Review MD: Moments in the Woods

¿Será esto realmente el fin de la amistad de Bree y los Solís?

Bueno, ya vuelven a estar entre nosotros las mujeres más desesperadas de Wisteria Lane, y parece que la ABC no nos va a hacer sufrir más porque por lo menos los próximos tres episodios (y desde ya) se emitirán a intervalos de una semana, es decir, como Dios manda. Además, la semana pasada se hizo oficial que Desperate Housewives ha renovado para una octava temporada, que en principio va a ser la última. Sólo nos queda esperar que cierren bien esta séptima, ahora que ya saben que no tienen que acabarla con prisas, y que la octava esté a la altura.

Sin embargo, en este Moments in the Woods no vemos ningún cambio significativo. En otras palabras: un poco soso. Lo primero que vemos, después de que la semana pasada Andrew reconociera su problema con la bebida y acabara aceptando la ayuda de su madre, es a los dos miembros de la familia Van de Kamp que siguen viviendo en Wisteria Lane, desayunando tranquilamente… hasta que Andrew, decidido a hacer las cosas bien ahora que ha conseguido su chapa de los 30 días sobrio, anuncia que va a confesarle a Carlos que fue él quien atropelló a su madre y la mató. Bueno, sabemos que en realidad no murió por el atropello, sino al caer por las escaleras del hospital, pero en este caso el “detalle” tiene poca importancia. Se nos dice, además, que aquel día, que Andrew iba borracho, ya estaba manifestando sus problemas con la bebida. Un poco cogido por los pelos, ¿no os parece?

Bree es quien le ha animado a hacer una lista de las personas a las que ha hecho daño, paso importante dentro de la recuperación del alcoholismo, pero lo de la madre de Carlos le parece que es ir demasiado lejos. Intenta impedírselo, no en vano Carlos trató a Andrew como a un hijo cuando su auténtico padre, Rex, falleció. En un primer momento consigue convencer al chico, pero es casi una regla de oro en la ficción que los secretos siempre se acaban sabiendo, aunque sea seis temporadas más tarde. Luego volvemos a ello.

Otro tema que también se arrastra desde hace años es el de la enemistad entre Paul Young y Felicia Tilman, que en el capítulo anterior firmaban una especie de paz, en honor a la fallecida Beth, que olía a chamusquina. En el capítulo de esta semana Paul se encuentra a su suegra viviendo en una de las casas que compró en Wisteria Lane: una que puso a nombre de Beth para que los vecinos no descubrieran su plan de “conquistar” la calle y abrir una casa de acogida de ex presidiarios. Legalmente no puede echarla, y además la anciana tiene una propuesta para él: ir a esparcir las cenizas de Beth a un lago al que le gustaba ir cuando era pequeña. Huele mal, ¿verdad?

No dejes escapar una buena racha, Susan, pero tampoco te viciesNo dejes escapar una buena racha, Susan pero tampoco te vicies

Mientras tanto, a Susan le dan buenas noticias en el hospital: el trasplante ha ido bien y pronto podrá hacer vida completamente normal. Pero su nuevo amigo Dick Barrows (el gran Gregory Itzin) no está teniendo suerte en su espera por un nuevo riñón y ha tenido que ser ingresado. Le dice a Susan que dado que es una mujer con suerte debería acompañarlo un día al casino, algo que no podrá hacer porque en la siguiente visita la señora Delfino descubre que el hombre ha pasado a mejor vida. Aun así, le ha dejado un sobre en el que la anima a aprovechar la buena racha, con una ficha de casino dentro. Entre la buena racha que está teniendo en las partidas de póquer con sus amigas y este emotivo momento, Susan decide seguir el consejo de su desaparecido amigo y se va a jugar al póquer como una profesional. Sigue ganando dinero a espuertas (ya era hora) y el viejo Roy, que pasaba por allí para gastar en las tragaperras los cincuenta dólares semanales que le permite la señora McCluskey, le da otro sabio consejo cuando ve que se siente mal por tener la suerte que Dick no ha tenido: no preguntes por qué. Aprovecha el momento.

Parece que esta semana les ha tocado la lotería a las dos familias de Wisteria Lane que tenían más problemas económicos, porque a Tom le han dado un cheque por valor de 100.000 dólares como bienvenida a su nuevo empleo. Los Scavo nadarán en la abundancia, y para celebrarlo Tom le da a Lynette 10.000 dólares para que se los gaste como quiera. Al principio no sabe en qué emplearlos y se compra una cafetera último modelo, pero sus amigas se ríen de ella y Renée decide llevársela de compras, algo que le proporciona un gran placer, pues la mejor amiga de Lynette está acostumbrada a vestir bien y no podía soportar que la señora Scavo andara por ahí con camisas llenas de vómito de bebé.

“¿De dónde ha salido este culo?”“¿De dónde ha salido este culo?”

Pero no es oro todo lo que reluce: Tom está más ocupado que nunca y Lynette se da cuenta de que no pueden disfrutar juntos de ese dinero. Se lo confirma la actitud de Tom cuando se dispone a ir a una reunión en el jet privado de la empresa: ella ha conseguido entrar en el aparato y quiere una cena con “postre” con su marido, pero este la rechaza diciéndole que necesita el tiempo para preparar la reunión, y que no le hace falta divertirse porque, de hecho, le encanta su trabajo. Como le dice Renée, “si quieres esta vida, este es el precio a pagar”.

Recuperamos a Andrew y Carlos, que se han ido de excursión a la montaña. Cuando Bree y Gaby (que hace tiempo que sabe lo del atropello) se enteran, corren desesperadamente para evitar que ocurra lo peor. Encuentran a Carlos solo en la cabaña, que les dice que Andrew está todavía escalando, y ambas mujeres se horrorizan ante lo que les parece la excusa de un asesino. Al final Andrew aparece, pero demasiado tarde: Bree ya se estaba disculpando por lo que hizo su hijo. Es un momento que parece incluso de humor negro, en mi opinión. En ningún momento nos parece que Carlos haya matado realmente a Andrew, y las actuaciones desesperadas, exageradas, de Gaby y Bree son poco realistas, o eso es lo que a mí me parece. No sé qué pretendían los guionistas o el director del episodio, pero creo que no pega nada un momento casi humorístico en una situación así.

Por fin Carlos sabe quién se cargó a su madrePor fin Carlos sabe quién se cargó a su madre

A Carlos tampoco le hace ninguna gracia, da igual que Andrew lo hiciera estando borracho y luego se callara por miedo, menos aún enterarse de que su mujer ya lo sabía. ¿Hasta cuándo aguantará el señor Solís a su insoportable esposa?

Nos toca volver a Paul y Felicia, que efectivamente hacen esa excursión de un día al lago de la infancia de Beth. Allí, la mujer concede a Paul el honor de echar las cenizas al agua, no sin antes tenernos en tensión al sacar la pistola que ha descubierto que Paul tenía en el coche. Estos serían los “momentos en el bosque” del título, por cierto. Apunta a su odiado yerno y… tira el arma al agua. Con esto quiere que Paul deje de temer represalias por su parte. Hasta le dice que comprende que se cargara a su hermana, dado que esta chantajeaba a Mary Alice, que como sabemos acabó suicidándose. Según Felicia, ahora están en paz. Pero luego veremos que, en casa, la señora saca las auténticas cenizas de su hija y las mete en la urna, mientras habla con ella y le dice que la venganza sería demasiado fácil matando a Paul. Esta mujer trama algo mucho más rebuscado. No sé si alegrarme o no por esto, ya que tenía ganas de vivir un momento realmente tenso, pero también es verdad que la resolución del conflicto entre estos dos tiene pinta de ser el clímax del capítulo final, para el que falta todavía un poco.

Hay una pistola apuntando a un odiado enemigo, pero es demasiado pronto para dispararlaHay una pistola apuntando a un odiado enemigo, pero es demasiado pronto para dispararla

Y acabamos con la resolución de otro conflicto: después de que Carlos se fuera de la cabaña y desapareciera durante unos días, lo encuentran en el cementerio donde está enterrada Juanita (su madre, claro, no su hija la pequeña). Andrew quiere hablar con él a solas y disculparse. Y lo consigue, pero Bree no se queda tranquila y otro día lleva a los Solís una de sus cestas con magdalenas, que todos hemos pensado alguna vez que ojalá nos trajera a nuestras casa, ¿a que sí? Allí, sin dejar que entre siquiera, Carlos le dice que ha perdonado a Andrew, pero que nunca la perdonará a ella, una mujer adulta y supuestamente responsable cuando sucedieron aquellos hechos. Para él, su amistad ha terminado. Además, le prohíbe que siga viéndose con Gaby. Y va muy en serio.

¿Qué pasará en las próximas semanas? Deben de quedar unos seis episodios para la season finale, y tenemos por resolver lo siguiente: ¿afectará demasiado el ritmo de vida de Tom a su matrimonio? ¿Se separarán por ello los Scavo y acabarán juntos Tom y Renée? (me encanta Lynette, pero Renée todavía me gusta más) ¿Desarrollará Susan una adicción por el juego que durará más que su buena racha (algo tienen que inventar para la línea argumental de los Delfino)? ¿Podrán reconciliarse Bree y Carlos, y por extensión Gaby? Y lo más importante: ¿quién matará a quién en la batalla Felicia vs. Paul?

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