Review MD: School of Hard Knocks

Este capítulo ya me ha gustado más. El de la semana pasada fue algo flojito, pero en este ha habido un poco de todo, aunque una de las tramas me parece muy, pero que muy sosa, y es precisamente con la que se abre el capítulo tras la clásica introducción de Mary Alice: se trata de la historia de Gaby y su falta de respeto por la autoridad, que a no ser que implique un cambio en su estatus de ahora en adelante no veo que tenga mucho sentido. Pero no nos adelantemos, vamos por partes.

El “conflicto” es el siguiente: Gaby lleva a Juanita al cole en coche. ¿Dónde está Celia? Ni idea, no le vemos el pelo en todo el episodio, igual que a Carlos, otro que brilla por su ausencia esta vez. Quizá es porque ya “chupó cámara” en los tres episodios anteriores. En fin, que vemos a mamá Solís y a su hija mayor llegando al colegio con su tarjeta de “zona verde”, que permite a los vehículos que la poseen pasar justo por delante de la entrada del recinto escolar para dejar a sus niños sin tener que caminar. Como el coche de delante está tardando lo suyo en moverse porque es el de un niño que va en silla de ruedas (ya os podéis imaginar la sensibilidad que muestra Gaby ante la situación), la latina decide que Juanita se apee antes de llegar al punto previsto para ello, lo que conlleva la retirada de la tarjeta por ser la tercera vez que ocurre algo parecido.Y eso significa que de ahora en adelante tendrá que aparcar bastante lejos de la entrada y caminar más.

Gaby busca aliadas para destronar a la presidenta del consejo de padres y profesores, su nueva enemiga, pero esta soborna a dos de las rebeldes con la devolución de sus respectivas tarjetas y manda a una numéricamente superada Gaby a una zona de aparcamiento que está aún más lejos. Total, que ya le hemos dedicado demasiado tiempo a esta historia: la Solís se rebela y se presenta en la zona verde, sin la tarjeta, deja a Juanita rápidamente porque tiene hora para depilarse las cejas y, como las prisas son malas consejeras, no mira hacia delante y atropella a la presidenta, que a cambio de no presentar cargos le obliga a aceptar su puesto, un puesto que según ella ha acabado con su tiempo libre, su matrimonio y su buen carácter. Así que si la cosa no tira por este camino… la trama sobra, y mucho. Me da la sensación de que los guionistas no saben qué hacer con Gaby, y es que para mi gusto solo tuvo una etapa que mereciera la pena, que fue aquella de la hija biológica y la muñeca de la temporada pasada, seguida por la del ya eliminado Alejandro.

Algo más interesante es la historia de Susan, que recibe los consejos de un Mike que sabe lo que es llevar un peso en la conciencia y le dice que por nada del mundo dejaría de quererla, pero que no pretenda que todo vuelva a ser como antes porque lo que ha hecho seguirá acosándola y deberá aprender a controlarlo. De momento no lo está haciendo demasiado bien, a la vista de lo que le ocurre en este capítulo: ilusionada y con ganas de distraerse se apunta a un curso de pintura con uno de sus ídolos, que no la admite cuando ve que se dedica a ilustrar libros infantiles y la tacha de ama de casa aburrida. La reacción de Susan llega en forma de cabreo, la lía con un lienzo que primero ensucia y después rasga y, con ello, convence al profesor de que sí tiene algo dentro, pero al mismo tiempo se asusta a sí misma y no sabe si le gusta esta Susan que lleva en su interior.

La trama que me ha parecido muy interesante, y no solo porque los Scavo sean mis favoritos, es la de la familia numerosa de Wisteria Lane, que por cierto cada vez vemos más reducida: en este capítulo solo aparecen Tom, Lynette y Penny. Pero empecemos por el principio: vemos a Tom recogiendo a su hija mientras Renée ve como Tom se está cuidando y le dice a una incrédula Lynette que seguro que se está viendo con alguien, mientras ella se dedica a comprar libros de autoayuda y a planificar tanto los días en los que Tom tiene a sus hijos como la sesión del consejero matrimonial en la que tiene tantas esperanzas puestas para recuperarlo (ahora sí lo quieres, ¿no?). Pero Renée le come la cabeza y ella pone en marcha un plan: le regala a Penny un iPad con el que teóricamente quiere chatear con ella cuando esté en casa de su padre, pero que en realidad quiere usar para aprovechar las posibilidades de la cámara. Así, ve a Tom charlando con una vecina buenorra, que resulta ser una joven profesora de aerobic con la que parece pasar bastante tiempo.

¿Y qué hace Lynette? Pues se lleva a Renée a una clase de la profesora para espiarla de cerca y ver mejor por quién la ha cambiado su todavía marido. Allí, después de una dura sesión de ejercicio, ve que aparte del físico no tiene nada que intelectualmente pueda interesarle a Tom y quita hierro al asunto, pero al salir se topa con él, que se da cuenta de lo que está pasando y deshace el malentendido: está saliendo con la madre de la chica, más acorde a su edad, que además estaba también en la clase y por eso venía a recogerla. Lynette hace el ridículo y encima siente como le estrujan el corazón, porque esta sí es competencia de verdad. Me da pena, sí, pero por otro lado no podemos decir que no se lo haya buscado: años “emasculando” a Tom acabaron con la paciencia de este, y aun así le propuso volver cuando a Lynette le dio por acostarse con él tras la pesadilla del primer episodio, pero no, ella tenía que estropearlo todo. Vale, Tom no ha esperado mucho para empezar a verse con otra, pero… no puedo decir que no lo apoye. ¿Qué opináis vosotros/as?

Por otra parte vemos a Bree, ya sin Chuck, recibir a su hija Danielle, que vuelve a la serie tras romper con su marido. Viene con el crecidísimo Benjamin y quiere pasar un tiempo en casa de su madre, recuperándose anímicamente a base de chucherías y dejarse cuidar. Bree no tarda ni un minuto en decirle a Danielle que no le sorprende que esto también le haya salido mal, y a Danielle lo que no le sorprende es la reacción de su madre. Parece que madre e hija volverán a las andadas, hasta que la chica salta con una idea de negocio para ganarse la vida de ahora en adelante: la venta de artículos para el ejercicio a través de internet. Bree le presta dinero y su taller de cocina, desde donde llevaba aquel negocio de cátering que tuvo hasta el lío que se montó con el hijo ilegítimo de Rex hace tiempo, y Danielle se pone a coser. Después descubrimos que lo que hace son los famosos sex swing, aquellas correas que sirven para practicar sexo con una de las dos personas de la pareja suspendida del techo. Bueno, lo descubre la Van de Kamp, que no sabe lo que es hasta que llega Renée y le enseña cómo funciona. Parece que en este episodio la Perry solo está para acompañar, y esta vez tampoco se habla de Ben, con el que estaba saliendo. ¿Significa eso que todo les va bien y no hay nada que contar? ¿O que fue un rollo pasajero?

En fin, lo bueno de esta historia es que al final Bree pide perdón a Danielle por haber sido tan dura y tan crítica con ella cuando la propia Bree ha hecho cosas que no están nada bien. No le quiere dar detalles a su hija, pero le dice que unos “acontecimientos recientes” han cambiado su forma de pensar, y tras la promesa de una nueva inversión en el negocio (sin interferencias) y unas disculpas se abrazan. Tengo curiosidad por saber si Danielle se quedará mucho tiempo o no, pero la verdad es que me gustaría. Ahora Bree ha cerrado el círculo y está más o menos bien con sus dos hijos. No se ha reconciliado, sin embargo, con Chuck, al que vemos lamentándose en su despacho mientras mira el anillo de pedida (¿y si realmente quería a Bree y no estaba tramando nada?) y le entregan un montón de carpetas con casos por resolver, entre ellos el de la desaparición de Alejandro, cuya foto es la última imagen del capítulo.

 

Nota del autor
3.5
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