Review MD: I’ll swallow poison on Sunday

Parece que la señora Van de Kamp dejará de estar sola

Lo decía la semana pasada: la obsesión por el orden y la limpieza de Bree no es compatible con las dos salvajes que los Solís tienen como hijas. La voz en off de Mary Alice hace un repaso de las plagas domésticas que ha tenido nuestra pelirroja favorita y acaba en el presente incluyendo a Juanita y Celia en el grupo, pero en este caso Bree no se puede deshacer de las hijas de su recién instalada amiga con insecticidas ni armas de fuego, lo que la lleva a desesperarse gradualmente, más aún cuando ve que Gaby ya hace tiempo que las ha dejado por imposibles y no hace nada.

Estresada a más no poder sale de casa y se encuentra un coche bloqueando su vado, y se enfrenta a su conductor: un apuesto detective que desde el segundo uno sabemos que será el nuevo compañero sentimental de Bree, aunque en este capítulo sólo nos lo insinúan. No es que sea algo demasiado sutil, pero no pasa de la insinuación. Después de la bonita pero corta historia con Keith, la Van de Kamp por fin dejará de estar sola. A ver si con este por fin acierta.

Otro que está solo es Paul, pero no tanto como Susan creía. Lleva tiempo cocinando para él y haciéndole compañía, y de repente descubre a Felicia dentro de su casa (que es la de los Delfino, no lo olvidemos porque este dato vuelve a cobrar importancia en el episodio), y lo más curioso es que él ni se inmuta. Un momento, ¿vosotros no os odiabais? ¿cómo? ¿que Beth era hija de Felicia? ¿Entonces vosotros dos…? Sí, a Susan le cuesta digerir tanta información de golpe y tiene que sentarse.

Y hablando de Felicia, por fin sabemos lo que tramaba, aunque Susan le ha servido en bandeja, nunca mejor dicho, la forma de hacerlo: envenenar a Paul. Al descubrir que la señora Delfino está quedando con su yerno tan a menudo y que cocina para él, empieza a buscar excusas para visitar a la benefactora de Paul, aunque esta al principio se siente un poco incómoda, porque estando de parte del viudo ve a Felicia como una enemiga y no se cree demasiado esa reconciliación. Cuando baja la guardia la vieja empieza a aprovechar para poner pequeñas dosis de anticongelante en las comidas que Susan le prepara a Paul. La venganza es un plato que se sirve frío, o caliente, pero en este caso es literalmente un plato.

A Felicia, la amistad entre Susan y Paul le viene que ni pintadaA Felicia, la amistad entre Susan y Paul le viene que ni pintada

Mientras tanto, en casa de los Scavo están Lynette y Renée celebrando que han cobrado por uno de sus trabajos de redecoración de interiores, en aquella microempresa que tienen creada y que casi no se menciona nunca. Pero ahí están, y Tom aprovecha para ofrecerles una muy bien pagada redecoración de su despacho. Y empiezan los problemas: Tom quiere un despacho a lo Donald Trump y Lynette, que se las da de saber lo que en realidad quiere su marido, tiene otros planes a pesar de que Renée insiste en dar al cliente lo que pide. Al principio parece que accede, pero el día de la llegada de los muebles Renée descubre con sorpresa que su amiga ha acabado haciendo lo que le ha dado la gana. Pero quien ríe el último ríe mejor, y cuando Tom sale de su despacho y muestra de forma vehemente su satisfacción con el resultado, Lynette le hace a Renée una mirada de “¡chúpate esa!” para acabar descubriendo que la decoración es exactamente la que Tom había pedido.

Estaba equivocada y su amiga conoce mejor a su marido que ella misma. En este episodio Tom vuelve a echar la bronca a Lynette por intentar “caparlo”: en su trabajo es un crack, pero tiene que inspirar respeto a sus compañeros y subordinados o se le echarán al cuello a la mínima oportunidad. Volvemos a ver que Lynette no entiende ni acepta la nueva etapa de su marido, que por primera vez está en lo más alto y se siente realizado. Sí lo entiende Renée, que ya lleva mucho tiempo soltera y que sabemos que siempre ha estado enamorada de Tom. ¿Qué tiene que ver esto con lo otro? En principio no mucho, pero o le encuentran novio pronto a la quinta mujer desesperada o me huelo una pelea de gatas.

¿Quién conoce mejor a Tom: su mujer o la que lleva 20 años enamorada de él?¿Quién conoce mejor a Tom: su mujer o la que lleva 20 años enamorada de él?

Volvemos a la casa Van de Kamp para ver que la convivencia entre Bree y Gaby, después de que la segunda fuera expulsada de su casa por Carlos al ver que su mujer no hacía caso de la prohibición de ser amiga de Bree, no está siendo nada fácil. El problema de las niñas lleva a las dos mujeres a enfrentarse por ver quién de las dos es mejor madre, y es que Bree tampoco tiene un historial de niños especialmente modositos, que digamos. Pero de repente la actitud de las niñas Solís cambia y se comportan como Gaby no habría imaginado ni en sueños: recogen sus juguetes, ayudan en las tareas de la casa, no comen dulces entre horas… ¿qué ha ocurrido? Gaby intenta descubrirlo sin éxito e incluso tienta a Juanita para que deje esa actitud que en casa no tenía con ella. Al final lo descubre: Carlos ha tenido que contarle la verdad a Juanita tras ver que esta pensaba que él odiaba a su madre. Y Juanita se lo cuenta a Celia, y de repente temen a la señora Van de Kamp, que por una mala interpretación entienden que es la “asesina” de su abuela, a la que no pudieron conocer.

Milagro: Juanita obedeceMilagro: Juanita obedece

El malentendido llega al extremo de que las niñas se sienten en peligro de muerte y llaman a la policía, ¿y quién aparece? Exacto, el detective Vance, que sigue flirteando con Bree, que se deja querer, y se va convencido por Carlos de que todo ha sido un malentendido. Bree y Gaby le agradecen a Carlos que no le haya contado la verdad al policía, pero él responde de forma contundente: no lo ha hecho por Bree, sino por Andrew. El ultimátum sigue en pie: o Bree, o él. Y esta vez Bree convence a Gaby de que se vaya con su marido, puesto que no quiere sentirse responsable de que el pobre hombre por su culpa haya perdido a su madre y ahora a su esposa. Las dos amigas se despiden y acuerdan que de ahora en adelante no habrá ni siquiera llamadas. ¿Llegará Carlos a perdonar a Bree? Esperemos que sí, porque ya sabemos que queda por lo menos una temporada más y en algún momento tienen que reconciliarse.

No, si ahora que nos estaba empezando a caer bien...No, si ahora que nos estaba empezando a caer bien…

Nos queda sólo un tema en este capítulo: el envenenamiento de Paul sigue avanzando, cada vez se encuentra peor y nadie sabe por qué. Exceptuando a Felicia, claro. Mientras tanto, los Delfino se dan cuenta de que en parte gracias a la buena racha en los casinos que tuvo Susan ya no van tan mal de dinero y pueden plantearse volver a su antigua casa. Susan se muestra reticente, pero Mike la convence diciéndole que ya que está haciendo tan buenas migas con Paul se lo puede comentar, y la jugada no les podría salir peor: Paul interpreta que la amabilidad de Susan tenía como objetivo esta petición, se siente traicionado y echa a la señora Delfino de su casa, “y esta vez lo digo en serio”. Tras dar un portazo, se lleva la mano al corazón y se desploma, en el clímax del capítulo. ¿Qué pasará con él? ¿Pagará Susan el pato? ¿Se descubrirá el pastel algún día y Felicia volverá a la cárcel? ¿Acabará Renée con Tom? Vale, ya me callo…

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3
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