lo que tenían asignado, toda digna ella llama a Carlos para que vaya a echarle una mano… y se presenta borracho. Muy bien, Gaby, tú sí que sabes solucionar problemas. Eso sí, al ver el percal y a una Gaby humillada las otras mujeres actúan noblemente y se encargan de la actividad después de decirle que se lleve a Carlos y cuide de él.

¿Y Susan? Pues la Delfino sigue con sus clases de pintura y su particular guerra con el profesor, que empeora cuando ella es incapaz de contener la risa adolescente en una clase de desnudo masculino. Cabreado pero manteniendo la calma, el profesor anuncia que en la siguiente sesión los que estarán desnudos serán los alumnos, y después de que Mike anime a su mujer a no rendirse —al fin y al cabo esta experiencia la está distrayendo del problema de conciencia que tiene— ella va y se presenta en pelotas… y es la única, porque no ha leído el e-mail en el que se cancelaba la propuesta por oposición de la escuela. Esta vez Susan sí se va cabreada, deja el curso y es el profesor quien acaba llamando a su puerta para animarla a volver. No pidiéndole perdón, claro, porque al fin y al cabo si ella no sabe que existe un campus virtual es culpa suya. Tampoco es que la considere extremadamente talentosa, pero el hombre sabe que esconde algo y quiere saber qué es.

También en casa de los Delfino, pero en otro momento, tiene lugar una conversación entre Carlos y Mike, que se ven por primera vez desde la confesión. Mike se muestra hostil y acusa a Carlos de haber arrastrado a Susan adonde se encuentra en estos momentos. Le dice que si hubiera sido al revés, él nunca habría involucrado a Gaby en un caso de asesinato, independientemente de las circunstancias, y le pide que deje en paz a Susan, que a ella no le ayuda nada hablar con Carlos del tema.

Nos queda Bree, por supuesto. La pelirroja recibe una visita del reverendo, que echa de menos su presencia en la iglesia y sobre todo el catering que aporta, ahora llevado por otra mujer que no le llega ni a la suela del zapato. Además, le lanza lo que a mí me parece una insinuación, o por lo menos no se puede descartar: “a veces uno no sabe cómo salir del bosque” (sería mi traducción aproximada de una expresión anglosajona difícil de traducir). ¿Es casualidad o le está insinuando algo? ¿Es él quien envió el anónimo? Repito: no lo descarto. Pero ella no parece caer en la cuenta y tras un sustillo inicial lo descarta como casual.

La cuestión es que para limpiar su conciencia decide ayudar en el comedor de beneficencia donde también colabora Ben Faulkner, el nuevo vecino, el que se supone que está saliendo con Renée pero que la deja plantada una y otra vez por cuestiones de trabajo, tal como ella misma nos cuenta (y se usa para explicar un poco por qué en los últimos capítulos no habíamos sabido nada más de estos dos). Y siendo como es la cocinera oficial de la serie no podía dedicarse a servir platos sencillos a los pobres y ya está, no: tenía que convertir aquello en un restaurante de primera. Al principio no le importa que por culpa de ello esté entrando gente que de pobre tiene más bien poco (hasta un blogger le hace publicidad con una excelente reseña), pero la cosa se le va de las manos y es el reverendo el que tiene que abrirle los ojos y hacerle ver que aquello se aleja del propósito inicial del lugar. Arrepentida echa a la gente y le dice que no debería ocupar los asientos que son para los realmente necesitados.

Ben, impresionado por el discurso, se lleva a Bree al ayuntamiento para conseguir el beneplácito de las autoridades para un proyecto de construcción de casas baratas que tiene. Y lo consigue, así que como muestra de agradecimiento se lleva a la Van de Kamp (que por cierto parece que lo mira con otros ojos aunque en teoría sale con Renée) a ver los terrenos donde se construirá el complejo. Sí, es donde está enterrado Alejandro. El destino es como es y parece difícil que el cuarteto de Wisteria Lane se vaya a salir con la suya, a pesar de los intentos (de solo algunas, todo hay que decirlo) de enmendar sus errores o distraerse con otras cosas. Parece difícil que la serie pueda acabar mal, ¿verdad? ¿O no?

Un capítulo entretenido sin pasarse, ni especialmente bueno ni especialmente malo. Lo mejor es que las cosas parece que se complican, veremos cómo evolucionan y si el reverendo (o Ben, que no sabemos si está haciendo todo esto por casualidad o pretende algo) es quien vigila a las mujeres desesperadas. Y, sobre todo, qué es lo que busca, porque de momento quienquiera que envió el anónimo no ha pedido nada. En fin, ya va quedando menos para que lo sepamos.

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3.5
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